EL PESO DETERMINA EL FUTURO DESARROLLO COGNITIVO DE LOS NIÑOS MUY PREMATUROS, SEGÚN UN ESTUDIO DE LA UAL

EL PESO DETERMINA EL FUTURO DESARROLLO COGNITIVO DE LOS NIÑOS MUY PREMATUROS, SEGÚN UN ESTUDIO DE LA UAL

Investigadores del Departamento de Neurociencia y Ciencias de la Salud de la Universidad de Almería y del Hospital Torrecárdenas están realizado una evaluación de las características físicas y neuropsicológicas de niños nacidos con menos de 32 semanas de gestación o que presentaron un peso inferior a 1.500 gramos al nacer –muy prematuros–. El objetivo principal de este proyecto, coordinado por Mª Dolores Roldán Tapia, de la UAL, es definir con precisión el origen del daño cerebral, que permitirá estimular de forma precoz el área afectada con el fin de conseguir un adecuado desarrollo cognitivo y motriz del individuo.

Las diferencias que se aprecian con mayor frecuencia entre los prematuros y los gestados normalmente durante nueve meses, se reflejan principalmente a nivel visoperceptivo, de memoria y movimiento que, posteriormente, se traducirán en una dificultad para el aprendizaje y la orientación espacial. Para ello se están estudiando las dificultades que poseen estos niños en su rendimiento cognitivo y en el desarrollo de las tareas perceptivas y ejecutivas.

Para el desarrollo de este estudio se está trabajando con una muestra poblacional constituida por 35 niños muy prematuros y, en igual número, por niños sanos, todos ellos nacidos entre el año 2000 y 2001 cuyos padres aprobaron su participación. Se ha cuidado con especial atención que tanto los niños como sus progenitores posean niveles educativos y sociales similares, ya que la estimulación que reciben en las primeras etapas de su vida influye de forma determinante en su posterior desarrollo.

Los resultados obtenidos hasta el momento apuntan que la variable determinante para la existencia de un daño cerebral de tipo reversible o irreversible es el peso que presenta el sujeto al nacer, por encima del tiempo de gestación. Los expertos afirman que una estimulación precoz del sistema nervioso central del individuo, desde su nacimiento hasta su completo desarrollo cognitivo a la edad de 16 años, en fetos que nacen con un peso superior a 1.500 gramos o muy prematuros, alcanzarán idóneos niveles de desarrollo cognitivo. Sin embargo, en niños que nacen con un peso inferior a 1.500 gramos para conseguir una adecuada madurez cerebral debe continuarse con esta estimulación durante todo su desarrollo.

Como complemento a este estudio, los investigadores almerienses están desarrollando un estudio epidemiológico en el que se trata de definir el porcentaje de niños muy prematuros que presentan deficiencia cerebral respecto al total de sujetos nacidos bajo las mismas características entre el periodo 2000-2001. Este estudio está financiado por la Fundación para la Investigación Biosanitaria de Andalucía Oriental-Alejandro Otero (FIBAO). Y a su vez, en colaboración con la Universidad de Granada, los expertos están desarrollando otra línea que trata de determinar la relación existente entre el déficit visoperceptivo y el nivel de razonamiento en niños muy prematuros.

En un futuro próximo, el equipo investigador de la Universidad de Almería pretende ampliar sus estudios incluyendo otras variables que pueden incidir de forma notoria en el desarrollo cerebral de los niños muy prematuros, como por ejemplo la diferencia manifestada a nivel cerebral entre bebés gestados en partos múltiples naturales e inducidos por técnicas artificiales, o la interacción entre prematuridad y malnutrición.
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60 niños participan en una jornada sobre software libre en la Facultad de Informática

60 niños participan en una jornada sobre software libre en la Facultad de Informática

Unos 60 niños familiares de personal de la Universidad de Granada participan en una jornada sobre el Software Libre en la Facultad de Informática con el objetivo de enseñar a los niños que existen otras alternativas al Software de pago.

Unos 60 niños participan desde primeras horas de la mañana en un curso de Software Libre que ha organizado la universidad de Granada. Las actividades han consistido en talleres de aplicaciones libres dirigidas a niños de entre 9 y 13 años.
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El peso determina el futuro desarrollo cognitivo de los niños muy prematuros, según un estudio de la Ual

El peso determina el futuro desarrollo cognitivo de los niños muy prematuros, según un estudio de la Ual

Investigadores del Departamento de Neurociencia y Ciencias de la Salud de la Universidad de Almería y del Hospital Torrecárdenas están realizado una evaluación de las características físicas y neuropsicológicas de niños nacidos con menos de 32 semanas de gestación o que presentaron un peso inferior a 1.500 gramos al nacer –muy prematuros–. El objetivo principal de este proyecto, coordinado por Mª Dolores Roldán Tapia, de la UAL, es definir con precisión el origen del daño cerebral, que permitirá estimular de forma precoz el área afectada con el fin de conseguir un adecuado desarrollo cognitivo y motriz del individuo.

Las diferencias que se aprecian con mayor frecuencia entre los prematuros y los gestados normalmente durante nueve meses, se reflejan principalmente a nivel visoperceptivo, de memoria y movimiento que, posteriormente, se traducirán en una dificultad para el aprendizaje y la orientación espacial. Para ello se están estudiando las dificultades que poseen estos niños en su rendimiento cognitivo y en el desarrollo de las tareas perceptivas y ejecutivas.

Para el desarrollo de este estudio se está trabajando con una muestra poblacional constituida por 35 niños muy prematuros y, en igual número, por niños sanos, todos ellos nacidos entre el año 2000 y 2001 cuyos padres aprobaron su participación. Se ha cuidado con especial atención que tanto los niños como sus progenitores posean niveles educativos y sociales similares, ya que la estimulación que reciben en las primeras etapas de su vida influye de forma determinante en su posterior desarrollo.

Los resultados obtenidos hasta el momento apuntan que la variable determinante para la existencia de un daño cerebral de tipo reversible o irreversible es el peso que presenta el sujeto al nacer, por encima del tiempo de gestación. Los expertos afirman que una estimulación precoz del sistema nervioso central del individuo, desde su nacimiento hasta su completo desarrollo cognitivo a la edad de 16 años, en fetos que nacen con un peso superior a 1.500 gramos o muy prematuros, alcanzarán idóneos niveles de desarrollo cognitivo. Sin embargo, en niños que nacen con un peso inferior a 1.500 gramos para conseguir una adecuada madurez cerebral debe continuarse con esta estimulación durante todo su desarrollo.

Como complemento a este estudio, los investigadores almerienses están desarrollando un estudio epidemiológico en el que se trata de definir el porcentaje de niños muy prematuros que presentan deficiencia cerebral respecto al total de sujetos nacidos bajo las mismas características entre el periodo 2000-2001. Este estudio está financiado por la Fundación para la Investigación Biosanitaria de Andalucía Oriental-Alejandro Otero (FIBAO). Y a su vez, en colaboración con la Universidad de Granada, los expertos están desarrollando otra línea que trata de determinar la relación existente entre el déficit visoperceptivo y el nivel de razonamiento en niños muy prematuros.

En un futuro próximo, el equipo investigador de la Universidad de Almería pretende ampliar sus estudios incluyendo otras variables que pueden incidir de forma notoria en el desarrollo cerebral de los niños muy prematuros, como por ejemplo la diferencia manifestada a nivel cerebral entre bebés gestados en partos múltiples naturales e inducidos por técnicas artificiales, o la interacción entre prematuridad y malnutrición.
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La biógrafa de Alejandro Sawa evoca la miseria en que murió el escritor sevillano hace cien años

La biógrafa de Alejandro Sawa evoca la miseria en que murió el escritor sevillano hace cien años

La biógrafa de Alejandro Sawa, la profesora de la Universidad de Granada Amelina Correa, ha evoca las trágicas circunstancias en que murió este escritor sevillano, asediado por la pobreza, hambriento y enfermo, mañana hará cien años.

Su biografía se titula \’Alejandro Sawa. Luces de bohemia\’ porque, según asegura en una entrevista con Efe, \’en su muerte está la génesis de \’Luces de bohemia\’, el esperpento que Valle-Inclán escribió en 1920 impresionado por las dramáticas circunstancias de su triste final, a causa de una encefalitis acompañada de hambre, insomnio y locura\’.

\’\’Santa Juana\’, como llamaron a su abnegada esposa desde el propio Sawa hasta sus amigos más cercanos, cortó -recuerda Correa- un mechón del cabello de su difunto esposo, que todavía hoy se conserva en el legado del escritor\’.

La noticia llegó a tiempo a las redacciones de los principales periódicos de la capital, que se apresuraron a dedicarle, ese mismo día, sentidas necrológicas, ya que, desde su regreso a Madrid y tras sus años dorados en París, su prestigio literario no había hecho sino acrecentarse.

\’Su pluma seguía luchando en la denuncia de los males de España, en una actitud desolada y amarga, como su admirado Larra\’, según su biógrafa, quien ha presentado su libro en casi todas las capitales andaluzas y Madrid y estudia hacerlo en París, ciudad tan vinculada al \’poeta ciego\’.

Ese sentimiento de impotencia y frustración resultó generalizado entre los intelectuales de la época, \’y uno de los factores que influyeron fue el fracaso del modelo republicano, ante el que Alejandro Sawa reflexionaría con frecuencia en sus artículos periodísticos.\’

Según Correa, Sawa fue insobornable y \’señaló en voz alta la corrupción de los políticos y la ineptitud de los gobernantes; de él llegaron a decir que si su pluma tuviera dientes mordería y que si escribiera sobre política su domicilio sería la cárcel\’.

No en vano su firma apareció en la señera revista \’Germinal\’, de clara orientación socialista republicana, y en la progresista \’Don Quijote\’, entre otras que lucharon por la renovación del país.

Sawa, explica Correa, pese a sufrir \’ese mal tan común a ciertos intelectuales del fin de siglo, que era la falta de voluntad, se convirtió en un prolífico articulista desde su regreso a España, cuando frecuentó a Manuel Machado y Valle-Inclán, a quien acompañó a sus tertulias con Jacinto Benavente, con jóvenes como Martínez Sierra, Santiago Rusiñol o su todavía buen amigo Rubén Darío.\’

Correa añade que \’el bohemio químicamente puro, a quien todos recuerdan en sus últimos años de vida acompañado de perros lazarillo y fumando alguna de sus muchas pipas, tuvo, en efecto, una estrecha relación con Darío desde que fuese su anfitrión en París y le presentase al gran Verlaine, de cuyos versos fue Sawa el introductor en Madrid\’.

La controversia entre ambos autores se debió al encargo del nicaragüense a Sawa de una serie de ocho artículos, que se publicarían con el nombre de Rubén en el periódico \’La Nación\’ de Buenos Aires, y por los que, según Sawa, nunca le fueron abonadas las cantidades acordadas.

Este episodio no hizo sino acentuar aún más el calvario de un hombre que, a pesar de las dificultades, mantuvo casi hasta su muerte \’la apostura de un césar\’, según dejó escrito el también sevillano Rafael Cansinos Assens, que lo conoció en su última morada, envuelto en una sábana, al haber tenido que empeñar toda su ropa. Por Alfredo Valenzuela
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La biógrafa de Alejandro Sawa evoca la miseria en que murió el escritor sevillano hace cien años

La biógrafa de Alejandro Sawa evoca la miseria en que murió el escritor sevillano hace cien años

La biógrafa de Alejandro Sawa, la profesora de la Universidad de Granada Amelina Correa, ha evoca las trágicas circunstancias en que murió este escritor sevillano, asediado por la pobreza, hambriento y enfermo, mañana hará cien años.

Su biografía se titula \’Alejandro Sawa. Luces de bohemia\’ porque, según asegura en una entrevista con Efe, \’en su muerte está la génesis de \’Luces de bohemia\’, el esperpento que Valle-Inclán escribió en 1920 impresionado por las dramáticas circunstancias de su triste final, a causa de una encefalitis acompañada de hambre, insomnio y locura\’.

\’\’Santa Juana\’, como llamaron a su abnegada esposa desde el propio Sawa hasta sus amigos más cercanos, cortó -recuerda Correa- un mechón del cabello de su difunto esposo, que todavía hoy se conserva en el legado del escritor\’.

La noticia llegó a tiempo a las redacciones de los principales periódicos de la capital, que se apresuraron a dedicarle, ese mismo día, sentidas necrológicas, ya que, desde su regreso a Madrid y tras sus años dorados en París, su prestigio literario no había hecho sino acrecentarse.

\’Su pluma seguía luchando en la denuncia de los males de España, en una actitud desolada y amarga, como su admirado Larra\’, según su biógrafa, quien ha presentado su libro en casi todas las capitales andaluzas y Madrid y estudia hacerlo en París, ciudad tan vinculada al \’poeta ciego\’.

Ese sentimiento de impotencia y frustración resultó generalizado entre los intelectuales de la época, \’y uno de los factores que influyeron fue el fracaso del modelo republicano, ante el que Alejandro Sawa reflexionaría con frecuencia en sus artículos periodísticos.\’

Según Correa, Sawa fue insobornable y \’señaló en voz alta la corrupción de los políticos y la ineptitud de los gobernantes; de él llegaron a decir que si su pluma tuviera dientes mordería y que si escribiera sobre política su domicilio sería la cárcel\’.

No en vano su firma apareció en la señera revista \’Germinal\’, de clara orientación socialista republicana, y en la progresista \’Don Quijote\’, entre otras que lucharon por la renovación del país.

Sawa, explica Correa, pese a sufrir \’ese mal tan común a ciertos intelectuales del fin de siglo, que era la falta de voluntad, se convirtió en un prolífico articulista desde su regreso a España, cuando frecuentó a Manuel Machado y Valle-Inclán, a quien acompañó a sus tertulias con Jacinto Benavente, con jóvenes como Martínez Sierra, Santiago Rusiñol o su todavía buen amigo Rubén Darío.\’

Correa añade que \’el bohemio químicamente puro, a quien todos recuerdan en sus últimos años de vida acompañado de perros lazarillo y fumando alguna de sus muchas pipas, tuvo, en efecto, una estrecha relación con Darío desde que fuese su anfitrión en París y le presentase al gran Verlaine, de cuyos versos fue Sawa el introductor en Madrid\’.

La controversia entre ambos autores se debió al encargo del nicaragüense a Sawa de una serie de ocho artículos, que se publicarían con el nombre de Rubén en el periódico \’La Nación\’ de Buenos Aires, y por los que, según Sawa, nunca le fueron abonadas las cantidades acordadas.

Este episodio no hizo sino acentuar aún más el calvario de un hombre que, a pesar de las dificultades, mantuvo casi hasta su muerte \’la apostura de un césar\’, según dejó escrito el también sevillano Rafael Cansinos Assens, que lo conoció en su última morada, envuelto en una sábana, al haber tenido que empeñar toda su ropa. Por Alfredo Valenzuela
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La biógrafa de Alejandro Sawa evoca la miseria en que murió el escritor sevillano hace cien años

La biógrafa de Alejandro Sawa evoca la miseria en que murió el escritor sevillano hace cien años

La biógrafa de Alejandro Sawa, la profesora de la Universidad de Granada Amelina Correa, ha evoca las trágicas circunstancias en que murió este escritor sevillano, asediado por la pobreza, hambriento y enfermo, mañana hará cien años.

Su biografía se titula «Alejandro Sawa. Luces de bohemia» porque, según asegura en una entrevista con Efe, «en su muerte está la génesis de \’Luces de bohemia\’, el esperpento que Valle-Inclán escribió en 1920 impresionado por las dramáticas circunstancias de su triste final, a causa de una encefalitis acompañada de hambre, insomnio y locura».

«\’Santa Juana\’, como llamaron a su abnegada esposa desde el propio Sawa hasta sus amigos más cercanos, cortó -recuerda Correa- un mechón del cabello de su difunto esposo, que todavía hoy se conserva en el legado del escritor».

La noticia llegó a tiempo a las redacciones de los principales periódicos de la capital, que se apresuraron a dedicarle, ese mismo día, sentidas necrológicas, ya que, desde su regreso a Madrid y tras sus años dorados en París, su prestigio literario no había hecho sino acrecentarse.

«Su pluma seguía luchando en la denuncia de los males de España, en una actitud desolada y amarga, como su admirado Larra», según su biógrafa, quien ha presentado su libro en casi todas las capitales andaluzas y Madrid y estudia hacerlo en París, ciudad tan vinculada al «poeta ciego».

Ese sentimiento de impotencia y frustración resultó generalizado entre los intelectuales de la época, «y uno de los factores que influyeron fue el fracaso del modelo republicano, ante el que Alejandro Sawa reflexionaría con frecuencia en sus artículos periodísticos.»

Según Correa, Sawa fue insobornable y «señaló en voz alta la corrupción de los políticos y la ineptitud de los gobernantes; de él llegaron a decir que si su pluma tuviera dientes mordería y que si escribiera sobre política su domicilio sería la cárcel».

No en vano su firma apareció en la señera revista «Germinal», de clara orientación socialista republicana, y en la progresista «Don Quijote», entre otras que lucharon por la renovación del país.

Sawa, explica Correa, pese a sufrir «ese mal tan común a ciertos intelectuales del fin de siglo, que era la falta de voluntad, se convirtió en un prolífico articulista desde su regreso a España, cuando frecuentó a Manuel Machado y Valle-Inclán, a quien acompañó a sus tertulias con Jacinto Benavente, con jóvenes como Martínez Sierra, Santiago Rusiñol o su todavía buen amigo Rubén Darío.»

Correa añade que «el bohemio químicamente puro, a quien todos recuerdan en sus últimos años de vida acompañado de perros lazarillo y fumando alguna de sus muchas pipas, tuvo, en efecto, una estrecha relación con Darío desde que fuese su anfitrión en París y le presentase al gran Verlaine, de cuyos versos fue Sawa el introductor en Madrid».

La controversia entre ambos autores se debió al encargo del nicaragüense a Sawa de una serie de ocho artículos, que se publicarían con el nombre de Rubén en el periódico «La Nación» de Buenos Aires, y por los que, según Sawa, nunca le fueron abonadas las cantidades acordadas.

Este episodio no hizo sino acentuar aún más el calvario de un hombre que, a pesar de las dificultades, mantuvo casi hasta su muerte «la apostura de un césar», según dejó escrito el también sevillano Rafael Cansinos Assens, que lo conoció en su última morada, envuelto en una sábana, al haber tenido que empeñar toda su ropa. Por Alfredo Valenzuela
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Biógrafa evoca la miseria en que murió el escritor sevillano hace cien años

Biógrafa evoca la miseria en que murió el escritor sevillano hace cien años

La biógrafa de Alejandro Sawa, la profesora de la Universidad de Granada Amelina Correa, ha evocado las trágicas circunstancias en que murió este escritor sevillano, asediado por la pobreza, hambriento y enfermo, mañana hará cien años.

Su biografía se titula «Alejandro Sawa. Luces de bohemia» porque, según asegura en una entrevista con Efe, «en su muerte está la génesis de ´Luces de bohemia´, el esperpento que Valle-Inclán escribió en 1920 impresionado por las dramáticas circunstancias de su triste final, a causa de una encefalitis acompañada de hambre, insomnio y locura».

«´Santa Juana´, como llamaron a su abnegada esposa desde el propio Sawa hasta sus amigos más cercanos, cortó -recuerda Correa- un mechón del cabello de su difunto esposo, que todavía hoy se conserva en el legado del escritor».

La noticia llegó a tiempo a las redacciones de los principales periódicos de la capital, que se apresuraron a dedicarle, ese mismo día, sentidas necrológicas, ya que, desde su regreso a Madrid y tras sus años dorados en París, su prestigio literario no había hecho sino acrecentarse.

«Su pluma seguía luchando en la denuncia de los males de España, en una actitud desolada y amarga, como su admirado Larra», según su biógrafa, quien ha presentado su libro en casi todas las capitales andaluzas y Madrid y estudia hacerlo en París, ciudad tan vinculada al «poeta ciego».

Ese sentimiento de impotencia y frustración resultó generalizado entre los intelectuales de la época, «y uno de los factores que influyeron fue el fracaso del modelo republicano, ante el que Alejandro Sawa reflexionaría con frecuencia en sus artículos periodísticos.» Según Correa, Sawa fue insobornable y «señaló en voz alta la corrupción de los políticos y la ineptitud de los gobernantes; de él llegaron a decir que si su pluma tuviera dientes mordería, y que si escribiera sobre política su domicilio sería la cárcel».

No en vano su firma apareció en la señera revista «Germinal», de clara orientación socialista republicana, y en la progresista «Don Quijote», entre otras que lucharon por la renovación del país.

Sawa, explica Correa, pese a sufrir «ese mal tan común a ciertos intelectuales del fin de siglo, que era la falta de voluntad, se convirtió en un prolífico articulista desde su regreso a España, cuando frecuentó a Manuel Machado y Valle-Inclán, a quien acompañó a sus tertulias con Jacinto Benavente, con jóvenes como Martínez Sierra, Santiago Rusiñol o su todavía buen amigo Rubén Darío».

Correa añade que «el bohemio químicamente puro, a quien todos recuerdan en sus últimos años de vida acompañado de perros lazarillo y fumando alguna de sus muchas pipas, tuvo, en efecto, una estrecha relación con Darío desde que fuese su anfitrión en París y le presentase al gran Verlaine, de cuyos versos fue Sawa el introductor en Madrid».

La controversia entre ambos autores se debió al encargo del nicaragüense a Sawa de una serie de ocho artículos, que se publicarían con el nombre de Rubén en el periódico «La Nación» de Buenos Aires, y por los que, según Sawa, nunca le fueron abonadas las cantidades acordadas.

Este episodio no hizo sino acentuar aún más el calvario de un hombre que, a pesar de las dificultades, mantuvo casi hasta su muerte «la apostura de un césar», según dejó escrito el también sevillano Rafael Cansinos Assens, que lo conoció en su última morada, envuelto en una sábana, al haber tenido que empeñar toda su ropa.
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La biógrafa de Alejandro Sawa evoca la miseria en que murió el escritor sevillano hace cien años

La biógrafa de Alejandro Sawa evoca la miseria en que murió el escritor sevillano hace cien años

La biógrafa de Alejandro Sawa, la profesora de la Universidad de Granada Amelina Correa, ha evoca las trágicas circunstancias en que murió este escritor sevillano, asediado por la pobreza, hambriento y enfermo, mañana hará cien años.

Su biografía se titula «Alejandro Sawa. Luces de bohemia» porque, según asegura en una entrevista con Efe, «en su muerte está la génesis de \’Luces de bohemia\’, el esperpento que Valle-Inclán escribió en 1920 impresionado por las dramáticas circunstancias de su triste final, a causa de una encefalitis acompañada de hambre, insomnio y locura».

«\’Santa Juana\’, como llamaron a su abnegada esposa desde el propio Sawa hasta sus amigos más cercanos, cortó -recuerda Correa- un mechón del cabello de su difunto esposo, que todavía hoy se conserva en el legado del escritor».

La noticia llegó a tiempo a las redacciones de los principales periódicos de la capital, que se apresuraron a dedicarle, ese mismo día, sentidas necrológicas, ya que, desde su regreso a Madrid y tras sus años dorados en París, su prestigio literario no había hecho sino acrecentarse.

«Su pluma seguía luchando en la denuncia de los males de España, en una actitud desolada y amarga, como su admirado Larra», según su biógrafa, quien ha presentado su libro en casi todas las capitales andaluzas y Madrid y estudia hacerlo en París, ciudad tan vinculada al «poeta ciego».

Ese sentimiento de impotencia y frustración resultó generalizado entre los intelectuales de la época, «y uno de los factores que influyeron fue el fracaso del modelo republicano, ante el que Alejandro Sawa reflexionaría con frecuencia en sus artículos periodísticos.»

Según Correa, Sawa fue insobornable y «señaló en voz alta la corrupción de los políticos y la ineptitud de los gobernantes; de él llegaron a decir que si su pluma tuviera dientes mordería y que si escribiera sobre política su domicilio sería la cárcel».

No en vano su firma apareció en la señera revista «Germinal», de clara orientación socialista republicana, y en la progresista «Don Quijote», entre otras que lucharon por la renovación del país.

Sawa, explica Correa, pese a sufrir «ese mal tan común a ciertos intelectuales del fin de siglo, que era la falta de voluntad, se convirtió en un prolífico articulista desde su regreso a España, cuando frecuentó a Manuel Machado y Valle-Inclán, a quien acompañó a sus tertulias con Jacinto Benavente, con jóvenes como Martínez Sierra, Santiago Rusiñol o su todavía buen amigo Rubén Darío.»

Correa añade que «el bohemio químicamente puro, a quien todos recuerdan en sus últimos años de vida acompañado de perros lazarillo y fumando alguna de sus muchas pipas, tuvo, en efecto, una estrecha relación con Darío desde que fuese su anfitrión en París y le presentase al gran Verlaine, de cuyos versos fue Sawa el introductor en Madrid».

La controversia entre ambos autores se debió al encargo del nicaragüense a Sawa de una serie de ocho artículos, que se publicarían con el nombre de Rubén en el periódico «La Nación» de Buenos Aires, y por los que, según Sawa, nunca le fueron abonadas las cantidades acordadas.

Este episodio no hizo sino acentuar aún más el calvario de un hombre que, a pesar de las dificultades, mantuvo casi hasta su muerte «la apostura de un césar», según dejó escrito el también sevillano Rafael Cansinos Assens, que lo conoció en su última morada, envuelto en una sábana, al haber tenido que empeñar toda su ropa. Por Alfredo Valenzuela
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La biógrafa de Alejandro Sawa evoca la miseria en que murió el escritor sevillano hace cien años

La biógrafa de Alejandro Sawa evoca la miseria en que murió el escritor sevillano hace cien años

La biógrafa de Alejandro Sawa, la profesora de la Universidad de Granada Amelina Correa, ha evoca las trágicas circunstancias en que murió este escritor sevillano, asediado por la pobreza, hambriento y enfermo, mañana hará cien años.

Su biografía se titula «Alejandro Sawa. Luces de bohemia» porque, según asegura en una entrevista con Efe, «en su muerte está la génesis de \’Luces de bohemia\’, el esperpento que Valle-Inclán escribió en 1920 impresionado por las dramáticas circunstancias de su triste final, a causa de una encefalitis acompañada de hambre, insomnio y locura».

«\’Santa Juana\’, como llamaron a su abnegada esposa desde el propio Sawa hasta sus amigos más cercanos, cortó -recuerda Correa- un mechón del cabello de su difunto esposo, que todavía hoy se conserva en el legado del escritor».

La noticia llegó a tiempo a las redacciones de los principales periódicos de la capital, que se apresuraron a dedicarle, ese mismo día, sentidas necrológicas, ya que, desde su regreso a Madrid y tras sus años dorados en París, su prestigio literario no había hecho sino acrecentarse.

«Su pluma seguía luchando en la denuncia de los males de España, en una actitud desolada y amarga, como su admirado Larra», según su biógrafa, quien ha presentado su libro en casi todas las capitales andaluzas y Madrid y estudia hacerlo en París, ciudad tan vinculada al «poeta ciego».

Ese sentimiento de impotencia y frustración resultó generalizado entre los intelectuales de la época, «y uno de los factores que influyeron fue el fracaso del modelo republicano, ante el que Alejandro Sawa reflexionaría con frecuencia en sus artículos periodísticos.»

Según Correa, Sawa fue insobornable y «señaló en voz alta la corrupción de los políticos y la ineptitud de los gobernantes; de él llegaron a decir que si su pluma tuviera dientes mordería y que si escribiera sobre política su domicilio sería la cárcel».

No en vano su firma apareció en la señera revista «Germinal», de clara orientación socialista republicana, y en la progresista «Don Quijote», entre otras que lucharon por la renovación del país.

Sawa, explica Correa, pese a sufrir «ese mal tan común a ciertos intelectuales del fin de siglo, que era la falta de voluntad, se convirtió en un prolífico articulista desde su regreso a España, cuando frecuentó a Manuel Machado y Valle-Inclán, a quien acompañó a sus tertulias con Jacinto Benavente, con jóvenes como Martínez Sierra, Santiago Rusiñol o su todavía buen amigo Rubén Darío.»

Correa añade que «el bohemio químicamente puro, a quien todos recuerdan en sus últimos años de vida acompañado de perros lazarillo y fumando alguna de sus muchas pipas, tuvo, en efecto, una estrecha relación con Darío desde que fuese su anfitrión en París y le presentase al gran Verlaine, de cuyos versos fue Sawa el introductor en Madrid».

La controversia entre ambos autores se debió al encargo del nicaragüense a Sawa de una serie de ocho artículos, que se publicarían con el nombre de Rubén en el periódico «La Nación» de Buenos Aires, y por los que, según Sawa, nunca le fueron abonadas las cantidades acordadas.
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Biógrafa evoca la miseria en que murió el escritor sevillano hace cien años

Biógrafa evoca la miseria en que murió el escritor sevillano hace cien años

La biógrafa de Alejandro Sawa, la profesora de la Universidad de Granada Amelina Correa, ha evoca las trágicas circunstancias en que murió este escritor sevillano, asediado por la pobreza, hambriento y enfermo, mañana hará cien años.

Su biografía se titula «Alejandro Sawa. Luces de bohemia» porque, según asegura en una entrevista con Efe, «en su muerte está la génesis de \’Luces de bohemia\’, el esperpento que Valle-Inclán escribió en 1920 impresionado por las dramáticas circunstancias de su triste final, a causa de una encefalitis acompañada de hambre, insomnio y locura».

«\’Santa Juana\’, como llamaron a su abnegada esposa desde el propio Sawa hasta sus amigos más cercanos, cortó -recuerda Correa- un mechón del cabello de su difunto esposo, que todavía hoy se conserva en el legado del escritor».

La noticia llegó a tiempo a las redacciones de los principales periódicos de la capital, que se apresuraron a dedicarle, ese mismo día, sentidas necrológicas, ya que, desde su regreso a Madrid y tras sus años dorados en París, su prestigio literario no había hecho sino acrecentarse.

«Su pluma seguía luchando en la denuncia de los males de España, en una actitud desolada y amarga, como su admirado Larra», según su biógrafa, quien ha presentado su libro en casi todas las capitales andaluzas y Madrid y estudia hacerlo en París, ciudad tan vinculada al «poeta ciego».

Ese sentimiento de impotencia y frustración resultó generalizado entre los intelectuales de la época, «y uno de los factores que influyeron fue el fracaso del modelo republicano, ante el que Alejandro Sawa reflexionaría con frecuencia en sus artículos periodísticos.»

Según Correa, Sawa fue insobornable y «señaló en voz alta la corrupción de los políticos y la ineptitud de los gobernantes; de él llegaron a decir que si su pluma tuviera dientes mordería y que si escribiera sobre política su domicilio sería la cárcel».

No en vano su firma apareció en la señera revista «Germinal», de clara orientación socialista republicana, y en la progresista «Don Quijote», entre otras que lucharon por la renovación del país.

Sawa, explica Correa, pese a sufrir «ese mal tan común a ciertos intelectuales del fin de siglo, que era la falta de voluntad, se convirtió en un prolífico articulista desde su regreso a España, cuando frecuentó a Manuel Machado y Valle-Inclán, a quien acompañó a sus tertulias con Jacinto Benavente, con jóvenes como Martínez Sierra, Santiago Rusiñol o su todavía buen amigo Rubén Darío.»

Correa añade que «el bohemio químicamente puro, a quien todos recuerdan en sus últimos años de vida acompañado de perros lazarillo y fumando alguna de sus muchas pipas, tuvo, en efecto, una estrecha relación con Darío desde que fuese su anfitrión en París y le presentase al gran Verlaine, de cuyos versos fue Sawa el introductor en Madrid».

La controversia entre ambos autores se debió al encargo del nicaragüense a Sawa de una serie de ocho artículos, que se publicarían con el nombre de Rubén en el periódico «La Nación» de Buenos Aires, y por los que, según Sawa, nunca le fueron abonadas las cantidades acordadas.

Este episodio no hizo sino acentuar aún más el calvario de un hombre que, a pesar de las dificultades, mantuvo casi hasta su muerte «la apostura de un césar», según dejó escrito el también sevillano Rafael Cansinos Assens, que lo conoció en su última morada, envuelto en una sábana, al haber tenido que empeñar toda su ropa.
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La UGR pone en marcha el proyecto «Inmersia»

La UGR pone en marcha el proyecto «Inmersia»

Se trata de un proyecto de innovación docente en el que analizan las diferentes estructuras organizativas que formarán parte de los distintos escenarios de inserción laboral del participante en el proyecto. De este modo, se programan visitas a empresas de los sectores de producción y servicios y se asiste a reuniones de autoempleo como la Feria del Emprendedor y la Feria de la Franquicia.

La UGR pone en marcha el Proyecto Inmersia con el objetivo de acercar a los participantes al más amplio abanico de posibilidades de inserción laboral al que tendrán oportunidad una vez finalizados sus estudios universitarios.

Los participantes en este proyecto realizarán visitas a empresas de los sectores de producción y servicios, y asistirán a reuniones de autoempleo como la Feria del Emprendedor y la Feria de la Franquicia, abarcando de este modo distintas opciones de trabajo tanto por cuenta ajena como propia. Además, todas estas actividades serán reforzadas por seminarios de comunicación y oratoria que completarán la instrucción del alumnado en aspectos esenciales como la formación competencial y curricular adecuada a las expectativas de inserción laboral que posea dicho alumno.

Un refuerzo curricular
Estos talleres son, por tanto, un refuerzo curricular esencial llegado el punto en que el participante deba presentar y defender proyectos si dirige sus esfuerzos al autoempleo, o realizar futuras entrevistas de trabajo si opta por la contratación por cuenta ajena.

Inmersia es un proyecto de innovación docente cuyo responsable, el profesor Óscar Fernando Bustinza, del departamento de Organización de Empresas de la UGR, señala que «las visitas a las empresas y exposiciones permitirán a los participantes determinar el organigrama de las diferentes organizaciones y la carga competencial de los distintos puestos de trabajo».

En palabras de las profesoras Vanesa Barrales y Mª Nieves Peréz, copartícipes de este proyecto, «esta asignación de competencias será un paso importante para que el alumno sea capaz de establecer una carga curricular y competencial adecuada a los diferentes perfiles profesionales identificados en las visitas y reforzados en los talleres y seminarios». Finalmente completa el cuadro de profesores Manuel Ríos de Haro, cuya experiencia profesional avala el contenido y abanico de visitas y talleres de este proyecto.

El proyecto de innovación docente Inmersia comienza su andadura durante esta primera semana de marzo, –puede consultarse el calendario de actividades en el enlace: http://inmersia.blogspot.com/, donde además se cita el profesor de contacto y se explica cómo participar en el mismo. El proyecto va dirigido a alumnos de diferentes licenciaturas de la citada Facultad, y pretende convertirse en un método de acercamiento útil a la realidad empresarial y a la determinación de las competencias que el alumno debe identificar de cara a una inserción laboral más efectiva. Los promotores de Inmersia «esperan que el proyecto sea tan constructivo como motivador para los organizadores está resultando el proceso de puesta en marcha del mismo».
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La biógrafa de Alejandro Sawa evoca la miseria en que murió el escritor sevillano hace cien años

La biógrafa de Alejandro Sawa evoca la miseria en que murió el escritor sevillano hace cien años

La biógrafa de Alejandro Sawa, la profesora de la Universidad de Granada Amelina Correa, ha evoca las trágicas circunstancias en que murió este escritor sevillano, asediado por la pobreza, hambriento y enfermo, mañana hará cien años.

Su biografía se titula «Alejandro Sawa. Luces de bohemia» porque, según asegura en una entrevista con Efe, «en su muerte está la génesis de \’Luces de bohemia\’, el esperpento que Valle-Inclán escribió en 1920 impresionado por las dramáticas circunstancias de su triste final, a causa de una encefalitis acompañada de hambre, insomnio y locura».

«\’Santa Juana\’, como llamaron a su abnegada esposa desde el propio Sawa hasta sus amigos más cercanos, cortó -recuerda Correa- un mechón del cabello de su difunto esposo, que todavía hoy se conserva en el legado del escritor».

La noticia llegó a tiempo a las redacciones de los principales periódicos de la capital, que se apresuraron a dedicarle, ese mismo día, sentidas necrológicas, ya que, desde su regreso a Madrid y tras sus años dorados en París, su prestigio literario no había hecho sino acrecentarse.

«Su pluma seguía luchando en la denuncia de los males de España, en una actitud desolada y amarga, como su admirado Larra», según su biógrafa, quien ha presentado su libro en casi todas las capitales andaluzas y Madrid y estudia hacerlo en París, ciudad tan vinculada al «poeta ciego».

Ese sentimiento de impotencia y frustración resultó generalizado entre los intelectuales de la época, «y uno de los factores que influyeron fue el fracaso del modelo republicano, ante el que Alejandro Sawa reflexionaría con frecuencia en sus artículos periodísticos.»

Según Correa, Sawa fue insobornable y «señaló en voz alta la corrupción de los políticos y la ineptitud de los gobernantes; de él llegaron a decir que si su pluma tuviera dientes mordería y que si escribiera sobre política su domicilio sería la cárcel».

No en vano su firma apareció en la señera revista «Germinal», de clara orientación socialista republicana, y en la progresista «Don Quijote», entre otras que lucharon por la renovación del país.

Sawa, explica Correa, pese a sufrir «ese mal tan común a ciertos intelectuales del fin de siglo, que era la falta de voluntad, se convirtió en un prolífico articulista desde su regreso a España, cuando frecuentó a Manuel Machado y Valle-Inclán, a quien acompañó a sus tertulias con Jacinto Benavente, con jóvenes como Martínez Sierra, Santiago Rusiñol o su todavía buen amigo Rubén Darío.»

Correa añade que «el bohemio químicamente puro, a quien todos recuerdan en sus últimos años de vida acompañado de perros lazarillo y fumando alguna de sus muchas pipas, tuvo, en efecto, una estrecha relación con Darío desde que fuese su anfitrión en París y le presentase al gran Verlaine, de cuyos versos fue Sawa el introductor en Madrid».

La controversia entre ambos autores se debió al encargo del nicaragüense a Sawa de una serie de ocho artículos, que se publicarían con el nombre de Rubén en el periódico «La Nación» de Buenos Aires, y por los que, según Sawa, nunca le fueron abonadas las cantidades acordadas.

Este episodio no hizo sino acentuar aún más el calvario de un hombre que, a pesar de las dificultades, mantuvo casi hasta su muerte «la apostura de un césar», según dejó escrito el también sevillano Rafael Cansinos Assens, que lo conoció en su última morada, envuelto en una sábana, al haber tenido que empeñar toda su ropa. Por Alfredo Valenzuela
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