Los niños del Campo de Gibraltar superan la media nacional de alergias

Los niños del Campo de Gibraltar superan la media nacional de alergias
El estudio sobre exposición a metales pesados y benceno dan resultados normales
CÁNDIDO ROMAGUERA – Algeciras
EL PAÍS – 14-07-2006
La población infantil del Campo de Gibraltar (Cádiz) presenta una mayor prevalencia de casos de asma, dermatitis atópica y rinitis que los del resto de ciudades españolas, según los resultados de los últimos tres estudios epidemiológicos realizados por la Consejería de Salud en la comarca, presentados ayer por la directora general de Salud Pública de la Junta de Andalucía, Josefa Ruiz. Los estudios, en los que han participado más de 4.500 menores, han incidido en determinar la presencia de asma, rinitis alérgica y eczema (dermatitis atópica) en este colectivo, así como a la exposición a algunos metales pesados de la población de la zona.

Los resultados del primer estudio indican que el 15,8% de los niños de seis y siete años han presentado síntomas de asma (sibilancias), y un 13,6% de los adolescentes de 13 y 14, una prevalencia similar a la observada en la zona costera del norte de España. No obstante, según los técnicos que han realizado el informe la mayor presencia de síntomas de asma en niños puede asociarse con múltiples factores, entre los que se encuentran la ingesta de determinados medicamentos en el primer año de vida, el consumo de tabaco en el ámbito familiar, la mayor frecuencia de tráfico pesado cerca de la vivienda y la propia percepción del medio ambiente.

Mientras tanto, de los cuestionarios realizados en los adolescentes se desprende que la mayor probabilidad de presentar síntomas de asma se da entre los que son fumadores y los que tienen una mayor masa corporal.

Dado que se trata de un estudio de percepción de diferentes tipos de alergias, su confirmación clínica tendrá lugar en la segunda fase del estudio, mediante estudios inmunológicos, pruebas cutáneas y espirometrías, en una muestra de la población analizada en la primera fase, manifestó Josefa Ruiz, quien anunció que, para ello, la Consejería de Salud va a reforzar los servicios del Área Sanitaria del Campo de Gibraltar contratando a un neumólogo y una enfermera que desarrollen las pruebas

El estudio se ha realizado mediante cuestionarios que fueron rellenados por 2.520 adolescentes entre 13 y 14 años y los padres de 2.074 menores de seis y siete años, lo que configura una muestra superior a 4.500 menores, es decir, la práctica totalidad de la población de estas edades residente en la comarca campogibraltareña.

En cuanto al segundo estudio sobre la exposición a metales pesados, la Junta ha comparado en este primer trabajo, el nivel de exposición a cadmio, plomo y níquel de la población residente en el Campo de Gibraltar frente al resto de capitales de provincia de Andalucía, utilizándose la orina de los habitantes de la zona más próxima al polígono industrial como marcador biológico de exposición.

En total se ha realizado una muestra de 432 habitantes, distribuidos proporcionalmente al tamaño de población entre los municipios del Campo de Gibraltar, y por cuotas de grupos de edad y sexo, incluyéndose de forma específica las barriadas de Campamento, Puente Mayorga y Guadarranque, en San Roque, y Palmones, en Los Barrios, ya que éstas se encuentran muy próximas a las industrias.

Esta investigación ha sido elaborada por la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP) y la Cátedra de Toxicología de la Universidad de Granada que han concluido que las concentraciones de níquel, cromo y cadmio se encuentran en todos los casos dentro de los niveles de referencia para la protección de la salud establecidos en las normativas vigentes, tanto a nivel nacional como internacional

En cuanto al tercer estudio, referido a la incidencia de patologías relacionadas con la exposición crónica a benceno, la Junta asegura que debido a que el benceno actúa como depresor de la médula ósea y es tóxico para el sistema hematopoyético se ha estudiado la incidencia de patologías que podrían estar relacionadas como la leucemia mielioide aguda, la anemia aplásica y el mieloma múltiple. En este sentido, la investigación no ha revelado diferencias en la incidencia de estas patologías asociadas al benceno en las distintas zonas estudiadas.

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El Instituto de Innovación para el Bienestar Social operará en 2007

El Instituto de Innovación para el Bienestar Social operará en 2007
EL PAÍS – Málaga
EL PAÍS – 14-07-2006
La Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa, la Universidad Internacional de Andalucía y la Fundación Vodafone España firmaron ayer la constitución del Instituto de Innovación para el Bienestar Social, centro de investigación para aplicar las nuevas tecnologías a la atención a las personas dependientes por razón de edad o de discapacidad.

El instituto tendrá dos centros en el Parque Tecnológico de Andalucía (PTA), en Málaga y en el Campus de la Salud de Granada. El primero de ellos empezará a funcionar en 2007, aunque no estará a pleno rendimiento hasta 2009 y supondrá una inversión en torno a 15 millones de euros, según informó ayer el consejero de Innovación, Ciencia y Empresa, Francisco Vallejo.

El consejero aseguró que el instituto aspira a ser un centro de referencia internacional. Inicialmente contará con un equipo de 30 expertos en distintas disciplinas que estará coordinado por el director del Centro de Innovación para la E-salud Global de la Universidad de Toronto (Canadá), Alejandro Jadad. Su misión, según Vallejo, será crear soluciones prácticas con la tecnología existente para mejorar la autonomía y calidad de vida de las personas con problemas de dependencia.

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Cristóbal Colón, el cruel

Su pericia como navegante ha tapado durante siglos su verdadera personalidad y los cruentos métodos que Cristóbal Colón empleó para controlar a nativos y colonos durante su gobierno en las Indias. Ahora, un estudio ha rescatado la cara más oculta del insigne almirante para mostrar su carácter despótico, incluso con su familia, y su nula capacidad de gestor.
Dos investigadoras del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Consuelo Varela e Isabel Aguirre, han hallado en el Archivo General de Simancas (Valladolid) el expediente del juicio que se siguió contra el marino para destituirlo como virrey y gobernador de las Indias y traerlo a España preso y encadenado, junto a sus hermanos Diego y Bartolomé, en el año 1500. El legajo, de 46 páginas, fue escrito por el comendador de la Orden de Calatrava, Francisco de Bobadilla, siguiendo un encargo de los Reyes Católicos, y confirma las sospechas de los historiadores acerca de los verdaderos motivos del apresamiento.

Intentonas golpistas
El documento original, que aparece recogido en La caída de Cristóbal Colón. La pesquisa de Bobadilla (Ediciones Marcial Pons), incluye el interrogatorio a 23 testigos –ninguno de ellos nativo– sobre la gestión de Colón, la evangelización de los indígenas e incluso sus intentonas golpistas contra el propio Bobadilla, nuevo gobernador de la región. Sus declaraciones revelan a los hermanos Colón como unos tiranos que aplicaban justicia sin juicios, no distribuían los víveres entre los colonos y que no permitían bautizar a los indígenas para usarlos como esclavos, explica Varela. Su crueldad queda de manifiesto incluso con los más cercanos: Su concuñado murió a causa de los tormentos que Colón le propinó.
El legajo, que fue descubierto el año pasado, ha tenido que ser transcrito íntegramente dado que aparte de la mala letra, los copistas oían las cosas pero no sabían de qué hablaban. Sin embargo, su auténtico valor es su perspectiva absolutamente renovadora de los inicios de la colonización en el Nuevo Mundo, convirtiéndolo en el documento más importante de los aparecidos en el último siglo sobre la vida en la colonia.
Es interesante conocer detalles de esa ciudad de frontera, como del Oeste americano, que era las Indias, repleta de gente perdida al descubrir que la tierra prometida no era como les aseguraron, indica. Así, incluye datos sobre las calamidades para subsistir, la organización de la vida cotidiana –subastas, almonedas y hasta prostíbulos– y los motines producidos. Aparecen incluso nombres de mujeres, cuando nunca antes habían sido mencionadas.

La caída de un mito
Por primera vez, frente a todos los textos conocidos –escritos por él mismo o sus amigos–, la historiografía no se muestra favorable al marino. Varela es consciente de que el estudio va a hacer mucho daño. Cuesta que un mito caiga. Sabíamos que no era un ángel, pero no pensábamos que pudiera haber sido así. Ahora conocemos las buenas razones para que fuera destituido.
Por otra parte, hasta finales de año no se darán a conocer los resultados de la investigación sobre el origen del marino, según confirmó el investigador del Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada (UGR) Miguel Lorente Acosta, dado que aún se están recopilando muestras en Italia, Portugal, Catalunya y Mallorca. El estudio trata de probar la conexión genética de los restos de Colón que reposan en Sevilla con familias de ese mismo origen etimológico, como Colombo y Colone (Italia) o Colom (Catalunya).

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La Universidad y el Puerto de Motril investigarán un nuevo biocombustible

La Universidad y el Puerto de Motril investigarán un nuevo biocombustible

El acuerdo prevé que estudiantes y personal técnico completen su formación académica con prácticas en las instalaciones portuarias

sole miranda
convenio. La Universidad desarrollará estudios de control ambiental en el recinto.

Las instalaciones cumplen cien años

ESTEFANÍA GARCÍA
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granada. La Universidad de Granada y la Autoridad Portuaria de Motril firmaron ayer un convenio de colaboración que, entre otros aspectos, prevé estudios sobre un nuevo biocombustible que contribuya a evitar el efecto invernadero. Se trataría de la fabricación de biodiésel, un nuevo combustible biológico, explicó ayer el presidente de la Autoridad Portuaria de Motril, Ángel Díaz Sol.
Las investigaciones previstas en el acuerdo las desarrollará el departamento de Química Analítica de la Universidad, que se encargará de elaborar un estudio de control medioambiental del puerto, llevando a cabo un trabajo sobre la calidad del aire y del agua. Díaz Sol adelantó que próximamente se realizará otro estudio similar acerca de la calidad de las aguas de la Costa granadina.

Con motivo de la independencia del Puerto de Motril, es ahora un momento excepcional para establecer relaciones institucionales y poner en marcha un marco de cooperación muy ambicioso, destacó por su parte el rector de la Universidad de Granada, David Aguilar.

El acuerdo permitirá desarrollar trabajos de investigación relacionados con los puertos y las costas granadinas,y también estudios sobre biología marina, fisiología vegetal, saneamiento, arquitectura e ingeniería.

Una primera parte será destinada a la investigación y desarrollo tecnológico donde ya se ha publicado una convocatoria para obtener recursos relacionados con este campo, además el puerto tiene intereses muy concretos en esta área según informaba el Rector.

El convenio también busca una presencia más activa universitaria en Motril, con este nuevo convenio de carácter genérico que tiene una financiación conjunta y una relación recíproca de servicios técnicos y profesionales. La unión de ambas instituciones tiene un alto potencial económico, técnico y cultural, como dijo Díaz Sol.

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Más de 55.000 personas asistieron este año al Festival de Música

Más de 55.000 personas asistieron este año al Festival de Música

El certamen granadino tuvo una recaudación en taquilla de 641.000 euros y dejó unos beneficios indirectos en la ciudad por valor de dos millones y medio de euros en hoteles, bares y restaurantes

miguel rodríguez
creciendo. Enrique Gámez, ayer, durante la presentación del balance.

El Réquiem de García Román, entre lo mejor

JESÚS ARIAS
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granada. Más de 55.000 personas asistieron a alguno de los espectáculos que ofreció el Festival Internacional de Música y Danza de Granada entre los días 23 de junio y 9 de julio, según informó ayer su director, Enrique Gámez, durante la presentación del balance final del certamen. La recaudación del festival fue de 641.400 euros. Entre las actuaciones que más interés despertaron el director mencionó el estreno del Réquiem, de José García Román, y la recuperación de la ópera Andrómaca, de Vicente Martín y Soler.
El certamen vendió el 98,7 por ciento de las localidades puestas en circulación para los 127 espectáculos programados (49 oficiales en los distintos espacios de la Alhambra y 78 de los correspondientes al FEX, el festival alternativo) con una asistencia exacta de 55.797 espectadores. Lo importante es que de los 49 espectáculos de la programación oficial del festival, señaló Gámez, es que la venta de entradas llegó prácticamente al cien por ciento. Sólo en la segunda representación de la ópera Mitridate o en el espectáculo de danza de Paul Taylor el porcentaje fue del 97 y el 98 por ciento. El FEX, por su lado, también superó todas las expectativas.

Gámez también dio a conocer un estudio sociológico realizado por el grupo de investigación Los problemas sociales de Andalucía, del departamento de Sociología de la Universidad de Granada en el que se hace notar que el 76 por ciento de los espectadores que acudieron al certamen proceden de Granada o de la provincia en tanto que el 21 por ciento lo hace desde el resto de España y un pequeño porcentaje procede del extranjero. El festival calculó, por su parte, que la gente procedente de fuera de Granada tuvo un gasto diario en la ciudad de 223 euros por persona, lo que arrojaría una cifra de 2,5 millones de euros de beneficios para el sector hostelero y el de restauración de la ciudad teniendo en cuenta que acudieron al certamen más de 6.500 personas que no eran de Granada.

Respecto a la valoración que los asistentes al certamen hicieron de éste, la media es una calificación de notable y sobresaliente, con una puntuación de 8,15 sobre diez en cuanto a calidad y prestigio. También fue muy destacado el trato por parte del personal del certamen. Otro dato interesante que refleja el estudio, señaló Gámez, es que ha aumentado hasta el 89 por ciento el número de espectadores que asistieron acompañados o bien de su pareja o bien de amigos.

La página web del Festival Internacional de Música y Danza de Granada recibió un total de 300.000 visitas, lo que da cuenta del interés que el certamen despierta en todo el mundo. El director del festival también incidió en el hecho de que todos los espectáculos programados tuvieron incidencia en los medios de comunicación. Eso puede servir mucho de estímulo a los artistas, sobre todo cuando empiezan, dijo.

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La Junta invertirá 15 millones en la sede del Instituto del Bienestar

La Junta invertirá 15 millones en la sede del Instituto del Bienestar

DIARIO / MÁLAGA

Quince millones de euros será la cantidad invertida por la Junta de Andalucía para la construcción en Málaga de la primera sede del Instituto de Innovación para el Bienestar Social, un centro mundial de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) para dar solución a los problemas de dependencia.

Esta primera instalación, a la que se sumará otra en el Parque Tecnológico de Ciencias de la Salud en Granada, se ubicará en el Parque Tecnológico de Andalucía y tiene previsto comenzar su labor en 2007 con treinta expertos de diferentes disciplinas dirigidos por el regidor del Centro de Innovación para la E-Salud global de la Universidad de Toronto, Alejandro Jadad.

El centro quedó ayer constituido formalmente tras el acuerdo suscrito entre el consejero de Innovación, Francisco Vallejo; el rector de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), Juan Manuel Suárez Japón, y el director general de la Fundación Vodafone España, José Luis Ripoll. En función de este convenio, la UNIA correrá a cargo de la gestión del proyecto y fomentará la colaboración con otras facultades y entidades educativas, mientras que la Fundación Vodafone España aportará 600.000 euros para sufragar la promoción y lanzamiento del proyecto.

Vallejo explicó ayer en rueda de prensa que esta nueva infraestructura pretende convertirse en un centro de investigación de “referencia internacional” para dar respuesta a las nuevas necesidades de la sociedad actual, en la que ha aumentado la esperanza de vida y, con ella, el sector de la población mayor de 65 años, por lo que se han incrementado los problemas derivados de situaciones de dependencia.

La gestión del Instituto de Innovación para el Bienestar Social supondrá para la Junta un coste de alrededor de 1,5 millones de euros en su primer año de funcionamiento (2007), 3 millones en el segundo año y 3,5 millones de euros anuales cuando se encuentre a pleno rendimiento, una situación que, según el consejero, alcanzará en 2009.

Este proyecto fue presentado en Málaga el pasado 11 de mayo durante la celebración de la Conferencia Europea sobre Salud Digital ‘E-Health’ por Vallejo que anunció que se trataba de crear soluciones prácticas con la tecnología existente.

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Las células madre podrían reparar corazones infartados en cinco años

Las células madre podrían reparar corazones infartados en cinco años

R. GARCÍA DEL RÍO / MÁLAGA

El milagro se acerca, pero se reabre la polémica. Los avances que se están produciendo en el entorno de la medicina regenerativa van ligados, irremediablemente, a las células madre. Este recurso clínico ha despertado desde su descubrimiento grandes controversias, por lo que los expertos coinciden en señalar que se deben marcar claramente los límites morales del asunto. Pero la posibilidad de alargar la vida, mejorarla e, incluso, evitar enfermedades parece dejar la ética cada vez más a un lado.

Málaga registra cada año más de 2.000 infartos, una media algo superior a la española, por la mayor prevalencia de factores de riesgo -diabetes, colesterol, obesidad, hipertensión- entre la población; a lo que hay que sumar que las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de mortalidad entre la ciudadanía. Pero esta tendencia puede dejar de ser una realidad.

En un plazo aproximado de cinco años, el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria podría comenzar a inyectar a sus pacientes células madre para regenerar la parte del corazón que muere cada vez que se sufre un infarto de miocardio. Según indicó el coordinador de la Unidad de Medicina Regenerativa del centro malagueño, Jesús González, “a principios del mes de junio se comenzaron a recoger las primeras muestras de sangre de enfermos cardiovasculares, tanto del corazón como del torrente sanguíneo, y ya contamos con una veintena de las 120 pruebas que realizaremos para conocer con detalle el comportamiento de las proteínas y las células que toman partido en la regeneración del órgano infartado”.

En este sentido, el experto explicó que en este cometido interviene la ‘citocina’, que es la proteína que se libera tras una ataque cardiaco y la encargada de mandar la información hasta la médula ósea, la cual responde enviando a la sangre una serie de células reparadoras, que son capaces de transformarse en miocardiocitos”, un hecho que ya ha podido ser comprobado in vitro por científicos de la Universidad de Granada (UGR).

Para obtener un estudio más exhaustivo, González precisó que se trabajará sobre tres grupos de pacientes: “con infarto reciente, con infarto tardío (hace más de un año) y personas con leves problemas cardiacos”.
El objetivo final es usar las células madre para aumentar el número y la funcionalidad de esas unidades regeneradoras inyectándoselas a los enfermos. De esta manera, Málaga se puede convertir en centro de referencia del tratamiento con células madre.

El estudio liderado por el jefe del Servicio de Cardiología del Clínico, Eduardo de Teresa, cuenta además con el apoyo del Servicio de Hematología y el Área de Investigación del centro, con el laboratorio de terapia celular del Hospital Carlos Haya, la Facultad de Medicina de Málaga y la UGR, quienes centrarán sus investigaciones en células madre adultas.
tres caminos. Pero, ésta es sólo una línea de trabajo de un ambicioso proyecto en el quetambién está implicado el Banco de Tejidos malagueño, que se encargará de trabajar con células procedentes de cordón umbilical; mientras que el Instituto sueco de Kandinska lo hará con las embrionarias. De este modo, se garantizará el proceso de regeneración miocárdica con las células que lo hagan de la forma más efectiva y completa.

De hecho, el equipo de De Teresa ya ha realizando paralelamente un estudio clínico en pacientes para conocer los factores y el proceso por el que durante un infarto, la médula ósea genera células madre que el cuerpo pone en circulación a través de la sangre, pero que finalmente no consiguen llegar a los tejidos del corazón para regenerarlos. Por lo que se ha dado un paso de gigante para la actual fase del proyecto.

Las consejerías de Salud e Innovación, Ciencia y Empresa son las encargadas de financiar esta investigación, aportando 250.000 euros, “sólo para estos dos años”, apuntó el director general de Calida, Investigación y Gestión del Conocimiento de la Junta, Antonio Torres, pues es muy difícil que los grandes laboratorios farmacéuticos inviertan, ya que no detectan en las células madre adultas una oportunidad de generar importantes beneficios.

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La terapia celular se aplicará a pacientes que hayan sufrido un infarto en cinco años

La terapia celular se aplicará a pacientes que hayan sufrido un infarto en cinco años
Una nueva vía de estudio con células madre de adulto se abre en el Clínico Enfermos de diabetes o de parkinson se beneficiarán de las investigaciones
ISABEL MURIEL/MÁLAGA

PRUEBA. Los especialistas confían en las investigaciones. / J. F. EFE

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TRES FRENTES ABIERTOS

TRES FRENTES ABIERTOS
Células de adulto: Se extraerán en el Hospital Clínico Universitario. Este nuevo proyecto supone una inversión de 250.000 euros, financiados por la Consejería de Salud y la de Innovación.

Células embrionarias: Suministradas por el Instituto Karolinska de Estocolmo.

Células de cordón umbilical: El material biológico se conserva en el Centro Regional de Transfusión Sanguínea de Málaga.

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A las personas que han sufrido un infarto se les abre un nuevo horizonte de la mano de las últimas investigaciones con células madre. Tanto es así, que el coordinador de la unidad de investigación de Medicina Regenerativa del Hospital Clínico Universitario de Málaga, Jesús González, calculó ayer que en cinco años se podrá aplicar la terapia celular a este tipo de pacientes. Esta línea de investigación es novedosa en todo el mundo, ya que en otros países como Estados Unidos se desarrollan medidas similares, pero dirigidas a los pacientes con lesiones agudas.

Los investigadores trabajan en tres frentes: células de adulto extraídas en el Hospital Clínico, células embrionarias suministradas por el Instituto Karolinska de Estocolmo y células de cordón umbilical que se conservan en el Centro Regional de Transfusión Sanguínea de Málaga.

En principio los estudios están encauzados sólo a conocer y no a tratar. El director general de Calidad, Investigación y Gestión del Conocimiento de la Consejería de Salud de la Junta, Antonio Torres, explicó ayer el procedimiento en las futuras investigaciones: «El fin de estos estudios es aumentar y mejorar el número de EPC o células precursoras endoteliales. Lo que pretendemos es comprobar cómo reacciona el cuerpo del paciente; por tanto, en esta primera fase no existe manipulación celular.», sostuvo. Desde comienzos de mes se extraen muestras de células a unos 20 pacientes infartados. para realizar estas pruebas.

Éxito precedente

De cualquier modo, las esperanzas son consistentes, ya que la aplicación de la técnica de regeneración celular en ratones ha sido un éxito. En este sentido, la catedrática de Anatomía Humana de la Facultad de Medicina en la Universidad de Granada, Antonia Aránega, añadió que a medio o largo plazo la regeneración miocárdica en personas puede ser una realidad. «La aplicación podrá realizarse a pacientes con infartos pero también podrán utilizarse para personas que sufren parkinson, diabetes o calvicie», sostuvo.

Las investigaciones están financiadas por la Consejería de Salud y la de Innovación, Ciencia y Empresa y cuentan con un presupuesto de 250.000 euros. A este respecto el jefe del servicio de Cardiología del Hospital Clínico, Eduardo de Teresa, lamentó la falta de apoyo de las entidades privadas en estos trabajos.
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El signo de los cuatro

PUERTA REAL
El signo de los cuatro
JOSÉ VICENTE PASCUAL/

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CREO que no conozco a Manuel Valle. Puede que alguna vez hallamos coincidido, pero de momento no ubico. Intuyo que es un investigador vinculado a la universidad de Granada, y sé de muy buena tinta, la misma tinta que empapa de excitante aroma a las obras recién sacadas de imprenta, que es autor de un ensayo enciclopédico sobre novela policial, lectura que me tiene encandilado desde hace semanas y que consta de cuatro enjundiosos volúmenes: La ciencia como ficción sentimental (Conan Doyle); Historias sin historia de la naturaleza humana (Ágatha Christie); El tewd y la seda (Dashiell Hammet); y Alma, corazón y vida (Raymond Chandler). La editorial La Vela y el animoso y sin duda incombustible José Antonio García Sánchez, Murciano para los amigos y enemigos, son responsables de la empresa, este singular y aventurado hallazgo.

Que un ensayista procedente del mundo académico emplee la ingente, colosal cantidad de tiempo, documentación, esfuerzo, erudición, análisis y amena exposición sobre tema tan popular, ya merece de por sí la atención de los lectores. El género, desde la pupl fiction americana al costumbrismo anglosajón que se expresa elocuente en novelas-enigma, siempre se ha considerado como menudencia literaria, en todo caso punto y aparte entre obras serias que aportaría entretenimiento y evasión al lector culto. Sin embargo, ningún escritor de nuestra época ha eludido la seducción de la novela policial como expresión rotunda de que la literatura o es conocimiento y emoción o no es nada. Consciente y ambicioso, como debe ser, en torno a este fenómeno de masas que subyuga a los autores más exquisitos, Manuel Valle traza un campo de acción vastísimo y prometedor, un minucioso recorrido por los cuatro autores (y sus respectivos personajes), que sin duda pueden considerarse señeros en esta especialidad de la novela contemporánea. Ese es otro de los grandes aciertos, o por decirlo mejor, contundentes méritos de la magna obra; y lo de magna es literal, hablamos de unas 1500 páginas de itinerario por la apasionante geografía de la literatura criminal. Por último, es obligatorio admitir el gozoso estupor ante el hecho de que una obra de este calado y entidad, con visos de definitiva y de sentar magisterio sobre el tema para futuras generaciones, haya sido concebida, escrita y publicada en nuestra ciudad. Lo que me lleva de inmediato a una urgente reflexión. No es cierto que la publicación de libros, en Granada, se encuentre anquilosada, menguada por la escasa potencia de nuestra industria editorial, apocada ante el vigor apabullante de las grandes corporaciones del gremio. Autores, en todos los ámbitos, léase poesía, narrativa, ensayo… los hay como en todas partes, de mérito innegable. Y editores, cuando media la voluntad de hacer las cosas bien y con real vocación de poner en las librerías títulos valiosos, se encuentran. No es que abunden, precisamente, pero haylos.

Como escritor vinculado a esta ciudad desde hace cuarenta y muchos años, de vez en cuando me siento orgulloso de algunos libros aparecidos en nuestro entorno inmediato. Fue el caso de El segundo hijo del mercader de sedas, de Felipe Romero; del Paseo naif por las iglesias de Granada, redactado por Felipe sobre maravillosos cuadros de la no menos maravillosa Maripi; de África en el corazón, de Manolo Villar Raso… y no sigo porque me entran tentaciones de hablar de la parte que me toca, sobre todo si recuerdo al negro esclavo del duque de Sessa que entre Murciano, el profesor García Marín y, humildemente, un servidor, sacamos del olvido, creo que para siempre. El signo de los cuatro es la última alegría, gozada sin paliativos, que colma mis horas nocturnas de lector insomne. Es verano, son las cuatro y veinte de la mañana y leo sobre Conan Doyle investigado desde Granada. ¿Se puede querer más? Seamos razonables: más, no se puede pedir. Ni en Granada ni en ningún otro sitio.
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José Tito Rojo: «El ‘carmen blanco’ es un ejemplo de jardín de las vanguardias»

José Tito Rojo: «El carmen blanco es un ejemplo de jardín de las vanguardias»
Un curso de la UGR y la Fundación Rodríguez-Acosta analiza el fenómeno.«Granada es un lugar fundamental en la historia de la jardinería»
BRÍGIDA GALLEGO-COÍN/GRANADA

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En las primeras décadas del siglo XX se construyen en España, y especialmente en Granada, numerosos jardines la mayoría de ellos fieles a la estética regionalista. Es el momento en que Europa recupera los estilos jardineros nacionales y, paralelamente, se plantea la posibilidad de construir jardines modernos emparentados con los movimientos estéticos de las vanguardias.

El curso Jardines en el tiempo de las vanguardias, que comenzó ayer en nuestra ciudad, trata de analizar este fenómeno «que tiene en Granada pocos ejemplos, pero de vital importancia para la estética del paisaje de la ciudad, como el carmen blanco del pintor José María Rodríguez Acosta o los jardines que Torres Balbás hace en la Alhambra y el Generalife», explica José Tito Rojo, conservador del jardín Botánico de la Universidad de Granada y director del curso. «Son jardines -añade- que dialogan con el cubismo, el surrealismo, el art decó».

El carmen de la Fundación Rodríguez-Acosta es un ejemplo de jardín de las vanguardias. «Se trata de la obra singular de un artista que aporta su visión personal de la tradición jardinera granadina, y la mezcla con lo que a él le gusta de los jardines que ha visto en Europa. El resultado es un jardín moderno con raíces granadinas», explica Tito Rojo.

El carmen del pintor Rodríguez Acosta marcó todo un hito en su tiempo como jardín moderno español. «A los amantes del jardín los dejó alucinados. Antes de que estuviera concluido ya aparece como ejemplo de jardín moderno español en cinco libros extranjeros, algo que no se ha dado nunca en la historia de la jardinería. Generó una enorme expectación».

Adelantados a su tiempo

Respecto a la impresión que los jardines del carmen blanco causaron en Granada, José Tito asegura que gustaron «porque eran unos jardines bellísimos, aunque algunos granadinos que reivindicaban el jardín costumbrista lo miraban con recelo, porque no les parecía granadino».

Sin embargo, estos jardines están hoy de plena actualidad «porque estuvieron adelantados a su tiempo, son una fabulosa mezcla de tradición y modernidad. Tenemos en Granada el eslabón perdido de la jardinería española».

En opinión de Tito Rojo, se trata de «un jardín muy pensado que establece un diálogo entre lo femenino y lo masculino. Hay un jardín de Venus y un jardín de Apolo enfrentados y unidos por un eje. Es un jardín que dice cosas».

El curso, organizado por la Universidad de Granada y la Fundación Rodríguez-Acosta cuenta con ponentes españoles y extranjeros de primera categoría.

Entre ellos, Monique Mosser, profesora de la Escuela de Arquitectura de Versalles y la gran historiadora del jardín del siglo XX; Luigi Zangheri, autor del libro El jardín islámico y director del Comité Internacional de Jardines Históricos, o Jacques Repiquet y Cecile Briolle, restauradores de uno de los jardines cubistas europeos más importantes, la Villa Noailles.

Mesa redonda

Una mesa redonda para discutir cómo hacer hoy jardines será el colofón de este curso, una extensión del Master de Paisajismo de la Universidad de Granada -pionero en Andalucía- que en septiembre comenzará su quinta edición.

Según Tito Rojo, hoy en día «el mundo del jardín está en constante ebullición, buscando caminos, la gente se pregunta qué hacer y yo creo que es bueno hacer, precisamente, lo que hizo Rodríguez Acosta».

Granada es un excelente lugar para este tipo de iniciativas. «Ocupa un lugar fundamental en la historia de la jardinería ya que cuenta con buenos ejemplos de todo tipo de jardines», comenta Tito Rojo.
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La ópera de Manuel García ‘El califa de Bagdad’ abrirá el festival de 2007

La ópera de Manuel García El califa de Bagdad abrirá el festival de 2007
Casi 56.000 espectadores acudieron a los 127 actos del programa oficial y el FEX.Gámez afirma que el certamen deja este año en Granada 2,5 millones de euros
INÉS GALLASTEGUI/GRANADA

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El festival de 2007 se abrirá con la ópera El califa de Bagdad, del cantante y compositor sevillano Manuel García (1775-1832), poco conocido aunque en vida fuera «el Plácido Domingo del siglo XIX» y cosechara grandes éxitos en Europa y América. Así lo anunció ayer el director del Festival Internacional de Música y Danza, Enrique Gámez, tras realizar un balance muy positivo de la edición que acaba de clausurarse. Casi 56.000 espectadores acudieron a los 127 conciertos y espectáculos programados, tanto gratuitos como de pago, que lograron una ocupación media del 98,7%. Según el director, el evento cultural más importante del año dejó en la ciudad 2,5 millones de euros, entre los gastos realizados por los espectadores de fuera de la ciudad (un 22% del total) y los implicados en la propia organización.

Respecto al avance de la programación para 2007, Gámez advirtió que se trata sólo de previsiones. Aparte de la recuperación de El califa de Bagdad, a cargo de Les Talents Liriques de Christophe Rousset, adelantó que habrá tres conciertos de la Orquesta de París, dos de ellos dirigidos por su titular, Christophe Eschenbach, y un tercero a cargo de Josep Pons. Y como en las últimas ediciones cerrará Daniel Barenboim y su Staatskapelle de Berlín. Se estrenará una producción encargada por el propio festival, pero su director no quiso revelar quién es el compositor.

Enrique Gámez insistió en que su intención no es aumentar el número de actividades, sino su calidad. En cuanto a nuevos escenarios, confió en agregar la Iglesia de San Juan de los Reyes -«una impresionante sala de conciertos en el Albaicín», siempre que la curia permita que en ella se interprete música no religiosa- y la qubba del Cuarto Real de Santo Domingo. También se podrían excluir recintos que «no han dado todas las facilidades» para la celebración de los conciertos.

Balance

El responsable del festival compareció ayer en rueda de prensa armado de decenas de cifras para avalar su satisfacción por la marcha del festival que se desarrolló del 23 de junio al 9 de julio. Los espectadores del programa oficial (31.647) superaron en número a los del FEX (24.150) en esta 55ª edición. Aumentó el número de espectáculos: fueron 127, de ellos 49 oficiales y 78 fextivaleros. La recaudación en taquilla -641.400 euros, frente a 482.000 en 2005- representa un 16% del presupuesto global, que fue de 3.870.000 euros.

La ocupación de los recintos de pago, con una media del 98,7%, fue similar. No obstante, Gámez matizó que estas cifras varían año a año en función del programa: el aforo del teatro del Generalife, que acoge la danza, es superior al del Palacio de Carlos V, donde se realizan los conciertos sinfónicos.

Enrique Gámez subrayó la importancia del festival, no sólo como evento cultural, sino también como acontecimiento que genera riqueza en la ciudad. Según el «estudio sociológico» que cada año realiza un grupo de investigación de la Universidad de Granada mediante entrevistas a los espectadores del festival, el 22% de los espectadores procede de fuera de la provincia y, de ellos, el 80% viene a Granada expresamente para asistir a los conciertos. La estancia suele oscilar entre dos y cuatro días y el gasto medio ronda los 223 euros diarios.

Gámez resaltó que si al gasto de los espectadores se suma el que realiza el propio festival -que invierte en imprentas y floristerías, azafatas y mensajeros, entre otros muchos sectores de la ciudad- la cantidad resultante alcanza los 2,5 millones de euros.

El director del festival agradeció el trabajo de su equipo y el apoyo de las instituciones, los patrocinadores y los medios de comunicación. En cuanto al público, aseguró que todos los artistas habían comentado su «calidad, atención, puntualidad, silencio y participación». «Granada es una ciudad culta, abierta y respetuosa con todas las manifestaciones artísticas», concluyó.
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Represión, miedo y silencio: la Desmemoria Histórica

Represión, miedo y silencio: la Desmemoria Histórica

Enrique González Duro
Rebelión
Conferencia pronunciada en el marco de las “Jornadas de Memoria Histórica y Reconstrucción de la Paz”, organizadas por el Instituto de la Paz y los Conflictos (Universidad de Granada), el Foro por la Memoria de Granada y Acción Alternativa, los días 28 y 29 de junio de 2006.

La represión franquista durante la guerra civil y la posguerra española fue mucho mayor de lo que los militares rebeldes podrían “justificar” en tanto que necesaria para la consecución de la victoria. Así, en las provincias en las que el Movimiento triunfó desde el primer momento y sin apenas resistencia (Burgos, Valladolid, Navarra, La Coruña, Pontevedra, Cádiz, Huelva, Sevilla, etc.,), la violencia que se ejerció sobre las autoridades republicanas, sobre los militantes de izquierdas, sindicalistas, masones, simpatizantes del Frente Popular o sospechosos de serlo, fue implacablemente sistematizada: detenciones masivas, torturas, vejaciones, trabajo forzoso, encarcelamientos en campos de concentración o en las numerosas cárceles habilitadas, “paseos“, sacas, ejecuciones por condena de los consejos de guerra sumarísimos por delitos de rebelión (“el derecho al revés”), depuraciones profesionales, incautaciones de bienes, etc. Era lo que figuraba en las instrucciones reservadas del General Mola, organizador de la conspiración para el golpe de estado: “La acción ha de ser en extremo violenta […] Hay que extender el terror, hay que dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos a todo el que no piense como nosotros”. Ese plan de exterminio se fue aplicando durante la guerra en todas las zonas que iban siendo “liberadas” por las tropas “nacionales”, y luego en la posguerra.
Cuando a finales de julio de 1.936 Franco, al mando del Ejército del Norte de África, esperaba pasar el Estrecho de Gibraltar, un periodista norteamericano le preguntó cuánto duraría la matanza, ahora que el golpe militar había fracasado. Franco le respondió: “No puede haber acuerdo ni tregua. Seguiré preparando mi avance sobre Madrid. Tomaré la capital. Salvaré a España del marxismo a cualquier precio”. Cuando el periodista le replicó: “¿Significa eso que tendrá que matar a media España?”; un Franco sonriente le respondió: “Le repito, a cualquier precio”. En Sevilla se instaló el feroz Queipo de Llano: los cadáveres se amontonaban, las cárceles estaban atiborradas y patrullas de caballistas realizaban frecuentes “razzias”, en las poblaciones cercanas, al tiempo que él aterrorizaba a toda Andalucía con sus siniestras charlas radiofónicas. Gran parte de la población estaba realmente aterrorizada y pretendía vanamente no enterarse de lo que estaba pasando. Una mujer de Sevilla, por ejemplo, recuerda los días que siguieron a la ocupación del barrio obrero en que vivía: “Pasamos cinco días sin salir de casa para nada […]. Había fusilamientos en el paredón, justo delante de donde vivíamos. Pero yo no los veía. Algunos se despertaban por la mañana para ver a quién habían matado. Los dejaban allí dos o tres horas para que la gente los pudiera ver […]. Los camiones cargados de gente en dirección al cementerio también bajaban por mi calle […]. Pero tampoco queríamos verlos. Cuando sonaban los disparos por la noche nos tapábamos los oídos”. Nadie preguntaba nada porque eso podía implicarle. Era el miedo en estado puro…

Desde Sevilla las columnas africana enviadas por Franco avanzaban rápidamente por Extremadura, llenando de sangre los pueblos que iban tomando y enterrando los cadáveres en fosas comunes cercanas a la carretera. La intimidación y el uso del terror, denominados eufemísticamente “castigo“, estaba especificada en las órdenes que llevaban. La mayor carnicería tuvo lugar el 14 de agosto de 1.936 en Badajoz, donde más de dos mil prisioneros fueron masacrados en la plaza de toros. Tres días antes Franco había enviado una misiva a Mola en la que revelaba su voluntad de purgar de enemigos todo el territorio ocupado, lo que le parecía más importante que una victoria rápida. No tenía ninguna prisa en tomar Madrid, lo que probablemente supondría el fin de la guerra, y prefería una guerra larga, largamente exterminadora de todo adversario posible. A primeros de Septiembre cayó Talavera de la Reina, con la consiguiente masacre. El 21 del mismo mes Yagüe tomó Maqueda, y Franco tomó una decisión aparentemente desconcertante: desvió sus tropas de la ruta hacia Madrid, que comenzaba a fortificarse, y las dirigió hacia Toledo para liberar el Alcázar, asediados por las milicias republicanas. El 27 de septiembre liberó el Alcázar, con el consiguiente efecto propagandístico ante la opinión pública mundial, “chocada” por la pasada matanza de Badajoz. Un día después el alto mando nacionalista confirmó a Franco como Generalísimo de los Ejércitos Nacionales y le confirió el cargo de Jefe de Estado. Inmediatamente, asumió la dirección de la guerra de exterminio tal como él deseaba y comenzó la construcción de un Nuevo Estado en Burgos, haciendo cierta la predicción de historiador republicano José Castillejo: “La guerra, el pánico, la miseria y la memoria de los crímenes horribles van a impedir la libertad durante mucho tiempo”.

Al comenzar la guerra, los sublevados eran incapaces de ponerse de acuerdo sobre la forma constitucional que hubiesen podido poner a la República, pero compartían algunas ideas reaccionarias. Se unificaron en la idea de la vuelta a una España idealizada, a la fuente de la patria y a la hispanidad. Entonces su justificación se hizo primeramente en base a negarle a los adversarios la calidad de españoles. Si se consideraban caducadas las instituciones republicanas, era “porque favorecían el desorden y la revolución”, algo contrario a lo español. Para los militares España era una, eterna y bien ordenada, tierra de tradiciones, religión y orden, una nación organizada y no política. Por consiguiente, cuando el desorden se convirtió en revolución y la sublevación en guerra, se hizo indispensable insistir en la expulsión del adversario fuera de lo español. Siendo la revolución extraña al alma del país, los revolucionarios eran extranjeros. Fueron designados “los rojos”, siendo los comunistas privilegiados después por la propaganda: además de ser enemigos de los valores españoles, aparecían más claramente como “agente del extranjero” e intoxicadores de las incultas clases populares.

La inversión también se situaba en el terreno religioso: el enemigo era impío, quemaba iglesias, quería destruir la esencia de la España tradicional y representaba la Anti-España. Con el apoyo de la jerarquía católica se desarrolló el tema de la cruzada, que ayudó a fijar una nueva ideología con los elementos comunes a todos los sublevados: la patria y la religión. Múltiples propagandistas difundieron esta ideología, en el centro de la cual se situaba el Caudillo, enviado por Dios para salvar España y a la civilización cristiana. De la misma manera que, antes del 18 de julio, se atribuía la responsabilidad del desorden público a los sindicatos y a los partidos de izquierda, fue fácil ver la guerra como una agresión comunista. La deslegitimación del campo heterogéneo del adversario residía en la proyección de una imagen tópica construida alrededor de la noción de “rojo“. La categoría abarcadora de “rojos” se podía declinar en “rojo-separatista” o “rojo-masón”, o bien “republicano”, compañero de viaje. Los rojos no eran el movimiento obrero ni la pequeña burguesía ilustrada, sino esas “hordas salvajes” marxistizadas por agentes del comunismo internacional. No había que tener piedad con ellos… Franco vendía la imagen de baluarte frente a la “barbarie roja”, aunque la denuncia republicana del fuerte apoyo que recibía de las potencias del Eje le obligó a situar el enfrentamiento en el terreno de la defensa patriótica y de la religión católica, esencia de la españolidad: aquello no era una guerra civil, ni mucho menos una guerra de clases. Apenas era una guerra, sino una cruzada contra el comunismo, o en todo caso “una guerra de liberación nacional” contra la invasión extranjera y la “lepra roja”. Así se fijaba la frontera indestructible entre “nosotros” (los buenos) y “ellos” (los malos), sin paliativos y sin posibilidad de mediación alguna. Ni los obispos la querían.

El primero de abril de 1.939, con el ejército rojo preso o exiliado, Franco obtuvo una resonante victoria, que suponía la rendición incondicional y la sumisión completa del enemigo. No pocos republicanos, combatientes o no, se alegraron un tanto ingenuamente porque supusieron que eso significaba el fin de la cruenta violencia y de tantas privaciones, y porque creyeron lo que la propaganda franquista había difundido por doquier: no habría represalia para los que tuvieran las manos “limpias de sangre”. Incluso muchos de los que se habían exiliado volvieron al cabo de poco tiempo, porque no habían tenido buena acogida en el extranjero, porque el quedarse fuera implicaba un delito cuyas consecuencias pagarían con creces sus propios familiares o porque literalmente fueron puestos en la frontera por el gobierno colaboracionista francés: no sabían que les esperaba la ejecución, la cárcel o, cuando menos, la libertad vigilada por la policía. Muchos republicanos volvieron a sus casas, a sus pueblos de origen, donde serían rechazados como apestados, vejados, detenidos, torturados y encarcelados, otros optaron por echarse al monte, o convertirse en “topos” -también los había en la antigua zona nacional-, ocultados durante años y años en increíbles escondrijos: cuando al fin pudieron salir, algunos habían enloquecido. Todo había sido una vil engañifa propagandística…

Al final de la guerra, todos los combatientes republicanos y muchos significados políticos fueron llamados o buscados e internados en los numerosos campos de concentración distribuidos a lo largo y a lo ancho de todo el país, en pésimas condiciones de habitabilidad e higiene (sin apenas comida, a veces sin agua, sin techo para cobijarse, vejados por los guardianes y por las frecuentes visitas de falangistas y familiares de víctimas nacionales para identificarlos y “sacarlos”, en atroz hacinamiento, con sarna y expuesto a toda clase de enfermedades). Se trataba de clasificarlos, con una lentitud agobiante, en cuatro categorías, una de las cuales era la de Adictos al Movimiento: para demostrarlo tenían que haber sido combatientes no voluntarios y presentar los correspondientes “avales “de “personas de orden”, o del jefe de Falange, el Comandante de puesto de la Guardia Civil y el cura; y aún así tenían que incorporarse a filas para hacer el servicio militar. Muchos más fueron encarcelados, previo paso por la comisaría de policía o el cuartelillo de los falangistas -donde fueron ferozmente torturados durante semanas o meses-, para ser procesados por los juzgados militares y condenados a muerte o a largos años de prisión. Se cebaron especialmente con los militares republicanos: creyeron que sus antiguos compañeros de armas iban a ser benévolos con ellos, teniendo en cuenta además que en su mayoría eran católicos fervientes. Se equivocaron del todo: considerados traidores, fueron de los primeros procesados, juzgados en consejos de guerra sumarísimos, condenados a muerte y ejecutados con la mayor brevedad posible. No se libraron de la purga ni siquiera algunos militares que habían combatido en el bando franquista, siendo cuando menos expulsados del ejército por sus antecedentes masones.

En realidad, la desaparición no significaba el final de la guerra: de hecho el estado de guerra se mantuvo hasta el año 1.948. Había habido una guerra civil, y la naturaleza del conflicto había residido sobre todo en la definición de la forma de sociedad, de la forma misma de la ciudadanía, de la ideología. Porque lo que estaba en juego era sobre todo una cuestión social, los vencedores debieron seguir batallando. Los soldados no tenían más territorio que ocupar, pero el General que los mandaba y sus aliados (falangistas, carlistas, monárquicos, eclesiásticos, conservadores tradicionalistas y gente que había hecho un “pacto de sangre” -¿sangre de quién?- con Franco no habían terminado con el adversario). Por eso dijo Franco que “la paz no existe, la paz es la constante preparación para la guerra“. Y por eso todas las noches el “parte” de Radio Nacional, que los españoles debían oír en posición de firmes y con el brazo en alto, repetía la misma cantinela: “¡Españoles, alerta! España sigue en guerra contra todo enemigo del interior o del exterior, perfectamente fiel a sus caídos”. No se habla de paz, ni mucho menos de reconciliación, sino de victoria, una victoria que jactanciosamente exhiben los vencedores uniformados: falangistas de camisa azul, carlistas de boina roja, guardias civiles, curas, monjas, las muchachas del Auxilio Social o de la Sección Femenina y muchos que lucen emblemas del nuevo régimen tal vez para no resultar sospechosos. Una nueva palabra identificaba al enemigo, una palabra que podía resultar peligrosa para quienes se les atribuyera: “desafecto”. Los desafectos no salían a la calle o de su barrio, a no ser en busca de comida, porque iban muy mal vestidos y podían ser identificados. En la Gran Vía de Madrid estaba prohibido circular sin chaqueta ni corbata. Los periódicos, absolutamente controlados por el nuevo régimen, atizaban el fuego, repetían machaconamente los tremebundos estragos que los republicanos habían cometido en la guerra y por los que debían pagar, alentando a la delación. La victoria era casi la única fuente de legitimación del franquismo. Por eso era continuamente referida y celebrada.

Pero el discurso de la victoria constantemente renovado, cultivaba la retórica de la nostalgia como medio de remoralización y reconstrucción nacional, de recuperación o vuelta a un pasado mítico (El Cid, Los Reyes Católicos, Felipe II, etc.); una retórica de la obediencia como fundamento de la vida política. La historiografía franquista se planteaba junto a la glorificación de Franco, una identificación infantil y narcisista con el pasado perdido, que chocaba con un hipotético duelo que significaba el reconocimiento implícito de su radical alteridad, de su singularidad, de su anacronismo. Y aunque Franco mantuvo en pie de guerra un ejército de un millón de hombres, con vistas a una posible alianza con Hitler como medio de recuperar parte del viejo imperio español, el discurso fascistoide e imperial resultaba cada vez más incongruente con la creciente penuria económica del país, el hambre de la mayor parte de la población, la cartilla del racionamiento, la falta de abastecimientos, el “estraperlo”, el enriquecimiento súbito de muchos jerarcas del régimen, la ruptura de la familia, la prostitución, la orfandad de tantos niños, la apabullante mendicidad, la corrupción generalizada a todos los niveles.

Así la reconstrucción nacional del Orden Nuevo era prácticamente imposible, por lo que pretendió fundamentarse en la exaltación de lo espiritual, de lo religioso y de lo milagrero; en la moralización de las costumbres y en el exterminio y el silencio de los desafectos. Mientras se concedía a los vencedores vivos o muertos, derechos exclusivos sobre los sentimientos patrióticos, la autojustificación, la sensación de comunidad y sentido del sacrificio, amén del reconocimiento público, de la preferencia en el empleo, de la pensión como caballeros mutilados o ex-cautivos, la lápida de los “caídos” en las iglesias, etc., el “luto republicano” tenía que ser reducido al ámbito de lo muy privado, porque expresarlo públicamente era considerado como un crimen que sólo podía ser redimido por la aceptación del pecado y del castigo. Los republicanos que no estaban en el exilio, en la cárcel o en una fosa común, tenían que “olvidar” su pasado inmediato, aislarse, renunciar a todo sentimiento de pertenencia social y callar siempre. Callar incluso dentro de su propio hogar, porque los hijos iban al colegio o al Auxilio Social y podían contarlo todo. En familia no se podía hablar de la guerra civil. Los que no estaban casados debían hacerlo, bautizar a los hijos, verles cantar el “Cara al Sol” y hasta vestirse de falangistas. Iban incluso a misa y asistían a celebraciones religiosas y patrióticas para no despertar la sospecha de la muchedumbre de delatores, estimulados por el propio régimen, con el que querían congraciarse. No se podían fiar de nadie, pues hasta en los bares y cafés había infiltrados de la policía, que podían denunciarlos incluso por no colaborar en las numerosas cuestaciones que se hacían, o por no saber disimular su alegría por las victorias de los aliados. Cualquiera podía ser detenido por la vía gubernativa y pasarse meses en la cárcel sin cargo alguno. Había que tener mucho cuidado con lo que se hablaba, con lo que se escribía en las cartas familiares, con lo que se decía por teléfono, porque todo estaba absolutamente controlado. De modo que lo mejor era quedarse en casa, trabajar si era posible y no hablar con nadie. El “luto” reducido a lo estrictamente privado era lo menos doloroso para los que habían sido republicanos, o era una simple cuestión de supervivencia, pero a la larga podía aumentar el daño psicológico, la duda, la culpa, o el arrepentimiento. Ellos mismos podían ser los culpables de lo que les había pasado. Está psiquiátricamente comprobado que el acosado que no señala, nombra o denuncia a su agresor, interioriza el conflicto, pierde autoestima e identidad. Imposible hacerlo en aquellos tiempos en que la guerra se prolongaba a través de la guerra simbólica. Los pocos que resistían trataban de reorganizarse, corrían gravísimos peligros, pero ganaban dignidad.

El silencio también se lo auto-impusieron muchas familias conservadoras y de derechas. Todas tenían algún pariente que había “desaparecido”, que había sido ejecutado, que estaba en la cárcel o en el exilio. No era conveniente hablar de ello, podía fracturar la armonía familiar y no era acorde con los nuevos tiempos. Tampoco nadie se sentía obligado a comprender a los “equivocados”, porque un manto de pudor, de pensamiento ortodoxo, de temor de Dios y de rancia religiosidad encubría todo. Y, sin embargo, la guerra civil permaneció durante muchísimo tiempo en el imaginario colectivo de la gente, como una oscura nebulosa nada fácil de descifrar. Naturalmente, a ello contribuía decisivamente la estricta censura, que no toleraba la menor disidencia de la verdad oficial. Juan Benet, en su novela Volverás a Región, iniciada a comienzos de los años 50 y no publicada hasta 1.967, se refería a la gente de un remoto país -¿España?- que había “optado por olvidar su propia historia: muy pocos deben conservar una idea veraz de sus padres, de sus primeros pasos, de una edad dorada y adolescente que terminó de súbito en un momento de estragos y abandono”. Como en la novela, los niños que crecieron en la dura posguerra, especialmente los de familias republicanas, no se sometían a la estrategia del olvido de los adultos que combatieron en la guerra, porque en su memoria reciente quedaron grabadas experiencias que, por su aparente y desagradable absurdidad, no podían ni querían olvidar. Y el rememorar es parte de la supervivencia psicológica, y es bueno para la introspección y la comprensión de la realidad. “Mi madre nos decía: no digáis nunca que han matado a tu padre. Pasaron años y nadie iba a nuestra casa porque estábamos fichados […]. Mi hermanito de tres años no podía salir a la calle porque los niños le decían: te vamos a matar como a tu padre”.

¿Cómo se puede olvidar eso? Era el comienzo de una ruptura generacional en una familia ya fracturada: los niños querían saber, pero nadie satisfacía su curiosidad, porque de la guerra no se podía hablar y la verdad oficial no convencía a casi nadie.

En la posguerra el tiempo parecía detenido, estancado. Aunque las cárceles se fueron vaciando por sucesivos indultos, los excarcelados seguían controlados por las comisiones sobre la libertad condicional e incluso podían ser deportados. La dura represión continuaba especialmente contra los comunistas, que no cesaban de tratar de organizar la resistencia pese a sus frecuentes caídas, y contra los guerrilleros que fueron masacrados casi en público, juntamente con sus familiares y enlaces. El gobierno se empeñó en acabar con ellos a toda costa y como fuese, lo que no logró hasta pasado el año 1.950. Luego, la posición de Franco se fue consolidando cada vez más, hasta convertirse en una figura clave en la defensa de Occidente. En 1.959 se cambió la política económica y se inició el desarrollo, en buena parte financiado por las divisas que aportaban los turistas y las que enviaban los millones de españoles que trabajaban en el extranjero. Pronto el mito del “milagro económico” desplazaría el mito de la cruzada. En 1.964 se hizo un enorme esfuerzo propagandístico para celebrar, no ya la victoria, sino los “veinticinco años de paz”. La paz significaba en ese año el orden: el control social siguió siendo más importante que la representación, aunque el control a través de la familia, la escuela y el sindicato vertical resultaba cada vez más difícil, cuando no inoperante. La paz debían seguir manteniéndola las fuerzas de seguridad. Pero, a pesar del inmovilismo del régimen, la sociedad española había ido evolucionando una ruptura, no sólo de la memoria, sino también en la narrativa de la identidad personal y colectiva. Ese cambio se debió a los efectos sociales desestabilizadores del “estraperlo” de los años 40 y a los efectos psicológicos de la emigración forzada por el hambre de los años 50 y continuada en los 60. A fines de la década de 1.950, miles de jornaleros sin tierra, arrendatarios y pequeños propietarios habían emigrado del campo a las grandes ciudades industrializadas, donde los “desafectos” podían pasar desapercibidos si no se dedicaban a otra cosa que a trabajar. Los recuerdos de la represión estaban aún muy vivos en los años 60, pero su valor político fue reorientado por la magnitud de un cambio que abría el futuro para los hijos. Para que los hijos progresasen, la generación anterior hubo de sacrificarse.

La resignación se mezclaba con una ligera crítica social compartida con muchos otros trabajadores, reforzando la disociación con el pasado y con la cultura del “pueblo”: “Desde luego, aquí estamos llenos de miseria, pero nada se puede comparar con lo que hemos pasado en el pueblo, enfermedades, hambre, frío y cada año un hijo”. Por lo menos, ahora los inmigrantes podían trabajar, aunque con salarios bajos y viviendo en chabolas, y los hijos tenían mejor porvenir. Durante los años 50 y 60, los inmigrantes rurales se vieron obligados a adoptar una nueva forma de vivir y otras maneras de relacionarse con los demás, saliendo del aislamiento coactivo que habían soportado. Dejaban atrás el pasado y miraban hacia el futuro. Pero la memoria se fue perdiendo casi del todo, aunque persistiesen los malos recuerdos. Lentamente, se fue generalizando un estilo de vida asociado a una incipiente sociedad de consumo y a una cultura de masas: crecía la apatía política y la tendencia a la evasión (el football, el cine, la canción folklórica, etc.). Aumentaba la amnesia colectiva con respecto a lo pasado, y se fue asumiendo el acuerdo tácito de que la guerra civil había sido una trágica locura, de la que todos los españoles habían sido culpables, porque los españoles eran casi congénitamente ingobernables, demasiado apasionados y poco preparados para la democracia. Pero seguía siendo difícil olvidar que el régimen político, tal como seguía funcionando, había nacido con los “castigos” de la guerra y de la posguerra y a costa de las libertades públicas. Una cierta sensación de pecado original, de frustración y de culpa persistió de algún modo mientras se mantuvo el poder franquista. Pero la aceptación de una corresponsabilidad abstracta de todos por lo que había sucedido, suponía justificar la “purificación” y la “purga” efectuada por la dictadura. Esta justificación quedó anticuada en el discurso oficial del régimen, y al cabo de tanto tiempo coincide con la posición actual de los grupos más conservadores, tan neofranquistas en muchos aspectos.

Ciertamente, las generaciones más jóvenes no sabían lo que había pasado en este país, no sólo porque los vencedores lo habían oscurecido y tergiversado, sino también porque los que tanto habían sufrido se guardaron la verdad para sí mismos y no quisieron o no pudieron transmitirla a sus descendientes. Era como si la evocación de los recuerdos trajera consigo los horrores de la guerra y que se repetiría afectando a los mismos de antes. Tras la victoria franquista prosiguió la política de exterminio, represión, depuración y “regeneración” de las víctimas, avalada por la chusca teoría de los fervorosos psiquiatras que abogaban por la higienización de la verdadera raza hispánica, bendecida por la iglesia. Era imposible que las propias víctimas fueran corresponsables de aquello, y sus descendientes biológicos o ideológicos no podían ser cómplices de la conspiración del silencio, ni del miedo impuesto por el régimen a través de una represión que nunca cesó. En todo caso, los españoles fueron prudentes, debiendo aprender que era mejor permanecer callados o desinteresados por las cuestiones políticas. El legado de la guerra y el duro disciplinamiento condujeron a una cierta forma de autocensura que aún, después de tanto tiempo, dura. Hasta finales de los años 80 no pudo iniciarse el movimiento, hoy imparable, de la recuperación de la memoria, en contra de la prolongada inercia y de la desmemoria histórica. Es vergonzoso que aún existan más de treinta mil desaparecidos de la guerra civil, y es sumamente penoso que a los jóvenes actuales se les trate de impedir el conocer un pasado que les fue amputado. El dolor persiste, aunque sea negado por los descendientes biológicos o ideológicos de los vencedores en aras de una reconciliación que nunca se ha efectuado. No se puede confundir la reconciliación con el revanchismo. Aquí y desde hace setenta años los revanchistas siempre han sido los mismos: “ellos”.

Enrique González Duro (La Guardia, Jaén, 1939), profesor universitario y psiquiatra. Con más de treinta años de labor profesional a sus espaldas, ha sido uno de los grandes renovadores de la psiquiatría en España. Colaborador habitual en diversos medios de comunicación es autor de numerosas obras. Actualmente trabaja en el hospital Gregorio Marañón de Madrid. Es autor entre otros títulos de Psiquiatría y Sociedad Autoritaria, Consumo de Drogas en España, Distancia a la locura, Treinta años de psiquiatría en España. Memoria de un manicomio, La paranoia. Franco una biografía psicológica, Historia de la locura en España, Biografía interior de Juan Ramón Jiménez, El miedo en la posguerra y La sombra del General.

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