Ciudadanos
Granadas de la China
09-07-2008
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Civantos, junto al señor Li, Soubida, Linda y Paloma. Charo Valenzuela
MULTIMEDIA
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Un grupo multicultural de emprendedores crea en la provincia uno de los pocos institutos españoles para la enseñanza de la lengua y cultura del gigante asiático.
EMILIO FUENTES. ¿Qué tienen en común Li Chunlei, Pan Xiaowang o Lin Peiyong, un abogado granadino de pura cepa –Julián–, una doctora en Bellas Artes de Bilbao –Paloma– y una licenciada superior en Informática originaria de Alhucemas –Zoubida–? El Instituto Chino de Granada. Podrían haber hecho muchas cosas juntos. Desde una paella hasta un programa de radio. Sin embargo, han alumbrado algo más grande, más interesante y, sobre todo, algo mucho más útil para una sociedad en la que los ciudadanos del Estado asiático cada vez tienen más que decir.
Su vocación emprendedora, su ilusión, empeño, trabajo y un estudio de viabilidad positivo –según aclara el responsable de cuadrar los números, Julián–, han permitido que, a partir del próximo mes de septiembre, esta ciudad pueda contar con el más completo centro de enseñanza de la lengua y la cultura milenaria del gigante oriental. Paloma Fadón quiere que este último concepto quede bien claro, pues las herramientas de la comunicación no servirán de gran ayuda si no se sabe que, por ejemplo, cuando en China pides un vaso de agua, sin aclarar nada más, “lo más fácil es que te lo sirvan caliente, como es costumbre allí”, puntualiza.
Ella será la profesora de caligrafía del instituto. Es rigurosa, aplicada, seria y, sobre todo, experta en un arte que es casi religión en la nación de la Gran Muralla. Es capaz de describir con detalle la geografía de aquellas lejanas tierras y no admite comentarios superficiales o banales, adquiridos a través de los medios de comunicación, sobre un país del que sigue habiendo “un gran desconocimiento en Occidente”, según comenta. Residió allí durante dos largos periodos de tiempo. Realizó su tesis doctoral en Pekín, donde ha impartido clases de castellano. Piensa que en esta capital, a la que considera “un cruce de culturas”, era necesaria una oferta de este tipo.
A su lado, Gabriel, consejero académico externo, explica que la apuesta es ambiciosa, “ya que permitirá una continuidad en el aprendizaje, puesto que se admitiría a pequeños desde tres años, que podrán pasar por todos los niveles hasta llegar a dominar por completo el idioma. De la misma forma, también habrá cursos para sus padres, que tendrán la opción de estar recibiendo sus lecciones a pocos metros de los hijos”. El experimentado lingüista despeja tópicos y tranquiliza: “Aprenderlo, en contra de los que se piensa en la calle, no es más complicado que formarse en cualquier otro idioma”.
Asegura que su grado de dificultad técnico es relativo y lo que sí hay, en general, es más desconocimiento. El perfil de Zoubida es el que menos tiene que ver con las letras. Pese a esto, el germen de la idea partió, principalmente, de ella. Trabaja con inmigrantes en Cruz Roja. Tras experimentar en sus propias carnes los problemas de comunicación que se plantean con este colectivo, quizás uno de los más incomprendidos por la brecha cultural, vio clara la necesidad de poner en marcha una iniciativa de ida y vuelta que “sirva para enriquecernos mutuamente desde el punto de vista social”.
Cree que el instituto será de gran ayuda en la integración laboral y personal de estos ciudadanos. Además, a nadie se le escapa que el mercado chino es uno de los grandes objetivos empresariales de nuestros días y habrá bastantes empresarios y profesionales cualificados a los que interese hablarlo por sus posibilidades de negocio. Para los más pequeños.
Linda, que se casó con un granadino que trabaja en la UGR y al que conoció en Shangai, será la encargada de impartir esta parte del programa curricular. Piensa que el centro, cuya sede está en el Camino de Ronda, tendrá una buena acogida entre sus compatriotas residentes en Granada, “que, hasta ahora, no contaban con muchas opciones educativas de esta dimensión para sus pequeños”.
¿Y qué pinta Julián Civantos en todo esto? Mucho. Para empezar creyó al 100% en el proyecto desde el principio. Le sonó a chino y eso es lo bueno. Su experiencia emprendedora dio alas a sus socios y marcó los pasos y los tiempos para dar forma a la idea. Es padre y predicará con el ejemplo. Sus retoños han sido los primeros en tirarse del rabillo del ojo.
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