Investigan el encierro de jóvenes ‘antibolonia’ en Trabajo y piden la declaración de dos imputados

El Juzgado de Instrucción 7 de Granada investiga el encierro de una veintena de jóvenes ‘antibolonia’ que permanecieron durante tres semanas en un aula de la Facultad de Ciencias del Trabajo el pasado mes de junio de 2008, y ha enviado un exhorto a dos de los imputados para que declaren al respecto, informaron a Europa Press fuentes judiciales.

Los jóvenes llegaron durante esos días a agredir verbalmente al decano de la facultad, Antonio Delgado –al que arrojaron además una tarta–, y al propio rector de la Universidad de Granada, Francisco González Lodeiro, que tuvo que intervenir para que los estudiantes abandonaran el centro, transmitiéndoles su intención de adoptar medidas «contundentes» como el desalojo si persistía la situación.

El asunto fue llevado por la institución académica a la Fiscalía y, aunque en un primer momento la investigación fue sobreseída, las diligencias fueron reabiertas con posterioridad, fruto de las cuales el Juzgado mencionado prosigue con la instrucción del caso.

El encierro provocó una situación de insalubridad en el aula ‘okupada’, donde los jóvenes ‘antibolonia’ convivieron con sus perros y enseres, como colchones, ollas y sacos de dormir. Por ello, la facultad procedió a la desinfección y desinsectación del lugar, ya que los trabajadores del centro llegaron a quejarse de haber padecido picaduras de pulgas.

Los jóvenes decidieron abandonar voluntariamente el centro después de entrevistarse con el rector y tras alcanzar un acuerdo con el equipo de gobierno de la facultad, que les cedería un aula alternativa a las actividades docentes. No recogieron sin embargo sus pertenencias como se comprometieron e incluso se volvieron a concentrar en el aula, a pesar de que ya tenían un espacio a su disposición.

Finalmente solicitaron el certificado que acreditaba la existencia de pulgas en el recinto y permanecieron en la clase hasta la noche, cuando decidieron en presencia del decano abandonarla. Fue entonces, el pasado 3 de junio de 2008, cuando procedieron a retirar sus cosas, tras lo que la facultad desinfectó el aula, que permaneció cerrada hasta que las sustancias utilizadas no supusieron un riesgo para la salud.

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Investigan el encierro de jóvenes ‘antibolonia’ en la Facultad de Trabajo de Granada

El Juzgado de Instrucción 7 de Granada investiga el encierro de una veintena de jóvenes ‘antibolonia’ que permanecieron durante tres semanas en un aula de la Facultad de Ciencias del Trabajo el pasado mes de junio de 2008, y ha enviado un exhorto a dos de los imputados para que declaren al respecto, informaron fuentes judiciales.

Los jóvenes llegaron durante esos días a agredir verbalmente al decano de la facultad, Antonio Delgado -al que arrojaron además una tarta-, y al propio rector de la Universidad de Granada, Francisco González Lodeiro, que tuvo que intervenir para que los estudiantes abandonaran el centro, transmitiéndoles su intención de adoptar medidas «contundentes» como el desalojo si persistía la situación.

El asunto fue llevado por la institución académica a la Fiscalía y, aunque en un primer momento la investigación fue sobreseída, las diligencias fueron reabiertas con posterioridad, fruto de las cuales el Juzgado mencionado prosigue con la instrucción del caso.

El encierro provocó una situación de insalubridad en el aula ‘okupada’, donde los jóvenes ‘antibolonia’ convivieron con sus perros y enseres, como colchones, ollas y sacos de dormir. Por ello, la facultad procedió a la desinfección y desinsectación del lugar, ya que los trabajadores del centro llegaron a quejarse de haber padecido picaduras de pulgas.

Los jóvenes decidieron abandonar voluntariamente el centro después de entrevistarse con el rector y tras alcanzar un acuerdo con el equipo de gobierno de la facultad, que les cedería un aula alternativa a las actividades docentes. No recogieron sin embargo sus pertenencias como se comprometieron e incluso se volvieron a concentrar en el aula, a pesar de que ya tenían un espacio a su disposición.

Finalmente solicitaron el certificado que acreditaba la existencia de pulgas en el recinto y permanecieron en la clase hasta la noche, cuando decidieron en presencia del decano abandonarla. Fue entonces, el pasado 3 de junio de 2008, cuando procedieron a retirar sus cosas, tras lo que la facultad desinfectó el aula, que permaneció cerrada hasta que las sustancias utilizadas no supusieron un riesgo para la salud.

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Investigan el encierro de jóvenes ‘antibolonia’ en Trabajo y piden la declaración de dos imputados

El Juzgado de Instrucción 7 de Granada investiga el encierro de una veintena de jóvenes ‘antibolonia’ que permanecieron durante tres semanas en un aula de la Facultad de Ciencias del Trabajo el pasado mes de junio de 2008, y ha enviado un exhorto a dos de los imputados para que declaren al respecto, informaron fuentes judiciales.

Los jóvenes llegaron durante esos días a agredir verbalmente al decano de la facultad, Antonio Delgado –al que arrojaron además una tarta–, y al propio rector de la Universidad de Granada, Francisco González Lodeiro, que tuvo que intervenir para que los estudiantes abandonaran el centro, transmitiéndoles su intención de adoptar medidas «contundentes» como el desalojo si persistía la situación.

El asunto fue llevado por la institución académica a la Fiscalía y, aunque en un primer momento la investigación fue sobreseída, las diligencias fueron reabiertas con posterioridad, fruto de las cuales el Juzgado mencionado prosigue con la instrucción del caso.

El encierro provocó una situación de insalubridad en el aula ‘okupada’, donde los jóvenes ‘antibolonia’ convivieron con sus perros y enseres, como colchones, ollas y sacos de dormir. Por ello, la facultad procedió a la desinfección y desinsectación del lugar, ya que los trabajadores del centro llegaron a quejarse de haber padecido picaduras de pulgas.

Los jóvenes decidieron abandonar voluntariamente el centro después de entrevistarse con el rector y tras alcanzar un acuerdo con el equipo de gobierno de la facultad, que les cedería un aula alternativa a las actividades docentes. No recogieron sin embargo sus pertenencias como se comprometieron e incluso se volvieron a concentrar en el aula, a pesar de que ya tenían un espacio a su disposición.

Finalmente solicitaron el certificado que acreditaba la existencia de pulgas en el recinto y permanecieron en la clase hasta la noche, cuando decidieron en presencia del decano abandonarla. Fue entonces, el pasado 3 de junio de 2008, cuando procedieron a retirar sus cosas, tras lo que la facultad desinfectó el aula, que permaneció cerrada hasta que las sustancias utilizadas no supusieron un riesgo para la salud.

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Investigan el encierro de jóvenes ´antibolonia´ en 2008

El Juzgado de Instrucción 7 de Granada investiga el encierro de una veintena de jóvenes ‘antibolonia’ que permanecieron durante tres semanas en un aula de la Facultad de Ciencias del Trabajo el pasado mes de junio de 2008, y ha enviado un exhorto a dos de los imputados para que declaren al respecto, informaron fuentes judiciales.

Los jóvenes llegaron durante esos días a agredir verbalmente al decano de la facultad, Antonio Delgado –al que arrojaron además una tarta–, y al propio rector de la Universidad de Granada, Francisco González Lodeiro, que tuvo que intervenir para que los estudiantes abandonaran el centro, transmitiéndoles su intención de adoptar medidas «contundentes» como el desalojo si persistía la situación.

El asunto fue llevado por la institución académica a la Fiscalía y, aunque en un primer momento la investigación fue sobreseída, las diligencias fueron reabiertas con posterioridad, fruto de las cuales el Juzgado mencionado prosigue con la instrucción del caso.

El encierro provocó una situación de insalubridad en el aula ‘okupada’, donde los jóvenes ‘antibolonia’ convivieron con sus perros y enseres, como colchones, ollas y sacos de dormir. Por ello, la facultad procedió a la desinfección y desinsectación del lugar, ya que los trabajadores del centro llegaron a quejarse de haber padecido picaduras de pulgas.

Los jóvenes decidieron abandonar voluntariamente el centro después de entrevistarse con el rector y tras alcanzar un acuerdo con el equipo de gobierno de la facultad, que les cedería un aula alternativa a las actividades docentes. No recogieron sin embargo sus pertenencias como se comprometieron e incluso se volvieron a concentrar en el aula, a pesar de que ya tenían un espacio a su disposición.

Finalmente solicitaron el certificado que acreditaba la existencia de pulgas en el recinto y permanecieron en la clase hasta la noche, cuando decidieron en presencia del decano abandonarla. Fue entonces, el 3 de junio de 2008, cuando procedieron a retirar sus cosas, tras lo que la facultad desinfectó el aula, que permaneció cerrada hasta que las sustancias utilizadas no supusieron un riesgo para la salud.

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La Universidad de Granada (UGR) eliminará 340 materias de libre configuración de su oferta

Llegan recortes a la Universidad de Granada (UGR) en forma de asignaturas. La culpa es del Plan Bolonia, que obliga a que se caiga la libre configuración específica de la ordenación académica, lo que llevará a la desaparición de unas 340 asignaturas que se pueden cursar en la actualidad y que «no tienen cabida» en los nuevos planes de estudio. El Vicerrector de Ordenación Académica y Profesorado, Luis Miguel Jiménez del Barco, remitirá a los centros una propuesta para disminuir la oferta de estas asignaturas.

El recorte será progresivo, de forma que la intención es que el próximo curso afecte a un 25% y así paulatinamente hasta llegar en los próximos cuatro años al 100%. Un periodo en el que se implantarán los nuevos grados europeos para que en el curso 2010/2011 se ofrezcan los primeros títulos europeos con una duración de cuatro años, que contarán con «pocas» asignaturas de libre configuración.

Del Barco tiene claro que la decisión no afectará al número de profesores: «Esta ordenación docente no computa a efectos de contrataciones», manifestó, al tiempo que añadió que estas ofertas se hacían en los departamentos en los que «había recursos humanos suficientes como para poder impartir esas clases». Según el vicerrector, los estudiantes que están cursando ahora sus licenciaturas y diplomaturas tendrán el tiempo suficiente la oferta de libre configuración, aunque disminuya progresivamente, para poder completar los créditos que necesitan en sus actuales planes de estudio.

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El viaje del joven Darwin

El Parque de las Ciencias de Granada ha inaugurado La evolución de Darwin, una gran exposición coproducida con el Museo de Historia Natural de Nueva York y que ocupa más de 1.500 metros cuadrados. «Se trata de una exposición para todos los públicos presentada con todo el rigor para que puedan disfrutar de ella desde un investigador a alguien totalmente ajeno a la obra del científico inglés, que representa el rigor, la tenacidad y la capacidad para comunicar la ciencia», explicó durante la inauguración el director del parque, Ernesto Páramo.

La exposición comienza con una recreación del Gabinete de Curiosidades de Ole Worm, uno de los más famosos de finales del siglo XVII. A través de esta primera sala el visitante se adentra en la sociedad que precedió a Darwin. En este primer espacio pueden verse pliegos de herbarios y libros de botánica, cartas manuscritas, facsímiles, animales naturalizados y otros objetos que muestran el interés de la época por coleccionar y por conocer la diversidad del universo.

Es en este contexto en el que surge la necesidad de clasificar plantas y animales y cuando Linneo establece los nuevos sistemas de clasificación en su Sistema Naturae. En la exposición se muestra la edición original de la obra, una pieza de valor incalculable para la historia de la ciencia y para el posterior trabajo de colección y clasificación de especies que realizó Darwin. El final de la primera sala muestra otro de los grandes descubrimientos de la época: la Tierra era más antigua de lo que se pensaba, por lo que se hacía imposible que las especies hubieran permanecido inalterables desde su creación.

La segunda parte de la exposición tiene como protagonista un viaje crucial, la aventura que con 22 años inició el joven Darwin, que recorrió el mundo durante cinco años. De su ruta se muestran diferentes escenografías además de dos ejemplares de suricatas (mamíferos semejantes a las mangostas), dos iguanas y un terrario de saltarines (peces del fango), además de muestras de la flora y la fauna de las Islas Galápagos y de Argentina.

Fue John Stevens Henslow, amigo y mentor de Darwin, quien convenció al capitán Robert Fitzry para que el joven pudiera embarcar en el Beagle como naturista sin retribución. Su padre se opuso al principio al viaje, pero finalmente cedió gracias a la insistencia de su tío. Las cartas enviadas por su tío a su padre pueden leerse en la muestra.

Tras regresar a Inglaterra, Darwin ideó la hipótesis de que las especies habían evolucionado de un ancestro común y que el mecanismo que regulaba la evolución era la selección natural. Una de las áreas de la exposición se ha transformado en la casa victoriana de Londres en la que el investigador maduró sus ideas. En ella pueden verse algunos de sus objetos personales, libros y un facsímil de su cuaderno de notas sobre el matrimonio. En 1859, tras un largo proceso de trabajo, publica El origen de las especies, poniéndose en el centro de acalorados debates.

Por último, la exposición, que también ha contado con la colaboración de la Universidad de Granada y de la Fundación Gulbenkian de Portugal, analiza la evolución después de Darwin, los diferentes caminos que tomó la ciencia a raíz de su importante aportación.

Hasta el siglo XX no pudo resolverse el mayor enigma científico de Darwin, el mecanismo de la herencia. Para hacer más comprensible este descubrimiento, la exposición reproduce el experimento de los guisantes de Mendel con plantas vivas y se presenta la cadena de ADN con un módulo interactivo con forma de tobogán ideado especialmente para los niños.

La última sala, titulada La herencia de Darwin, muestra un árbol de la vida que no deja de crecer y explica cómo el estudio comparativo del material genético ha permitido establecer las relaciones entre los seres vivos. Además, se explican los diferentes proyectos en los que los científicos trabajan en la actualidad y sus posibles avances.

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Pan de cada día

EL olor de la ropa tendida, oreada al sol, y el del pan recién hecho: nada conozco, junto al buen vino, que funda mejor lo dado por la naturaleza y lo hecho por las manos del hombre. Ese universo de azoteas, tejas, cales y jaramagos a los que subíamos para recoger la ropa tendida, blanquiazules de añiles las sábanas y las camisas empapadas de sol, que al apretarse contra la cara olían a jabón recio, a aire puro y frío de mañana de invierno y a luz. Porque la ropa recién quitada de los tendederos huele a luz como el pan recién hecho huele a casa, a familia, a abrazos, a memorias y a reencuentros; a lo verdaderamente esencial y primero.

Olor a pan llenando las panaderías de paredes de azulejos, mostradores de mármol y cestos forrados de limpias telas blancas. Olor a pan saliendo de las talegas tibias en que lo llevábamos a casa sin poder resistirnos a pellizcar los picos de los bollos calientes. Olor a pan en las panaderías mías de Lobo en Regina, de calle Alcázares, de San Isidoro, de Dolorcitas la de la esquina de Rodrigo Caro, del Horno de Santa Cruz -azulejos, patio, plantas-, de San Buenaventura y de Las Doncellas. Crujido parisino de baguette con mantequilla fría, apretada miga del pan redondo almonteño de los veranos, quebrarse de las regañás de Las Doncellas, recias entrañas de las teleras que, cubiertas por un paño blanco, duraban los tres o cuatro días que se tardaba en volver a amasar y hornear o que volviera a pasar por las aldeas y los chalés el panadero que lo llevaba en angarillas a lomos de mulo. Panes en la mesa de La lechera de Vermeer y en la de San Hugo en el refectorio de los cartujos de Zurbarán, panes recios de los bodegones de Luis Meléndez y, sobre todo, pan místico y solo de La cesta del pan de Zurbarán.

Porque quiero seguir oliendo a pan caliente y viendo bodegones de Meléndez y Zurbarán sobre mi mesa. Porque deseo que viva muchos años -y yo que lo vea, lo huela y lo coma- la panadería Las Doncellas de Santa María la Blanca. Porque menos ella y San Buenaventura ya no existe ninguna de las que antes recordaba, me sumo a la campaña Pan de cada día que por tercer año consecutivo han puesto en marcha la interprofesional agroalimentaria Incerhpan y el Comité Científico del Pan -formado por investigadores de la Universidad de Granada y las Palmas de Gran Canaria, Complutense, Instituto Carlos III y Consejo Superior de Investigaciones Científicas- para que la irracionalidad dietética no arramble con el alimento primero a base de esa mezcla de leyendas urbanas e informaciones seudocientíficas que hoy tanto abundan y engañan.

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Pan de cada día

EL olor de la ropa tendida, oreada al sol, y el del pan recién hecho: nada conozco, junto al buen vino, que funda mejor lo dado por la naturaleza y lo hecho por las manos del hombre. Ese universo de azoteas, tejas, cales y jaramagos a los que subíamos para recoger la ropa tendida, blanquiazules de añiles las sábanas y las camisas empapadas de sol, que al apretarse contra la cara olían a jabón recio, a aire puro y frío de mañana de invierno y a luz. Porque la ropa recién quitada de los tendederos huele a luz como el pan recién hecho huele a casa, a familia, a abrazos, a memorias y a reencuentros; a lo verdaderamente esencial y primero.

Olor a pan llenando las panaderías de paredes de azulejos, mostradores de mármol y cestos forrados de limpias telas blancas. Olor a pan saliendo de las talegas tibias en que lo llevábamos a casa sin poder resistirnos a pellizcar los picos de los bollos calientes. Olor a pan en las panaderías mías de Lobo en Regina, de calle Alcázares, de San Isidoro, de Dolorcitas la de la esquina de Rodrigo Caro, del Horno de Santa Cruz -azulejos, patio, plantas-, de San Buenaventura y de Las Doncellas. Crujido parisino de baguette con mantequilla fría, apretada miga del pan redondo almonteño de los veranos, quebrarse de las regañás de Las Doncellas, recias entrañas de las teleras que, cubiertas por un paño blanco, duraban los tres o cuatro días que se tardaba en volver a amasar y hornear o que volviera a pasar por las aldeas y los chalés el panadero que lo llevaba en angarillas a lomos de mulo. Panes en la mesa de «La lechera» de Vermeer y en la de «San Hugo en el refectorio de los cartujos» de Zurbarán, panes recios de los bodegones de Luis Meléndez y, sobre todo, pan místico y solo de «La cesta del pan» de Zurbarán.

Porque quiero seguir oliendo a pan caliente y viendo bodegones de Meléndez y Zurbarán sobre mi mesa. Porque deseo que viva muchos años -y yo que lo vea, lo huela y lo coma- la panadería Las Doncellas de Santa María la Blanca. Porque menos ella y San Buenaventura ya no existe ninguna de las que antes recordaba, me sumo a la campaña «Pan de cada día» que por tercer año consecutivo han puesto en marcha la interprofesional agroalimentaria Incerhpan y el Comité Científico del Pan -formado por investigadores de la Universidad de Granada y las Palmas de Gran Canaria, Complutense, Instituto Carlos III y Consejo Superior de Investigaciones Científicas- para que la irracionalidad dietética no arramble con el alimento primero a base de esa mezcla de leyendas urbanas e informaciones seudocientíficas que hoy tanto abundan y engañan.

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Una ‘selectividad’ para los de 25 y Lengua para los 45 años

Los mayores de 40 años pueden consultar la puntuación que les darán en la web de la UGR

La cita para examinar a los mayores de 25 y de 45 años es el próximo 16 de abril, a las 16:30 en el edificio Politécnico del Campus de Fuentenueva. Los exámenes, con una duración de una hora cada uno y descansos de media hora, se celebrarán en dos días: el 16 y el 17 de abril.

El primero tendrá lugar el viernes 16 a las 17:00 horas, con Comentario de Texto; a las 18:30 le tocará el turno a Lengua Castellana; y el último será la traducción de un texto en Lengua Extranjera, a las 20:00. Y el sábado 17 la cita es a las 8:30 de la mañana, día en el que se examinarán según la especialidad que vayan a escoger, con las dos materias simultáneamente, desde las 9:00 hasta las 12:00 del mediodía.

Los mayores de 25 años son los que más exámenes deberán realizar, un total de cinco (las tres comunes y dos optativas), mientras que los de mayores de 45 años sólo tienen que enfrentarse a dos pruebas (Comentario de Texto y Lengua Castellana).

«Son vías distintas de acceso -explica el coordinador de CReCES, Ceferino Ruiz-, la de mayores de 25 años era la única que existía hasta que, en 2008, se elaboró un nuevo decreto en el que se recogían dos más: de 40 y 45».

En cambio, los que quieran obtener un título acorde a la experiencia deberán optar por la vía Mayores de 40, que no precisa pruebas alguna. Sólo con la acreditación de la Seguridad Social y una entrevista personal podrán acceder a la Universidad. Eso sí, sólo podrán acceder a una carrera vinculada a su trayectoria.

En hostelería, un pinche de cocina, cocinero, camarero, metre o el director de un hotel, entre otros, puede optar a una carrera que se parezca a lo que han hecho, como por ejemplo Turismo. Según la experiencia laboral que tengan, se acreditará el nivel 1 (menos formación), el nivel 2 (medio) o el nivel 3 (máxima formación). Si obtienen una puntuación suficiente (consultar en el serviciodealumnos.ugr.es, en el apartado de acceso), pasarán a la fase siguiente, consistente en una entrevista personal que tendrá lugar del 1 al 5 de mayo. «Es la fórmula escogida para determinar si estos aspirantes tienen capacidad para cursar estudios universitarios», dice Ruiz. En la Universidad de Granada están a la espera de conocer el número total de aspirantes para cada una de las tres vías de acceso, aunque saben que este año, con el azote de la crisis económica, ha crecido el interés por formarse en cualquiera de los tramos de edad establecidos. «Esperamos superar con creces los 500 candidatos», concluye Ruiz.

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Volver a las aulas pasados los 40

«Señora, ¿qué es un nombre?», preguntaba esta semana el catedrático de Lengua Castellana Emilio J. García Wiedemann a una mujer que estaba apretujada en una de las 180 bancas del aula de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada. Sin duda, la institución no había previsto la avalancha de gente que este año ha decidido cambiar de vida de una vez por todas y presentarse a la única prueba de acceso para mayores que organiza la UGR.

Más de 200 personas acudieron el miércoles al seminario de orientación de Lengua Castellana, una de las tres materias comunes de las que tendrán que examinarse el 16 de abril. Aunque todos son mayores de 25 años, por primera vez se han establecido tres tramos para la prueba de acceso a la Universidad: mayores de 25, de 40 y de 45 años. Y cada categoría tendrá una prueba diferente.

Hoy se abre el plazo de inscripción (hasta el viernes 26 de marzo) para los mayores que deseen entrar el próximo curso en la Universidad. Una oportunidad que sólo se presenta una vez al año.

El año pasado fueron 492 los aspirantes que realizaron las pruebas de acceso para mayores de 25 años, de los cuales aprobaron un 68% (335 en total).

Tras un decreto hecho público en 2008 se concretó con dos pruebas más los tramos de edad de esta población al entenderse que la formación de los aspirantes a partir de los 40 es muy distinta.

Es el caso de María del Carmen González, que se prepara para la prueba de acceso para mayores de 45 años. Es auxiliar de enfermería y quiere cursar el título de Enfermería o de Asistente Social. «Tengo ganas de promocionarme -dice González-. Hace años, con los niños, no tuve tiempo para estudiar una carrera, pero ahora que son mayores he decidido intentarlo». Esta inquietud es la que moviliza a la mayor parte de los mayores, pero son muchos los que se encuentran en tierra de nadie. No tienen la selectividad, tampoco un título de Formación Profesional de ciclo superior y la necesidad apremia más para un colectivo que es descartado sistemáticamente de las pocas ofertas de trabajo que circulan hoy en día. Hay que darles más facilidades y en este tipo de pruebas se ha recogido esta premisa. En vez de cinco exámenes como los que tienen que cursar los mayores de 25 años, los de 45 sólo tendrán que examinarse de dos, las comunes.

«A la prueba de mayores de 45 años sólo pueden optar los que no tienen ninguna otra vía de acceso a la Universidad», advierte el coordinador de las pruebas en la UGR, Ceferino Ruiz.

El otro tramo de edad que se introduce por primera vez es el de mayores de 40 años, que permite cursar una carrera acorde a la experiencia laboral desempeñada y que sólo necesita una acreditación de la Seguridad Social (1,25 puntos por cada año de trabajo) y superar una entrevista. El plazo para presentar las solicitudes será el mismo que el resto de convocados, del 22 al 26 de marzo.

Estas convocatorias suponen una buena oportunidad para que los inmigrantes asentados en la provincia puedan adquirir una formación superior. Es el caso de María Magdalena, una misionera keniana de la compañía Cristo Sacerdote que lleva unos años viviendo en España y aspira a cursar Magisterio. «Cuando cumplí 18 años no pude hacer la carrera porque otros hermanos iban antes que yo y mi familia no tenía dinero para formarnos a todos», dice. O el caso de Lucía que llegó hace ya siete años a Granada y regenta un restaurante con su marido pero desea sacarse el grado de Economía.

La mayoría de los adultos que están a la espera de dar el salto a la Universidad por primera vez en su vida están preparándose las pruebas con algún tipo de ayuda. Bien una academia o un profesor particular. Es el caso de José, que espera conseguir una de las 5 ó 6 plazas que hay guardadas para el cupo de mayores de 25 años en Fisioterapia, una de las carreras con mayor nota de corte en Granada. Él ha optado por un profesor particular para las materias más duras y está convencido de aprobar. Cada cupo tiene entre un 1% y un 3% de plazas reservadas en cada carrera, lo que significa que en muchas de ellas sólo entrarán los que mejor nota saquen en los exámenes.

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Un juzgado reabre el caso de los ‘antibolonia’ que se encerraron en Ciencias del Trabajo

El Juzgado de Instrucción 7 de Granada ha reabierto la investigación sobre el encierro protagonizado hace casi dos años por una veintena de jóvenes que permanecieron durante tres semanas en un aula de la Facultad de Ciencias del Trabajo.

Lo hicieron en junio de 2008 para protestar por el nuevo plan europeo de estudios universitarios -llamado Plan Bolonia- y ha enviado un exhorto a dos de los imputados para que declaren.

Los jóvenes llegaron durante esos días a agredir verbalmente al decano de la Facultad, Antonio Delgado -al que arrojaron además una tarta-, y al rector de la Universidad de Granada, Francisco González Lodeiro, que intervino para que los estudiantes abandonaran el centro, transmitiéndoles su intención de adoptar medidas «contundentes», como el desalojo, si persistía la situación.

El asunto fue llevado por la institución académica a la Fiscalía y, aunque en un primer momento la investigación fue sobreseída, las diligencias fueron reabiertas con posterioridad, fruto de las cuales el Juzgado mencionado prosigue con la instrucción del caso.

El encierro provocó una situación de insalubridad en el aula okupada, donde los jóvenes convivieron con sus perros y enseres, como colchones, ollas y sacos de dormir. Por ello, la Facultad procedió a la desinfección y desinsectación del lugar, ya que los trabajadores del centro llegaron a quejarse de haber padecido picaduras de pulgas.

Los jóvenes terminaron por abandonar voluntariamente el centro después de entrevistarse con el rector y tras alcanzar un acuerdo con el equipo de gobierno de la Facultad, que les cedería un aula alternativa a las actividades docentes. No recogieron sin embargo sus pertenencias, pese a que se comprometieron, e incluso se volvieron a concentrar en el aula, aunque ya tenían un espacio a su disposición. Finalmente solicitaron el certificado que acreditaba la existencia de pulgas en el recinto y permanecieron en la clase hasta la noche, cuando decidieron, en presencia del decano, abandonarla.

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Alquimia por los infartados del mañana

Cogen un pellizco de un par de milímetros del corazón de un paciente, lo unen a células madre de la grasa abdominal de otro y como si de una alquimia milagrosa se tratara obtienen células con características cardiacas. Una investigación del Hospital Clínico y la Universidad de Granada ha demostrado que con este procedimiento se pueden crear en laboratorio células con las características del corazón y que la técnica es segura. La pregunta es: ¿servirán para curar?

El interrogante aún no tiene respuesta, pero un puñado de investigadores está trabajando en ello. «El objetivo no es generar conocimiento teórico. Lo que interesa es que millones de infartos se puedan recuperar», explica el coordinador de investigación del área del corazón del Clínico y uno de los participantes en el estudio, Manuel Jiménez.

De momento, los investigadores han logrado crear grupos aislados de células, pero tienen que conseguir millones para que sirvan para reparar las lesiones ocasionadas por la insuficiencia cardiaca o el infarto. Pese a que la investigación es aún muy inicial, sospechan que van por buen camino porque con una técnica similar en el área de traumatología ya se logra regenerar cartílagos de la rodilla.

La investigación es posible gracias a la colaboración entre distintos centros y diferentes especialidades. Jiménez advierte que no deben esperarse resultados inmediatos. «No va a ser el pelotazo para las próximas elecciones», dice con ironía en defensa de una investigación al margen de intereses políticos. Es una labor por los enfermos del futuro.

¿Y por qué con células madre de la grasa? Porque éstas tienen capacidad de regeneración y son muy accesibles: están en ese indeseable tejido adiposo que se suele acumular en el abdomen.

El problema es que investigar en medicina reparativa no es fácil porque sólo se sustenta con fondos públicos. La industria farmacéutica no invierte en un campo en el que no obtendría réditos económicos porque no habría un fármaco que comercializar. Si finalmente se demuestra que la técnica es eficaz, se trataría de un medicamento biológico hecho con grasa de un paciente y un minúsculo trocito del corazón de otro. Es lo que se llama investigación huérfana.

Por eso, Jiménez defiende que se regule la financiación privada de la investigación de modo que se establezcan beneficios fiscales a las empresas que contribuyan a estos proyectos. Y también reclama que se premie en los baremos a los investigadores para que se incentiven estas iniciativas que ponen los cimientos de la medicina del mañana. Como anécdota recuerda el caso de un paciente que quedó tan agradecido por la atención recibida en el hospital que donó 24.000 euros. Aquel dinero permitió prorrogar el contrato de un investigador. Fue su forma de contribuir a una alquimia de la que quizás dependa nuestra asistencia cuando lleguemos a viejos.

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