La Policía Nacional ofrece un servicio de mediación pionero para que las infracciones menores las solventen los propios implicados con acuerdos que parten de ellos mismos · Funciona y supone un ahorro económico, judicial y emocional
No se trata de que sean amigos para toda la vida ni siquiera que se pidan perdón o que terminen reconciliados, sino simplemente sentar a dos personas que se han peleado y acordar una solución. Es el servicio pionero de mediación puesto en marcha desde hace más de dos años en la Jefatura Superior de la Policía Nacional de Granada, con el apoyo de la Universidad de Granada, y que está dejando muy buenos resultados. Un dato: la mayoría, por no decir el cien por cien, de los acuerdos no se fracturan.
No todos los conflictos se pueden solventar por esta vía. Caben, sobre todo, los de menor entidad como amenazas menores, daños, injurias o vejaciones. Son, fundamentalmente, peleas de índole familiar o vecinal. Eso sí, deben ser faltas, que los hechos no estén judicializados y otros requisitos como que ninguno de los implicados sea toxicómano, enfermo mental o que haya malos tratos de por medio.
Son las típicas denuncias que inundan los juzgados. La memoria del Tribunal Superior de Justicia (TSJA) del año pasado refleja que los nueve juzgados de instrucción de Granada ingresaron 13.160 juicios de faltas, es decir, cada uno de ellos recibió de media 1.462, más del doble de lo recomendado (700). Si se estima que cada vista está en 1.000 euros, pues el ahorro económico y de horas de trabajo puede ser cuantioso.
A ello hay que añadir el dinero que se reserva el ciudadano en las minutas de los abogados. Eso en el aspecto económico, luego está el coste emocional. Por ejemplo de tener que pasar por un juzgado y por una vista.
El proceso se inicia cuando alguno de los afectados pretende denunciar los hechos. Si la Policía Nacional ve que en el caso se podría mediar, se le informa. Esta situación hay que encuadrarla antes de la denuncia policial, aunque no tapona la vía judicial. Es decir, que si la mediación no prospera o se rompe, decidirá el juez con el procedimiento normal. Es gratuito y si ambas partes aceptan, se las convoca y arranca el proceso.
Es fundamental la voluntariedad del ciudadano. «De lo que se trata es de restablecer la comunicación, muchos de los conflictos se producen por una ruptura de comunicación. No se trata de restablecer lazos matrimoniales o de amistad, solo la comunicación», explicó el inspector de la Policía Nacional y uno de los coordinadores de esta iniciativa, José Cano.
Muchos de los ciudadanos se sorprenden cuando se topan con este servicio, que aún no se conoce lo suficiente. «La acogida es muy buena porque no se espera que la Policía esté en estos casos, siempre se la relaciona con la investigación o la represión. La gente se entusiasma con la idea». A Cano también le entusiasma. «Ahora es una experiencia, pero la ilusión es que dentro de un futuro cercano se pueda hacer como un servicio dentro de la Policía. Nuestra ambición es que las comisarías además de investigar y reprimir el delito se conviertan en un espacio de encuentro para solucionar sus conflictos en un plano de igualdad».
El papel del mediador no es el de proponer la solución al conflicto, sino de canalizarla. Es una especie de conductor. «Son ellos los que tienen que llegar a ella. Estos acuerdos son más duraderos porque parten de ellos». Si las negociaciones llegan a buen puerto, ambas partes firman un documento en el que viene reflejado a lo que se comprometen. Luego hay un seguimiento.
Habitualmente, los agentes policiales median informalmente en sus actuaciones diarias. Ponen paz momentánea, aunque si no se profundiza con una mediación más seria y con más tiempo se reproducirá casi con toda seguridad y terminará en una denuncia. Es una justicia más restitutiva. «Lo primero es restablecer la comunicación. Saber lo que pide la otra parte y que la otra parte sepa qué necesito yo. A partir de ahí, se pueden alcanzar acuerdos. No se trata de pedir perdón y de que una parte se pueda sentir más humillada o ultrajada. A nadie se le estigmatiza. No tiene nada que ver con la conciliación o el arbitraje porque no se impone nada».
El jefe superior de Policía de Andalucía Oriental, Francisco Arrebola, respaldó este tipo de iniciativas en la entrega de diplomas de unas jornadas formativas que se desarrollaron en colaboración con la Universidad de Granada (UGR), que firmó con el Ministerio del Interior un convenio para poner en práctica este tipo de mediación. «Apoyo toda la innovación, pero con cordura. Soy de los que piensa que la rutina va matando y que por eso hay que hacer algo más. Apoyo la mediación porque la justicia cuando no es inmediata no es justicia».
Recordó que cuando conoció la mediación y sus ventajas fue en Mataró. Por aquel tiempo era muy novedoso. Animó a los agentes a que apuesten por esta mediación «con solemnidad. Nos hacemos más creíbles así. Es una puesta en escena y la sociedad necesita de esa liturgia. Haciendo cosas nuevas, vamos dando pasitos».
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