Radiografía adolescente
Al mundo del tópico nunca le han faltado seguidores, como tampoco temas o asuntos sobre los que divagar. Ningún ámbito de la realidad escapa a él. La oferta es amplia y gratuita y pocos son los que se resisten a aportar su granito de arena a la cadena de comentarios simplistas –de origen más que duduso– sobre esto o aquello. La materia prima es abundante, pero si hay un terreno realmente abonado para el cultivo del estereotipo éste es, sin duda, el de los usos y costumbres de los adolescentes. Meterse en el terreno de los jóvenes para repetir cansinamente la cantinela del boca a boca callejero –videojuegos, mala alimentación, botellón, falta de iniciativa…– es fácil. Hacerlo desde el rigor no lo es tanto y todavía más raro es que alguien lo encare desde la perspectiva científica.
Un equipo de investigadores de las facultades de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y de Psicología de la Universidad de Granada (UGR) han unido su experiencia y sus conocimientos en un estudio pionero, financiado en un comienzo por la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía y recientemente como iniciativa de I+D por el Ministerio de Educación y Ciencia, que aborda este ámbito en toda su complejidad y desde un prisma diferente. Su proyecto –´Valoración biológica y psicológica de los escolares andaluces: mecanismos de protección y riesgo, evaluación físico-deportiva, cardiovascular y psicológica de adolescentes´– va a poner al servicio de todos los agentes implicados en la educación –profesores, padres, administración– la mayor cantidad de datos que se haya manejado nunca sobre menores en edad estudiantil, de manera que esta información útil sirva en la toma de decisiones que les afectan y, lo que es más importante, ayude a enfrentar y prevenir problemas como el fracaso escolar o los riesgos relacionados con la salud de los menores.
Hasta 2012, los especialistas del grupo de investigación de Ciencias del Deporte y Psicología radiografiarán a este complejo segmento poblacional de la zona oriental de la región a través de pruebas físicas y psíquicas y siguiendo una metodología de trabajo en la que, por primera vez y utilizando electrocardiogramas, se analizarán parámetros como el de la variabilidad cardiaca –si el organismo es capaz de adaptar la frecuencia del corazón a los cambios en condiciones físicas del entorno, de una situación de estrés a otra de tranquilidad, de ejercicio a pausa, etc.–. No es un asunto menor, pues según revela Sonia, del equipo de Psicofisiología humana y de la Salud, «en los test que hemos llevado a cabo hasta ahora, hemos detectado que una no regulación adecuada en este aspecto se relaciona, por ejemplo, con problemas a la hora de tomar decisiones».
En el otro aspecto, las pruebas a las que someten a los chavales de entre 11 y 17 años combinan la medición de los parámetros físicos con los motrices. Los investigadores controlan el peso, la talla, la resistencia, la coordinación, la agilidad y la velocidad de los jóvenes, entre otros ´items´, a lo que se une el control cardiaco durante 24 horas.
Pese a que gran parte de la labor de campo aún está por hacer –se prolongará hasta 2012, momento en el que se habrá analizado una muestra de 4.000 escolares en medio centenar de colegios e institutos–, el trabajo preliminar realizado en los últimos años por el grupo que encabezan los profesores Juan Carlos de la Cruz, Leontino García –que también es catedrático de instituto y pertenece a la Consejería de Educación de la Junta– y Jaime Vila –sobre unos 1.500 alumnos en una veintena de centros– arroja unos datos iniciales bastante interesantes, que en unos casos contribuyen a desmitificar algunas de las ideas más extendidas en la sociedad sobre este grupo de edad, y en otros confirman ciertas creencias, aunque con el rigor y los matices que impone una aproximación científica de este tipo.
Las estadísticas realizadas con la información obtenida hasta el momento por los expertos muestran que el sobrepeso es un problema más que menor en los jóvenes analizados, donde el impacto de la obesidad es mínimo y, por lo general, raramente alcanza niveles superiores al 10%. Los investigadores ven, sin embargo, más preocupante el hecho de que la mayor parte de los chicos no concedan importancia alguna al desayuno y emprendan su jornada estudiantil sin ingerir alimento alguno, lo que tiene una incidencia directa en su rendimiento académico. «Es una clara manifestación del cambio en el estilo de vida familiar, pues los padres salen a trabajar antes que los hijos y no hay nadie que controle la alimentación a esta hora del día», asegura De la Cruz.
Estas primeras conclusiones, «que se deben tomar todavía con todas las cautelas», insisten los investigadores, apuntan a que, pese a la baja incidencia de la obesidad, el mayor porcentaje se da en zonas rurales –los profesionales han dividido su estudio en áreas rurales, costeras y capitales o centros urbanos–, donde los porcentajes de la enfermedad abundan más en los niños –con edades de 10 a 12 años– que en las niñas.
Por otro lado, el sedentarismo que se achaca a estas nuevas generaciones, fruto de su crianza en la era de las nuevas tecnologías y de la cultura visual, es una verdad a medias a la vista de los datos obtenidos. «Practican menos deporte del que sería deseable, pero tampoco es cierto que no hagan nada y estén todo el día delante de los videojuegos o del televisor», puntualiza Leontino García, quien añade que, como curiosidad, «en las zonas costeras se realizan más actividades físicas que en las urbanas». En general, la condición física de los menores no es mala, aunque en el equipo de De la Cruz tampoco ocultan que si no fuera por las clases del colegio, la situación sería bastante peor.
Drogas. Los datos obtenidos hasta la fecha no permiten, por desgracia, desmentir el peligroso coqueteo de los menores con las drogas. Los test que utilizan los psicólogos del grupo no dejan lugar a la duda. El anonimato garantiza la veracidad de las respuestas. «Confiesan que beben alcohol, pero el problema es mayor con sustancias como la marihuana e, incluso, la cocaína, que algunos admiten haber tomado. Con la información de que disponemos, podemos decir que cada vez prueban antes las drogas», mantiene Sonia. La investigación no ha hecho más que comenzar. Algunas de las incógnitas que esconde la radiografía del adolescente andaluz ya han comenzado a aclararse.
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