GRANADA
La masificación obliga a hacer aulas en pasillos y garajes de las facultades
Tres aparcamientos de Económicas son ya clases y los ordenadores de libre acceso están en zona de paso Filosofía tiene hasta tres profesores por despacho y lleva cinco años esperando un nuevo edificio Sólo algunos centros como Biblioteconomía y Ciencias de la Salud pueden crecer todavía
M. VICTORIA COBO/GRANADA
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Profesores al límite
Implantar las directrices de educación europea se hace difícil por la falta de espacio
Las facultades de la Universidad de Granada con mayor proporción de alumnos luchan como pueden contra el fenómeno que les ataca desde hace unos años. La masificación que sufren centros como los de Económicas, Filosofía y Letras o Ciencias les ha llevado a restar espacios comunes para reconvertirlos en aulas de docencia. Un recurso de emergencia para ofrecer la calidad que los estudiantes buscan en la institución académica.
Por todo esto, se espera como agua de mayo la inauguración de los aularios que aún hay en construcción para Ciencias, que llegará el próximo cuatrimestre, y Derecho, en el curso que viene. Pero otros centros no tienen a la vista un futuro tan esperanzador, como le pasa a Económicas, que se encuentra sin sitio para expandirse. Sólo la mudanza al Campus de la Salud, para la que aún quedan años, puede aliviar un poco estas apreturas.
Profesorario
La facultad de Económicas es de las que ha experimentado un mayor crecimiento en los últimos años y su decano, Lázaro Rodríguez, se ha visto obligado incluso a solicitar una reducción de alumnos de nuevo ingreso, que le ha sido denegada. Mientras tanto, Rodríguez explica que han tenido que perder tres garajes y hasta cuartos de baños para acondicionar nuevas aulas. Y a falta de despachos que dividir con mamparas -como ya están en algunos departamentos-, han instaurado un nuevo concepto, el de profesorario. El decano bromea así con las cinco nuevas salas en las que han colocado siete mesas para otros tantos docentes.
Sólo hay que echar un vistazo a los datos para darse cuenta de su situación: tienen casi 7.000 alumnos, 3.400 puestos y 275 asignaturas. El resultado de esta combinación es un horario lleno de colores que mantiene ocupadas permanentemente las aulas con que cuenta y que se convierte en una filigrana en época de exámenes, cuando cada clase ve reducida su capacidad. Esta masificación se traduce también en la escasez de ordenadores de libre disposición para los alumnos, (sólo 170) porque no hay donde colocarlos. De hecho, una de estas aulas con equipos está situada en un pasillo.
Mil asignaturas
Pero el caso de este centro no es único. En Filosofía y Letras, que cuenta con más de 4.600 alumnos, ya redujeron espacio de aparcamiento hace años para ubicar un aulario. El crecimiento desmesurado de titulaciones,-alcanzan ya las diecisiete- que multiplica las asignaturas hasta llegar a casi mil ha obligado a que una de las más antiguas, como es Filosofía, haya tenido que mudarse hasta Psicología para poder continuar con sus clases.
En el caso de este centro, hay incluso dos aulas de informática que por la mañana se destinan a clase teórica por falta de espacio. Y es que Filosofía lleva esperando cinco años la construcción de un nuevo edificio que ya está aprobado por la Junta, pero que requiere el visto bueno que el Ayuntamiento aún no le ha dado.
Números rojos
En Ciencias de la Educación la situación es similar. Antonio Luis García, vicedecano de Ordenación Académica, señala que están en «números rojos» y que han empezado a plantearse también la reconversión de espacios. En su caso, además de las siete diplomaturas y dos licenciaturas, acogen las clases del Curso de Adaptación Pedagógica y numerosas actividades durante el curso.
También en Cartuja, el decano de Odontología, Alejandro Ceballos, señala que «si empieza a haber muchos repetidores se nos rompen los esquemas». Por el contrario, su vecina Biblioteconomía vive un poco más desahogada. Su decana Josefina Rodríguez apunta que «de momento, tenemos espacio». Además, explica que algunas aulas son demasiado grandes para los grupos de alumnos y permitirían una subdivisión.
Ya en el centro, Derecho es otra de las que ya no cabe, literalmente, en los metros cuadrados de su facultad. Así, imparte clase en seis aulas cedidas por otros centros vecinos y su situación no mejorará hasta el curso próximo, cuando reciba el aulario. Más suerte tendrá Ciencias, que en el próximo cuatrimestre podrá hacer uso de su nuevo edificio, después de haber tenido que desplazar a los alumnos de Ambientales a la vecina Escuela de Caminos, y tener que habilitar una sala de estudio en un espacio común.
Aparejadores, que estrenó recientemente las reformas de su edificio, tampoco ha visto solucionado del todo su problema de espacio. Y es que las aulas están saturadas y el problema se vuelve más acuciante en las prácticas. Los alumnos se ven obligados a coger los bancos de otras clases para no perderse las prácticas, y el aula se les queda pequeña. «No se puede doblar más los grupos de prácticas», explica el secretario de la Escuela, José María Cueto, descartando una de las soluciones posibles.
En Informática, que es una escuela relativamente joven, los problemas son similares, puesto que el centro se queda pequeño a medida que aumentan los alumnos de Telecomunicaciones, que ya va por segundo curso. Con esta previsión, cuando estén en marcha los cinco años no cabrán en el inmueble.
En el lado contrario, además de la facultad de Documentación también la de Ciencias de la Salud se encuentra aún poco saturada como las de Ciencias del Deporte o Traducción.
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