Pág. 20: «El trabajo con la familia», encuentro en el Campus de Melilla
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El rector de la Universidad de Granada, Francisco González Lodeiro, y el director de la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP), Carlos Artundo Purroy, presentarán en rueda de prensa el miércoles, 9 de abril, a las 10,30 horas en el Salón Rojo del Hospital Real la 5ª Conferencia Europea sobre salud de migrantes y minorías étnicas.
Se trata de un evento europeo que se celebrará en la EASP del 10 al 12 de abril, y que estará centrado en «La Salud y el acceso a la atención sanitaria de los inmigrantes y las minorías étnicas en el contexto de la actual crisis sistémica en Europa».
CONVOCATORIA:
Asunto: Presentación de la 5ª Conferencia Europea sobre salud de migrantes y minorías étnicas
DÍA: Miércoles, 9 de abril
HORA: 10,30 horas
LUGAR: Salón Rojo (Hospital Real)
migrantes
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Págs. 12-14: Ahora necesitamos una Universidad emprendedora
Dos años sin datos de I+D en los campus
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Págs. 34-35: Las universidades perderán 4.000 profesores hasta 2020
Los becarios todavía no saben cuándo ni cuánto cobrarán
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Acto presidido por el rector, el miércoles, 9 de abril, a las 11,30 horas
El miércoles, 9 de abril, a las 11,30 horas se va a celebrar en la Facultad de Traducción e Interpretación el día de su patrón, Alfonso X el Sabio, con un acto académico presidido por el rector de la Universidad de Granada, Francisco González Lodeiro.
ACTO ACADÉMICO
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La presión sanguínea modula la tendencia de cada persona a preocuparse y puede asociarse a un efecto ‘tranquilizador’ cuando es elevada
Así lo indica un nuevo estudio, en el que participa la UGR, que refleja que se puede aprender de forma implícita a aumentar la tensión arterial como modo de aliviar la tensión y el malestar emocional.
Estar preocupado es ser inteligente, aunque de un modo pasivo. Solo los tontos carecen de preocupaciones”. Sin entrar a valorar esta cita del poeta y dramaturgo alemán Goethe (1749-1832), un estudio reciente apunta una nueva consecuencia de la presión arterial.
El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad de Jaén y la Universidad de Granada, apunta que la predisposición a preocuparse se relaciona con la tensión arterial y la sensibilidad del reflejo barorreceptor, fundamental en la estabilización de la presión sanguínea y ejercido por receptores situados en las arterias aorta y carótida.
Estudios anteriores ya mostraron que cuando esta aumenta o es alta se produce una disminución en la percepción de dolor, las quejas somáticas musculoesqueléticas y la intensidad de las respuestas ante estímulos emocionales negativos.
“Dos mecanismos fisiológicos podrían explicar este efecto inhibitorio de la presión arterial sobre el dolor y las emociones negativas: los opiáceos endógenos y la estimulación del reflejo barorreceptor”, explica a Sinc Gustavo A. Reyes del Paso, autor principal de la nueva investigación y científico de la institución andaluza.
En este trabajo, publicado en la revista Biological Psychology, participaron 57 mujeres –36 con alta preocupación y 21 con baja preocupación– seleccionadas a partir del Penn State Worry Questionnaire, que evalúa la tendencia general a preocuparse.
A partir de ahí, se midió la presión arterial sistólica y diastólica y la sensibilidad del reflejo barorreceptor durante un periodo de reposo, un periodo de preocupación autoinducida y durante la evocación de un reflejo defensivo mediante estimulación auditiva intensa (para generar una reacción emocional negativa).
En contra de lo que se pudiera pensar, los resultados muestran que las participantes de baja preocupación presentan una mayor presión arterial sistólica y diastólica y mayor sensibilidad del reflejo barorreceptor durante el periodo de reposo y el periodo de preocupación que los participantes de alta preocupación.
“Además, durante la evocación del reflejo de defensa, los participantes de baja preocupación incrementaron en mayor grado su presión arterial (sistólica y diastólica) que los participantes de alta preocupación”, añade Reyes.
Tensión arterial ‘protectora’
Estos resultados muestran que el rasgo de baja preocupación se asocia a una presión sanguínea más alta y a una mayor eficacia del reflejo barorreceptor, así como una mayor preocupación se relaciona con una tensión arterial más baja.
Los datos también revelan que los incrementos en la presión arterial durante la estimulación desagradable activan los barorreceptores, los cuales producen un efecto inhibitorio sobre el cerebro que reduce los estados emocionales negativos.
“Este mecanismo de alivio emocional generado por la estimulación del reflejo barorreceptor a partir de los incrementos en tensión arterial podría explicar algunos casos de hipertensión esencial o primaria –surge sin causa conocida–”, concluye el experto. “La persona puede aprender de forma implícita a aumentar su presión sanguínea como modo de aliviar la tensión y el malestar emocional”.
A pesar del efecto ‘protector’ de la presión sanguínea alta sobre la preocupación y los estados emocionales negativos, los autores subrayan que la hipertensión es el principal factor de riesgo para las enfermedades cardiovasculares y, “aunque pueda tener beneficios secundarios, se debe de luchar contra ella”.
Referencia bibliográfica:
Luis Carlos Delgado, Jaime Vila, Gustavo A. Reyes del Paso. “Proneness to worry is negatively associated with blood pressure andbaroreflex sensitivity: Further evidence of the blood pressureemotional dampening hypothesis”. Biological Psychology 96 (2014) 20– 27.
Contacto: Jaime Vila Castellar Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la UGR Teléfono: Correo electrónico: jvila@ugr.es
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72120 Investigadores de la Universidad de Granada y del Hospital Clínico San Cecilio logran reducir este grave problema de salud mediante un programa de entrenamiento físico realizado a 60 niños y adolescentes de entre 10 y 18 años
Los expertos advierten, en un trabajo publicado en la revista Nutrición Hospitalaria, de que entre el 13 y el 66 por ciento de los niños obesos padecen apnea del sueño
Investigadores de la Universidad de Granada y del Hospital Clínico San Cecilio de Granada han demostrado que un programa de ejercicio llevado a cabo en niños y adolescentes con sobrepeso ayuda a disminuir considerablemente la apnea y a mejorar la calidad del sueño.
Este trabajo, publicado en la revista Nutrición Hospitalaria, advierte de que entre el 13 y el 66 por ciento de los niños y adolescentes obesos padecen apnea del sueño, un grave problema de salud pública que afecta su función neurocognitiva, comportamiento, sistema cardiovascular y alteraciones metabólicas y del crecimiento.
Para llevar a cabo esta investigación, los científicos trabajaron con una muestra formada por 60 niños y adolescentes con edades comprendidas entre los 10 y los 18 años, que acudieron a la consulta de Endocrinología por tener obesidad en los Hospitales San Cecilio y Virgen de las Nieves de Granada, además de 12 centros de salud de la capital. Todos tenían un Índice de Masa Corporal (IMC) superior a 25.
Un año de intervención
A todos ellos se les realizó un programa de intervención de 12 meses de duración, consistente en tres sesiones a la semana, independiente de la hora semanal de Educación Física que los niños realizan en el colegio. El programa incluía juegos colectivos, deportes aeróbicos y alternativos, ciclismo y senderismo.
La autora principal de este trabajo, Mª José Aguilar Cordero, catedrática del departamento de Enfermería de la Universidad de Granada, advierte del «enorme problema epidemiológico» que supone en la actualidad la obesidad infantil, «ya que conlleva una serie de problemas de salud muy graves como una baja autoestima, diabetes tipo 2, hipertensión o apnea del sueño, propios de una edad más adulta. No estamos hablando de que la obesidad infantil les pueda causar problemas de mayores: es que esos problemas ya los tienen siendo pequeños», apunta la investigadora.
Aguilar destaca que este programa «no ha consistido en poner a régimen a los niños, sino en distribuir las comidas mejor a lo largo del día y en realizar ejercicio varias veces por semana, además de dar unas pautas a los padres para que restrinjan el consumo de hidratos de carbono a sus hijos».
La catedrática afirma que muchas de las madres que participaron en este estudio «nos indicaban que sus hijos roncaban al dormir. Nosotros, mediante la realización de una batería de pruebas como una polisomnografía y un cuestionario de calidad del sueño, comprobamos que no se trataba de ronquidos, sino de una apnea, pequeñas paradas respiratorias derivadas de su sobrepeso que pueden suponer un grave problema de salud».
Referencias bibliográficas:
Influencia de un programa de actividad física en niños y adolescentes obesos. Evaluación del estrés fisiológico mediante compuestos en la saliva. Protocolo de estudio
Aguilar Cordero, M.J.; Sánchez López, A.M.; Padilla López, C.A.; González Mendoza, J.L.; Mur Villar, N.; Perona, J.S.; Hermoso Rodríguez, E.
Nutrición Hospitalaria 2013; 28(3) : 705-708
Síndrome de apneas-hipoapneas del sueño y factores de riesgo en el niño y el adolescente; revisión sistemática
M. J. Aguilar Cordero, A. M. Sánchez López, N. Mur Villar, I. García García y R. Guisado Barrilao
Nutrición Hospitalaria 2013; 28(6):1781-1791
En el siguiente enlace puede ver un vídeo sobre esta investigación, elaborado por la Unidad de Cultura Científica de la UGR: http://sl.ugr.es/068V
aguilarcordero2014
Mª José Aguilar Cordero, catedrática del departamento de Enfermería de la Universidad de Granada, en su despacho.
NOTA PARA MEDIOS DE COMUNICACIÓN: Adjuntamos cortes de voz en MP3 . Además, en la sección de Noticias de la página web de la UGR (www.ugr.es) pueden descargar las imágenes en bruto de la noticia.
Contacto:
Mª José Aguilar Cordero
Departamento de Enfermería de la Universidad de Granada
Teléfono: 958 24 28 97
Correo electrónic
72120 Investigadores logran reducir este grave problema de salud mediante un programa de entrenamiento físico realizado a 60 niños y adolescentes de entre 10 y 18 años
UGR/DICYT Investigadores de la Universidad de Granada y del Hospital Clínico San Cecilio de Granada han demostrado que un programa de ejercicio llevado a cabo en niños y adolescentes con sobrepeso ayuda a disminuir considerablemente la apnea y a mejorar la calidad del sueño.
Este trabajo, publicado en la revista Nutrición Hospitalaria, advierte de que entre el 13 y el 66 por ciento de los niños y adolescentes obesos padecen apnea del sueño, un grave problema de salud pública que afecta su función neurocognitiva, comportamiento, sistema cardiovascular y alteraciones metabólicas y del crecimiento.
Para llevar a cabo esta investigación, los científicos trabajaron con una muestra formada por 60 niños y adolescentes con edades comprendidas entre los 10 y los 18 años, que acudieron a la consulta de Endocrinología por tener obesidad en los Hospitales San Cecilio y Virgen de las Nieves de Granada, además de 12 centros de salud de la capital. Todos tenían un Índice de Masa Corporal (IMC) superior a 25.
Un año de intervención
A todos ellos se les realizó un programa de intervención de 12 meses de duración, consistente en tres sesiones a la semana, independiente de la hora semanal de Educación Física que los niños realizan en el colegio. El programa incluía juegos colectivos, deportes aeróbicos y alternativos, ciclismo y senderismo.
La autora principal de este trabajo, Mª José Aguilar Cordero, catedrática del departamento de Enfermería de la Universidad de Granada, advierte del «enorme problema epidemiológico» que supone en la actualidad la obesidad infantil, «ya que conlleva una serie de problemas de salud muy graves como una baja autoestima, diabetes tipo 2, hipertensión o apnea del sueño, propios de una edad más adulta. No estamos hablando de que la obesidad infantil les pueda causar problemas de mayores: es que esos problemas ya los tienen siendo pequeños», apunta la investigadora.
Aguilar destaca que este programa «no ha consistido en poner a régimen a los niños, sino en distribuir las comidas mejor a lo largo del día y en realizar ejercicio varias veces por semana, además de dar unas pautas a los padres para que restrinjan el consumo de hidratos de carbono a sus hijos».
La catedrática afirma que muchas de las madres que participaron en este estudio «nos indicaban que sus hijos roncaban al dormir. Nosotros, mediante la realización de una batería de pruebas como una polisomnografía y un cuestionario de calidad del sueño, comprobamos que no se trataba de ronquidos, sino de una apnea, pequeñas paradas respiratorias derivadas de su sobrepeso que pueden suponer un grave problema de salud».
72120 El trabajo, publicado en la revista Nutrición Hospitalaria, advierte de que entre el 13 y el 66 % de los niños y adolescentes obesos padecen apnea del sueño, un grave problema de salud pública que afecta su función neurocognitiva, comportamiento, sistema cardiovascular y alteraciones metabólicas y del crecimiento.
Según ha informado hoy la Universidad de Granada, para llevar a cabo la investigación los científicos trabajaron con una muestra de 60 niños y adolescentes con edades comprendidas entre los 10 y los 18 años, que acudieron a la consulta de Endocrinología por tener obesidad en los Hospitales San Cecilio y Virgen de las Nieves de Granada, además de 12 centros de salud de la capital.
Todos ellos tenían un Índice de Masa Corporal superior a 25 y a todos se les realizó un programa de intervención de 12 meses de duración, consistente en tres sesiones a la semana.
El programa incluía juegos colectivos, deportes aeróbicos y alternativos, ciclismo y senderismo.
La autora principal del trabajo, María José Aguilar Cordero, catedrática de Enfermería de la Universidad de Granada, advierte del «enorme problema epidemiológico» que supone obesidad infantil por los problemas de salud asociados, como la baja autoestima, diabetes tipo 2, hipertensión o apnea del sueño, propios de edad más adulta.
El programa, explica, no ha consistido en poner a régimen a los niños, sino en distribuir las comidas mejor a lo largo del día y en realizar ejercicio varias veces por semana, «además de dar unas pautas a los padres para que restrinjan el consumo de hidratos de carbono a sus hijos».
72120 Este trabajo, publicado en la revista ‘Nutrición Hospitalaria’, advierte de que entre el 13 y el 66 por ciento de los niños y adolescentes obesos padecen apnea del sueño, un grave problema de salud pública que afecta su función neurocognitiva, comportamiento, sistema cardiovascular y alteraciones metabólicas y del crecimiento.
Para llevar a cabo esta investigación, los científicos trabajaron con una muestra formada por 60 niños y adolescentes con edades comprendidas entre los 10 y los 18 años, que acudieron a la consulta de Endocrinología por tener obesidad en los Hospitales San Cecilio y Virgen de las Nieves de Granada, además de 12 centros de salud de la capital. Todos tenían un Índice de Masa Corporal (IMC) superior a 25.
A todos ellos se les realizó un programa de intervención de 12 meses de duración, consistente en tres sesiones a la semana, independiente de la hora semanal de Educación Física que los niños realizan en el colegio.
El programa incluía juegos colectivos, deportes aeróbicos y alternativos, ciclismo y senderismo, informa la UGR en una nota.
La autora principal de este trabajo, María José Aguilar Cordero, catedrática del departamento de Enfermería de la Universidad de Granada, advierte del «enorme problema epidemiológico» que supone en la actualidad la obesidad infantil, «ya que conlleva una serie de problemas de salud muy graves como una baja autoestima, diabetes tipo 2, hipertensión o apnea del sueño, propios de una edad más adulta.
No estamos hablando de que la obesidad infantil les pueda causar problemas de mayores: es que esos problemas ya los tienen siendo pequeños», apunta la investigadora.
Aguilar destaca que este programa «no ha consistido en poner a régimen a los niños, sino en distribuir las comidas mejor a lo largo del día y en realizar ejercicio varias veces por semana, además de dar unas pautas a los padres para que restrinjan el consumo de hidratos de carbono a sus hijos».
La catedrática afirma que muchas de las madres que participaron en este estudio «nos indicaban que sus hijos roncaban al dormir.
Nosotros, mediante la realización de una batería de pruebas como una polisomnografía y un cuestionario de calidad del sueño, comprobamos que no se trataba de ronquidos, sino de una apnea, pequeñas paradas respiratorias derivadas de su sobrepeso que pueden suponer un grave problema de salud».
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72120 Investigadores de la Universidad de Granada (UGR) y del Hospital Clínico San Cecilio de Granada han demostrado que un programa de ejercicio llevado a cabo en niños y adolescentes con sobrepeso ayuda a disminuir considerablemente la apnea y a mejorar la calidad del sueño.Este trabajo, publicado en la revista ‘Nutrición Hospitalaria’, advierte de que entre el 13 y el 66 por ciento de los niños y adolescentes obesos padecen apnea del sueño, un grave problema de salud pública que afecta su función neurocognitiva, comportamiento, sistema cardiovascular y alteraciones metabólicas y del crecimiento.Para llevar a cabo esta investigación, los científicos trabajaron con una muestra formada por 60 niños y adolescentes con edades comprendidas entre los 10 y los 18 años, que acudieron a la consulta de Endocrinología por tener obesidad en los Hospitales San Cecilio y Virgen de las Nieves de Granada, además de 12 centros de salud de la capital. Todos tenían un Índice de Masa Corporal (IMC) superior a 25.A todos ellos se les realizó un programa de intervención de 12 meses de duración, consistente en tres sesiones a la semana, independiente de la hora semanal de Educación Física que los niños realizan en el colegio.El programa incluía juegos colectivos, deportes aeróbicos y alternativos, ciclismo y senderismo, informa la UGR en una nota.La autora principal de este trabajo, María José Aguilar Cordero, catedrática del departamento de Enfermería de la Universidad de Granada, advierte del «enorme problema epidemiológico» que supone en la actualidad la obesidad infantil, «ya que conlleva una serie de problemas de salud muy graves como una baja autoestima, diabetes tipo 2, hipertensión o apnea del sueño, propios de una edad más adulta.No estamos hablando de que la obesidad infantil les pueda causar problemas de mayores: es que esos problemas ya los tienen siendo pequeños», apunta la investigadora.Aguilar destaca que este programa «no ha consistido en poner a régimen a los niños, sino en distribuir las comidas mejor a lo largo del día y en realizar ejercicio varias veces por semana, además de dar unas pautas a los padres para que restrinjan el consumo de hidratos de carbono a sus hijos».La catedrática afirma que muchas de las madres que participaron en este estudio «nos indicaban que sus hijos roncaban al dormir.Nosotros, mediante la realización de una batería de pruebas como una polisomnografía y un cuestionario de calidad del sueño, comprobamos que no se trataba de ronquidos, sino de una apnea, pequeñas paradas respiratorias derivadas de su sobrepeso que pueden suponer un grave problema de salud».
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