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Setecientas toneladas de fuel siguen en el «Prestige», pero sin posibilidad de fugas
A. AGUIRRE DE CÁRCERMADRID.
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Nunca más, ningún país del mundo podrá alegar que la recuperación del crudo de un petrolero hundido a 4.000 metros bajo el mar es una misión imposible. En una operación tecnológica sin precedentes, apoyada en robot autónomos y un sistema de extracción con lanzaderas, los técnicos de Repsol acometieron en cinco meses —de mayo a octubre pasado— la recuperación de las 13.000 toneladas de fuel que contenían los tanques del buque. Los trabajos en el lugar donde reposa el pecio han concluido oficialmente, tras una inversión de 100 millones de euros, aunque permanecen en la popa 700 toneladas que iban a eliminarse con técnicas de biorremediación.
La causa de la suspensión de esa fase final fue las adversas condiciones meteorológicas durante varios días en la zona, que ponían en riesgo no sólo los equipos técnicos sino también la integridad física de los operarios. El proyecto de biorremediación, diseñado en colaboración con la Universidad de Granada, pretendía acelerar la acción biodegradadora del fuel de las bacterias autóctonas de la zona del hundimiento. Esa operación exigía el uso de decenas de cilindros con unas 60 toneladas de nutrientes a base de nitrógeno, fósforo y potasio para su introducción, a través de un embudo, en los orificios creados para la extracción del fuel. Una vez descargado ese fertilizante, las válvulas se cierran y el pecio queda totalmente sellado de nuevo.
Esa operación de limpieza final sí pude acometerse en los tanques de proa, donde estaba concentrado la gran mayoría del fuel. Fuentes de la Oficina del Comisionado del Gobierno para las acciones derivadas de la crisis del «Prestige» señalaron ayer a ABC que no existe riesgo de fugas porque las 700 toneladas de fuel almacenadas en la popa están adheridos a las paredes de los tanques, que además están completamente sellados y sobre una formación geológica estable. «La biorremediación era la guinda del pastel. Todavía no se ha decidido sobre la posibilidad de llevarla a cabo más adelante», señalan desde la Oficina del Comisionado, donde se considera concluida con éxito la operación de neutralización del combustible. El fuel «pegado» a las paredes de los tanques de popa, que no podía eliminarse con el método de extracción con lanzaderas rígidas, terminará por desaparecer en unos treinta años por la acción natural de las bacterias, según estiman los técnicos de Repsol.
A profundidades abisales
En cualquier caso, la amenaza del «Prestige» ha quedado totalmente desactivada con un proyecto de ingeniería que servirá de guía metodológica en el futuro para futuras intervenciones de este tipo. Y es que además de la recuperación de prácticamente todo el fuel depositado a profundidades abisales, cabe destacar que el proyecto se efectuó sin incidentes medioambientales o accidentes entre los operarios. La profundidad donde quedó el buque tras partirse a 105 millas de la costa suponía la primera dificultad operativa, ya que nunca se había realizado tareas de ingeniería a esas profundidades. Hasta el momento sólo había experiencia con robots de trabajo hasta 2.500 metros bajo la superficie del mar.
Además de la situación del pecio, los científicos e ingenieros desconocían cuánto fuel quedaba en los tanques y cuál podía ser su comportamiento a las condiciones de presión y temperatura del fondo marino. Para resolver todos esos desafíos, una vez que Repsol recibió en febrero de 2003 el encargo del Gobierno, los ingenieros de esta empresa crearon un comité internacional con la participación de BP, Total, Eni, Petrobaras y Statoil. La solución finalmente elegida fue la extracción mediante bolsas lanzaderas de estructura rígida, que se acoplaban a válvulas en el casco del petrolero hundido.