Pág. 3: La Universidad, entre las mejores
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74757 El 93,6% de los hombres y el 96,6% de las mujeres que fallecieron entre 2007 y 2011 en España por mesotelioma pleural atribuible a exposición laboral al amianto no han sido reconocidos por la Seguridad Social. Sólo el 6,4% de los hombres y el 4,4% de las mujeres lo han sido. Además, la tasa de infra-registro de los fallecidos por cáncer de bronquio y pulmón atribuibles a exposición laboral al amianto es del 98,8%.
Sinc.- En el estudio, publicado en la revista International Journal of Occupational and Environmental Health, los investigadores de la Universidad de Granada (UGR) y del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, ha analizado todos los casos de cáncer relacionados con el amianto y reconocidos por el Instituto Nacional de la Seguridad Social como enfermedades profesionales en España entre 1978 y 2011.
Entre 1978 y 2011 se reconocieron tan sólo 164 cánceres de este tipo. / UGR
Los investigadores comprobaron que entre 1978 y 2011 se reconocieron tan sólo 164 cánceres de este tipo, con una tasa media anual del 0,08 por 100.000 empleados (0,13 en los varones y 0,002 en mujeres), lo que supone un sub-reconocimiento en comparación con otros países de la Unión Europea como Noruega (7,32 casos reconocidos por cada 100.000 empleados).
El trabajo pone de manifiesto «el absoluto infra-reconocimiento de los cánceres del amianto en nuestro país, lo que está provocando una situación socialmente muy injusta para las víctimas», dice Alfredo Menéndez Navarro, catedrático de Historia de la Ciencia de la UGR y uno de los autores del trabajo. Según el investigador, este infra-reconocimiento contribuye a invisibilizar públicamente la carga de enfermedad y muerte causada por el uso del amianto en España.
Más de 200 muertes cada año por el amianto
El amianto, también conocido como asbesto, es un conjunto de minerales fibrosos, con cualidades ignífugas, que fue muy empleado en la construcción y en numerosos procesos industriales en España entre las décadas de los ’60 y los ’90 del siglo XX. Entre 1906 y 2002 se importaron en nuestro país más de 2,5 millones de toneladas de este mineral.
Su comercialización y uso están prohibidos desde 2002 por tratarse de un agente cancerígeno que está presente en miles de edificios, tuberías y tejados. No obstante, más de 200 personas fallecen cada año en España por mesoteliomas pleurales provocados por las exposiciones ocupacionales a este material en el pasado. A ellas hay que sumar una cifra superior de fallecidos por carcinomas broncopulmonares y otros tumores provocados por la inhalación de fibras de amianto.
74859 Un estudio desarrollado por científicos españoles relaciona los niveles de contaminantes que una persona acumula en el cuerpo con su grado de obesidad y concluye que estos individuos presentan además mayores niveles de colesterol y triglicéridos.
El estudio científico, en el que han participado investigadores de la Universidad de Granada y de los hospitales universitarios granadinos, ha corroborado que existe una relación entre los niveles de ciertos contaminantes ambientales que una persona acumula en su cuerpo y su grado de obesidad.
La investigación, que ha publicado la prestigiosa revista Environmental Pollution, ha analizado los niveles de contaminantes acumulados en la grasa de cerca de 300 hombres y mujeres, pacientes que han sido intervenidos en los servicios de cirugía de los dos hospitales granadinos.
El estudio ha analizado sustancias conocidas como contaminantes orgánicos persistentes (COPs), que tienen la particularidad de que pueden permanecer en el medioambiente durante años, incluso décadas, sin degradarse.
«Los seres humanos estamos expuestos a COPs principalmente a través de la dieta. Se acumulan progresivamente en la grasa corporal, por lo que los niveles medidos en nuestro trabajo nos dan una idea de la exposición acumulada de una persona a lo largo de varios años», ha explicado el autor principal del artículo, Juan Pedro Arrebola.
Con modelos estadísticos complejos, los científicos han comprobado que los niveles acumulados de estos contaminantes se asocian con la obesidad y con los niveles séricos de colesterol y triglicéridos de las personas, independientemente del sexo, edad, lugar de residencia o al hábito al tabaco de los participantes. «En general, encontramos que las personas con mayores niveles de COPs eran cuantitativamente más obesas, y además presentaban mayores niveles de colesterol y triglicéridos», ha explicado Arrebola.
Entre los contaminantes estudiados se encuentra uno derivado de un pesticida utilizado en los años ochenta y actualmente empleados para combatir el paludismo y la malaria, junto a un insecticida usado en el pasad en medicamentos contra piojos y sarna y para algunos cultivos.
Estos contaminantes, junto a otros que se usan en equipos industriales, se han asociado con los índices de obesidad y de colesterol y triglicéridos.
El estudio ha apuntado además que aunque el uso de estos productos está «muy restringido en la actualidad», el 100 % de los participantes en la investigación presentaron niveles detectables de uno o más de estos compuestos, con una afección a la salud. Arrebola ha apuntado además que existen evidencias de que la exposición a estos contaminantes podría favorecer el crecimiento y proliferación de células de grasa.
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74859 Un equipo de científicos españoles, entre los que se encuentran varios investigadores de la Universidad de Granada, ha corroborado que existe una relación entre los niveles de ciertos contaminantes ambientales que una persona acumula en su cuerpo y su grado de obesidad.
Además, los sujetos con más contaminantes en su organismo presentan mayores niveles de colesterol y triglicéridos, importantes factores de riesgo de enfermedad cardiovascular.
Se trata de un trabajo en el que han participado investigadores de la Universidad de Granada, los hospitales universitarios San Cecilio y Virgen de las Nieves y la Escuela Andaluza de Salud Pública, todos ellos pertenecientes al Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada.
Esta investigación ha analizado los niveles de contaminantes acumulados en tejido adiposo (grasa) en cerca de 300 hombres y mujeres, intervenidos en los servicios de cirugía de dos hospitales de la provincia de Granada (España).
Las sustancias analizadas, conocidas como contaminantes orgánicos persistentes (COPs), tienen la particularidad de que pueden permanecer en el medioambiente durante años, incluso décadas, sin degradarse.
«Los seres humanos estamos expuestos a COPs principalmente a través de la dieta. Además, los COPs se acumulan progresivamente en la grasa corporal, por lo que los niveles medidos en nuestro trabajo nos dan una idea de la exposición acumulada de una persona a lo largo de varios años», explica Juan Pedro Arrebola, autor principal del artículo.
Utilizando modelos estadísticos complejos, los científicos comprobaron que los niveles acumulados de varios COPs se asociaban con la obesidad y con los niveles séricos de colesterol y triglicéridos de las personas, independientemente del sexo, edad, lugar de residencia o hábito tabáquico de los participantes.
«En general, encontramos que, las personas con mayores niveles de COPs eran cuantitativamente más obesas, y además presentaban mayores niveles de colesterol y triglicéridos, todos ellos considerados como importantes factores de riesgo de enfermedad cardiovascular, aunque estas relaciones eran complejas y no mostraban siempre patrones lineales», afirma Arrebola.
La obesidad se ha convertido en una epidemia de carácter mundial cuya prevalencia en Europa se ha triplicado en las últimas décadas. El mayor problema es que se ha demostrado que las personas obesas tienen un riesgo elevado de padecer un gran número de problemas de salud como enfermedades cardiovasculares, que la Organización Mundial de la Salud considera como la principal causa de muerte a nivel mundial.
Tradicionalmente se ha considerado que la obesidad es el resultado de una ingesta elevada de calorías en relación al gasto energético. «Creemos que los resultados no son sólo una consecuencia de una mayor ingesta de alimentos por parte de las personas obesas.
Existen evidencias de que la exposición humana a ciertas sustancias químicas llamadas «obesógenos» podría favorecer el crecimiento y proliferación de adipocitos (células de la grasa), y por lo tanto provocar un aumento de la grasa corporal. Además, se sospecha que ciertos contaminantes ambientales también podrían provocar alteraciones en los niveles de colesterol y triglicéridos y, por tanto, contribuir al desarrollo de enfermedades cardiovasculares», concluye Arrebola.
74859 Un estudio desarrollado por científicos españoles relaciona los niveles de contaminantes que una persona acumula en el cuerpo con su grado de obesidad y concluye que estos individuos presentan además mayores niveles de colesterol y triglicéridos.El estudio científico, en el que han participado investigadores de la Universidad de Granada y de los hospitales universitarios granadinos, ha corroborado que existe una relación entre los niveles de ciertos contaminantes ambientales que una persona acumula en su cuerpo y su grado de obesidad.La investigación, que ha publicado la prestigiosa revista Environmental Pollution, ha analizado los niveles de contaminantes acumulados en la grasa de cerca de 300 hombres y mujeres, pacientes que han sido intervenidos en los servicios de cirugía de los dos hospitales granadinos.El estudio ha analizado sustancias conocidas como contaminantes orgánicos persistentes (COPs), que tienen la particularidad de que pueden permanecer en el medioambiente durante años, incluso décadas, sin degradarse.»Los seres humanos estamos expuestos a COPs principalmente a través de la dieta. Se acumulan progresivamente en la grasa corporal, por lo que los niveles medidos en nuestro trabajo nos dan una idea de la exposición acumulada de una persona a lo largo de varios años», ha explicado el autor principal del artículo, Juan Pedro Arrebola.Con modelos estadísticos complejos, los científicos han comprobado que los niveles acumulados de estos contaminantes se asocian con la obesidad y con los niveles séricos de colesterol y triglicéridos de las personas, independientemente del sexo, edad, lugar de residencia o al hábito al tabaco de los participantes.»En general, encontramos que las personas con mayores niveles de COPs eran cuantitativamente más obesas, y además presentaban mayores niveles de colesterol y triglicéridos», ha explicado Arrebola.Entre los contaminantes estudiados se encuentra uno derivado de un pesticida utilizado en los años ochenta y actualmente empleados para combatir el paludismo y la malaria, junto a un insecticida usado en el pasad en medicamentos contra piojos y sarna y para algunos cultivos.Estos contaminantes, junto a otros que se usan en equipos industriales, se han asociado con los índices de obesidad y de colesterol y triglicéridos.El estudio ha apuntado además que aunque el uso de estos productos está «muy restringido en la actualidad», el 100 % de los participantes en la investigación presentaron niveles detectables de uno o más de estos compuestos, con una afección a la salud.Arrebola ha apuntado además que existen evidencias de que la exposición a estos contaminantes podría favorecer el crecimiento y proliferación de células de grasa. EFE
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74859 Un estudio desarrollado por científicos españoles relaciona los niveles de contaminantes que una persona acumula en el cuerpo con su grado de obesidad y concluye que estos individuos presentan además mayores niveles de colesterol y triglicéridos.
El estudio científico, en el que han participado investigadores de la Universidad de Granada y de los hospitales universitarios granadinos, ha corroborado que existe una relación entre los niveles de ciertos contaminantes ambientales que una persona acumula en su cuerpo y su grado de obesidad.
La investigación, que ha publicado la prestigiosa revista Environmental Pollution, ha analizado los niveles de contaminantes acumulados en la grasa de cerca de 300 hombres y mujeres, pacientes que han sido intervenidos en los servicios de cirugía de los dos hospitales granadinos.
El estudio ha analizado sustancias conocidas como contaminantes orgánicos persistentes (COPs), que tienen la particularidad de que pueden permanecer en el medioambiente durante años, incluso décadas, sin degradarse.
«Los seres humanos estamos expuestos a COPs principalmente a través de la dieta. Se acumulan progresivamente en la grasa corporal, por lo que los niveles medidos en nuestro trabajo nos dan una idea de la exposición acumulada de una persona a lo largo de varios años», ha explicado el autor principal del artículo, Juan Pedro Arrebola.
Con modelos estadísticos complejos, los científicos han comprobado que los niveles acumulados de estos contaminantes se asocian con la obesidad y con los niveles séricos de colesterol y triglicéridos de las personas, independientemente del sexo, edad, lugar de residencia o al hábito al tabaco de los participantes.
«En general, encontramos que las personas con mayores niveles de COPs eran cuantitativamente más obesas, y además presentaban mayores niveles de colesterol y triglicéridos», ha explicado Arrebola.
Entre los contaminantes estudiados se encuentra uno derivado de un pesticida utilizado en los años ochenta y actualmente empleados para combatir el paludismo y la malaria, junto a un insecticida usado en el pasad en medicamentos contra piojos y sarna y para algunos cultivos.
Estos contaminantes, junto a otros que se usan en equipos industriales, se han asociado con los índices de obesidad y de colesterol y triglicéridos.
El estudio ha apuntado además que aunque el uso de estos productos está «muy restringido en la actualidad», el 100 % de los participantes en la investigación presentaron niveles detectables de uno o más de estos compuestos, con una afección a la salud.
Arrebola ha apuntado además que existen evidencias de que la exposición a estos contaminantes podría favorecer el crecimiento y proliferación de células de grasa.
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74859 Los sujetos que presentan más contaminantes orgánicos persistentes (COPs) en su organismo tienen también mayores niveles de colesterol y triglicéridos
UGR/DICYT Un equipo de científicos españoles, entre los que se encuentran varios investigadores de la Universidad de Granada, ha corroborado que existe una relación entre los niveles de ciertos contaminantes ambientales que una persona acumula en su cuerpo y su grado de obesidad. Además, los sujetos con más contaminantes en su organismo presentan mayores niveles de colesterol y triglicéridos, importantes factores de riesgo de enfermedad cardiovascular.
Se trata de un trabajo, publicado en la prestigiosa revista Environmental Pollution, en el que han participado investigadores de la Universidad de Granada, los hospitales universitarios San Cecilio y Virgen de las Nieves y la Escuela Andaluza de Salud Pública, todos ellos pertenecientes al Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada.
Esta investigación ha analizado los niveles de contaminantes acumulados en tejido adiposo (grasa) en cerca de 300 hombres y mujeres, intervenidos en los servicios de cirugía de dos hospitales de la provincia de Granada (España).
Las sustancias analizadas, conocidas como contaminantes orgánicos persistentes (COPs), tienen la particularidad de que pueden permanecer en el medioambiente durante años, incluso décadas, sin degradarse.
«Los seres humanos estamos expuestos a COPs principalmente a través de la dieta. Además, los COPs se acumulan progresivamente en la grasa corporal, por lo que los niveles medidos en nuestro trabajo nos dan una idea de la exposición acumulada de una persona a lo largo de varios años», explica Juan Pedro Arrebola, autor principal del artículo.
Utilizando modelos estadísticos complejos, los científicos comprobaron que los niveles acumulados de varios COPs se asociaban con la obesidad y con los niveles séricos de colesterol y triglicéridos de las personas, independientemente del sexo, edad, lugar de residencia o hábito tabáquico de los participantes.
«En general, encontramos que, las personas con mayores niveles de COPs eran cuantitativamente más obesas, y además presentaban mayores niveles de colesterol y triglicéridos, todos ellos considerados como importantes factores de riesgo de enfermedad cardiovascular, aunque estas relaciones eran complejas y no mostraban siempre patrones lineales», afirma Arrebola.
Los COPs estudiados
Entre los COPs estudiados se encuentra el DDE, principal metabolito del pesticida DDT, ampliamente utilizado en todo el mundo hasta los años 80, y actualmente empleado por algunos países para combatir el paludismo/malaria. Asimismo, se estudió el insecticida lindano, muy usado en el pasado en cultivos y en algunos medicamentos para el tratamiento de los piojos y la sarna.
El estudio también incluyó un grupo de bifenilos policlorados o PCBs, usados en numerosos equipos industriales, y que siguen presentes en transformadores eléctricos antiguos. Todos estos contaminantes se asociaron de alguna manera con los índices de obesidad y/o colesterol y triglicéridos.
A pesar de que su uso está muy restringido en la actualidad, los COPs representan un importante problema para la salud pública; de hecho el 100% de los participantes en este estudio presentaron niveles detectables de uno o más de estos compuestos.
«Esta universalidad de la exposición hace que su impacto sobre la salud humana sea muy importante. Asimismo, nuestros resultados sugieren que no existen niveles de exposición seguros para estos contaminantes que, además, pueden interactuar entre ellos para producir efectos sobre la salud», apostilla el investigador.
Otros trabajos anteriores han demostrado que la población general está expuesta a COPs principalmente a través de los alimentos con elevado contenido en grasa, incluyendo las carnes y pescados grasos y de gran tamaño, por lo que un creciente número de investigadores recomiendan moderar su consumo.
Actualmente, el grupo de investigación del doctor Arrebola se encuentra realizando un seguimiento de la población de estudio a lo largo de varios años, para comprobar si las personas más expuestas han tenido un mayor riesgo de desarrollar ciertas patologías, como hipertensión, obesidad o enfermedad cardiovascular.
«Contaminantes «obesógenos»
La obesidad se ha convertido en una epidemia de carácter mundial cuya prevalencia en Europa se ha triplicado en las últimas décadas. El mayor problema es que se ha demostrado que las personas obesas tienen un riesgo elevado de padecer un gran número de problemas de salud como enfermedades cardiovasculares, que la Organización Mundial de la Salud considera como la principal causa de muerte a nivel mundial.
Tradicionalmente se ha considerado que la obesidad es el resultado de una ingesta elevada de calorías en relación al gasto energético. «Creemos que los resultados no son sólo una consecuencia de una mayor ingesta de alimentos por parte de las personas obesas. Existen evidencias de que la exposición humana a ciertas sustancias químicas llamadas «obesógenos» podría favorecer el crecimiento y proliferación de adipocitos (células de la grasa), y por lo tanto provocar un aumento de la grasa corporal. Además, se sospecha que ciertos contaminantes ambientales también podrían provocar alteraciones en los niveles de colesterol y triglicéridos y, por tanto, contribuir al desarrollo de enfermedades cardiovasculares», concluye Arrebola.
Referencia bibliográfica
Associations of accumulated exposure to persistent organic pollutants with serum lipids and obesity in an adult cohort from Southern Spain. Juan P. Arrebola, Ricardo Ocaña-Riola, Antonio L. Arrebola-Moreno, María Fernández-Rodríguez, Piedad Martín-Olmedo, Mariana F. Fernández, Nicolás Olea. Environ Pollut. 2014 Aug 28;195C:9-15. doi: 10.1016/j.envpol.2014.08.003
74859 Existe una relación entre los niveles de ciertos contaminantes ambientales que una persona acumula en su cuerpo y su grado de obesidad. Además, los sujetos con más contaminantes en su organismo presentan mayores niveles de colesterol y triglicéridos, importantes factores de riesgo de enfermedad cardiovascular.
Estas son las conclusiones de un estudio español, publicado en la prestigiosa revista «Environmental Pollution», en el que han participado investigadores de la Universidad de Granada, los hospitales universitarios San Cecilio y Virgen de las Nieves y la Escuela Andaluza de Salud Pública, todos ellos pertenecientes al Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada.
Esta investigación ha valorado los niveles de contaminantes acumulados en tejido adiposo (grasa) en cerca de 300 hombres y mujeres, intervenidos en los servicios de cirugía de dos hospitales de la provincia de Granada. Las sustancias analizadas, conocidas como contaminantes orgánicos persistentes (COPs), tienen la particularidad de que pueden permanecer en el medioambiente durante años, incluso décadas, sin degradarse.
«Los seres humanos estamos expuestos a COPs principalmente a través de la dieta. Además, los COPs se acumulan progresivamente en la grasa corporal, por lo que los niveles medidos en nuestro trabajo nos dan una idea de la exposición acumulada de una persona a lo largo de varios años», explica Juan Pedro Arrebola, autor principal del artículo.
Utilizando modelos estadísticos complejos, los científicos comprobaron que los niveles acumulados de varios COPs se asociaban con la obesidad y con los niveles séricos de colesterol y triglicéridos de las personas, independientemente del sexo, edad, lugar de residencia o hábito tabáquico de los participantes.
Más contaminantes, más obesidad
«En general, encontramos que, las personas con mayores niveles de COPs eran cuantitativamente más obesas, y además presentaban mayores niveles de colesterol y triglicéridos, todos ellos considerados como importantes factores de riesgo de enfermedad cardiovascular, aunque estas relaciones eran complejas y no mostraban siempre patrones lineales», afirma Arrebola.
Entre los COPs estudiados se encuentra el DDE, principal metabolito del pesticida DDT, ampliamente utilizado en todo el mundo hasta los años 80, y actualmente empleado por algunos países para combatir el paludismo/malaria. Asimismo, se estudió el insecticida lindano, muy usado en el pasado en cultivos y en algunos medicamentos para el tratamiento de los piojos y la sarna.
El estudio también incluyó un grupo de bifenilos policlorados o PCBs, usados en numerosos equipos industriales, y que siguen presentes en transformadores eléctricos antiguos. Todos estos contaminantes se asociaron de alguna manera con los índices de obesidad y/o colesterol y triglicéridos.
A pesar de que su uso está muy restringido en la actualidad, los COPs representan un importante problema para la salud pública; de hecho el 100% de los participantes en este estudio presentaron niveles detectables de uno o más de estos compuestos.
«Esta universalidad de la exposición hace que su impacto sobre la salud humana sea muy importante. Asimismo, nuestros resultados sugieren que no existen niveles de exposición seguros para estos contaminantes que, además, pueden interactuar entre ellos para producir efectos sobre la salud», apostilla el investigador.
COPs en alimentos
Otros trabajos anteriores han demostrado que la población general está expuesta a COPs principalmente a través de los alimentos con elevado contenido en grasa, incluyendo las carnes y pescados grasos y de gran tamaño, por lo que un creciente número de investigadores recomiendan moderar su consumo.
Actualmente, el grupo de investigación del doctor Arrebola se encuentra realizando un seguimiento de la población de estudio a lo largo de varios años, para comprobar si las personas más expuestas han tenido un mayor riesgo de desarrollar ciertas patologías, como hipertensión, obesidad o enfermedad cardiovascular.
«Creemos que los resultados no son sólo una consecuencia de una mayor ingesta de alimentos por parte de las personas obesas. Existen evidencias de que la exposición humana a ciertas sustancias químicas llamadas «obesógenos» podría favorecer el crecimiento y proliferación de adipocitos (células de la grasa), y por lo tanto provocar un aumento de la grasa corporal. Además, se sospecha que ciertos contaminantes ambientales también podrían provocar alteraciones en los niveles de colesterol y triglicéridos y, por tanto, contribuir al desarrollo de enfermedades cardiovasculares», concluye Arrebola.
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– Cine:
‘Chungking express’
– Exposiciones:
‘(des) Variaciones sobre José Guerrero’
‘La búsqueda es fría’
‘Un jardín japones: topografías del vacío’
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74859 Un estudio desarrollado por científicos españoles relaciona los niveles de contaminantes que una persona acumula en el cuerpo con su grado de obesidad y concluye que estos individuos presentan además mayores niveles de colesterol y triglicéridos.
El estudio científico, en el que han participado investigadores de la Universidad de Granada y de los hospitales universitarios granadinos, ha corroborado que existe una relación entre los niveles de ciertos contaminantes ambientales que una persona acumula en su cuerpo y su grado de obesidad.
La investigación, que ha publicado la prestigiosa revista Environmental Pollution, ha analizado los niveles de contaminantes acumulados en la grasa de cerca de 300 hombres y mujeres, pacientes que han sido intervenidos en los servicios de cirugía de los dos hospitales granadinos.
El estudio ha analizado sustancias conocidas como contaminantes orgánicos persistentes (COPs), que tienen la particularidad de que pueden permanecer en el medioambiente durante años, incluso décadas, sin degradarse.
«Los seres humanos estamos expuestos a COPs principalmente a través de la dieta. Se acumulan progresivamente en la grasa corporal, por lo que los niveles medidos en nuestro trabajo nos dan una idea de la exposición acumulada de una persona a lo largo de varios años», ha explicado el autor principal del artículo, Juan Pedro Arrebola.
Con modelos estadísticos complejos, los científicos han comprobado que los niveles acumulados de estos contaminantes se asocian con la obesidad y con los niveles séricos de colesterol y triglicéridos de las personas, independientemente del sexo, edad, lugar de residencia o al hábito al tabaco de los participantes.
«En general, encontramos que las personas con mayores niveles de COPs eran cuantitativamente más obesas, y además presentaban mayores niveles de colesterol y triglicéridos», ha explicado Arrebola.
Entre los contaminantes estudiados se encuentra uno derivado de un pesticida utilizado en los años ochenta y actualmente empleados para combatir el paludismo y la malaria, junto a un insecticida usado en el pasad en medicamentos contra piojos y sarna y para algunos cultivos.
Estos contaminantes, junto a otros que se usan en equipos industriales, se han asociado con los índices de obesidad y de colesterol y triglicéridos.
El estudio ha apuntado además que aunque el uso de estos productos está «muy restringido en la actualidad», el 100 % de los participantes en la investigación presentaron niveles detectables de uno o más de estos compuestos, con una afección a la salud.
Arrebola ha apuntado además que existen evidencias de que la exposición a estos contaminantes podría favorecer el crecimiento y proliferación de células de grasa. EFE
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