El cerebro, un laberinto para la ciencia
«Cada persona es única porque cada cerebro es único. Dos sujetos que viven una misma situación la cuentan de forma distinta, ya que el cerebro configura nuestro mundo interior interpretando, no copiando, el mundo exterior». Estas reflexiones son del director del Instituto de Neurociencias Federico Olóriz de la Universidad de Granada, Francisco Vives, y resumen la complejidad de la actividad del órgano que centra la actividad del instituto.
A la hora de abordar el estudio de las funciones cerebrales hay que ceñirse a tres aspectos esenciales, según aclara el experto. El primero son las sensaciones, que constituyen la puerta de la entrada de información, es decir, gracias a los sentidos se perciben los estímulos del mundo externo. El segundo aspecto es la elaboración de una respuesta ante dichos estímulos. Finalmente, mediante los movimientos se ofrece una reacción a esos procesos. A estas manifestaciones del sistema nervioso se les denomina conducta.
A partir de estos tres aspectos, los diferentes equipos del instituto, que está formado por médicos, biólogos, psicólogos, farmacólogos e incluso odontólogos, investigan las emociones, el dolor, el envejecimiento, las enfermedades neurodegenerativas y los posibles fármacos contra ellas…
Contra el Parkinson
Así, las investigaciones que se desarrollan en este centro abordan distintos aspectos de las estructuras cerebrales. Por ejemplo, Francisco Vives se haya inmerso en estos momentos en un estudio sobre el parkinson, y explica al respecto que «la incidencia de las enfermedades neurodegenerativas crecen a medida que aumenta la edad media de la población». Este tipo de trastornos se van desarrollando progresivamente y las manifestaciones clínicas aparecen cuando ya existe un deterioro avanzado del cerebro, con lo que el tratamiento médico se suele iniciar cuando la enfermedad está en fases irreversibles.
Por ello el equipo que dirige Vives busca biomarcadores en el organismo que alerten lo antes posible de la presencia de esta patología. «Queremos encontrar sustancias de la sangre que nos digan que en una persona se está iniciando la enfermedad de Parkinson, antes de que haya síntomas clínicos», añade. Conocer con antelación que una enfermedad de estas características puede desarrollarse en un individuo es vital para que se puedan iniciar los tratamientos oportunos antes de que el daño sea permanente.
Otra de las investigaciones que acoge actualmente el instituto versa sobre uno de los conceptos más llamativos en neurociencia: la neuroplasticidad. Francisco Vives explica que las neuronas son células muy diferenciadas que van madurando en nuestro sistema nervioso, y que a partir de los 40 años empiezan a morir poco a poco, aunque la disminución de su número se compensa con el aumento de la experiencia. Y es que a lo largo de toda nuestra vida y gracias al aprendizaje se modifican las conexiones entre estas células.
La neuroplasticidad
Gracias a la formación de estos nuevos vínculos se pueden recuperar, al menos en parte, aquellas funciones que se han perdido por un accidente, hemorragia o lesión del sistema nervioso. Este aspecto es el que se reconoce como Neuroplasticidad, es decir, cuando una célula es dañada otra aprende su función.
Las neuronas no pueden reproducirse, de manera que cuando una parte del cerebro resulta perjudicada, ya sea por enfermedad o traumatismo, ésta no puede repararse de la misma forma que ocurre en la piel. Sin embargo, con una rehabilitación y aprendizaje adecuados, las zonas próximas pueden llegar a realizar las funciones perdidas. Así, los tratamientos que reciben las personas que padecen trastornos que han dañado parte de su cerebro, tratan de estimularlo para que el sujeto pueda volver a desempeñar dichas funciones perdidas.
El Instituto de Neurociencias Federico Olóriz surgió como un centro de investigación antropológica en los años cincuenta. Desde entonces ha estado asociado a la Universidad de Granada. A principios de los noventa el centro decidió reorientar sus investigaciones hacia las neurociencias y el estudio del cerebro, y desde ese momento los investigadores que lo integran se han dedicado en cuerpo y alma a avanzar en el conocimiento sobre todos los misterios y trastornos inexplicables que suceden en el interior del cráneo.
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