Un rector cercano y sencillo
Antes de ser rector de la Universidad de Jaén aseguró en alguna ocasión que cuando tenía tiempo libre una de las cosas que más le gustaban era pasear con su familia por el entorno de la ermita de Santa Ana. Allí arriba, en el cerro Miguelico, seguramente conseguía relajarse oteando el paisaje de su Torredelcampo natal. Hoy, dos años después de haberse convertido en el máximo representante de la institución universitaria jienense, quizás no dispone de tanto tiempo para caminar por el campo, pero a buen seguro que cuando las muchas obligaciones que tiene le permiten un receso, sale a respirar el aire puro de la localidad que le vio nacer, en la que sigue viviendo hoy en día y de la que además tiene el orgullo de ser Hijo Predilecto.
Hoy todo el mundo le llama rector, pero Manuel Parras Rosa tiene un currículum rico y variado que le ha permitido ser conocido en la provincia de Jaén, entre otras muchas cosas, por ser un estudioso del principal producto jienense, el aceite de oliva. Todo empezó cuando Parras se licenció en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Málaga. Sólo tenía 23 años cuando en 1984 se incorporó a la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales de Jaén, dependiente en aquel momento de la Universidad de Granada. Obtuvo la cátedra de Comercialización e Investigación de Mercados en 2001. Fue dos años secretario de la Escuela de Empresariales, otros tres director de la OTRI y de 1999 a 2002 fue vicerrector de Relaciones con la Sociedad de la UJA. Como persona muy vinculada al sector oleícola que es, también ha formado parte del Consejo de Administración de Geolit y ha sido presidente de Citoliva, además de ser presidente del Consejo Económico y Social de la provincia de Jaén.
Sin duda, una extensa trayectoria a la que le ha puesto la guinda al convertirse en rector de la UJA, un reto que consiguió tras derrotar en una primera vuelta a Gerardo Álvarez de Cienfuegos y Juan Luis de Faramiñán y en una segunda a Rafael Perea, hombre al que todos señalaban como sucesor del anterior rector, Luis Parras Guijosa, y al que Manuel Parras consiguió hacer sombra obteniendo más votos de los cuatro sectores (Profesores doctores, resto de PDI, alumnos y PAS).
Han pasado poco más de dos años desde aquella victoria que parecía suponer un cambio de rumbo en la Universidad. Y, sin duda, todo ha cambiado, en parte por los impositivos del Espacio Europeo de Educación Superior que tienen en puertas las universidades españolas, pero también porque Parras está consiguiendo cumplir muchos de los puntos que incluía en su programa electoral. Un fuerte impulso al futuro campus de Linares, un comedor \’en condiciones\’ que está casi construido, un gabinete de Psicología, un acercamiento a la sociedad que es difícil pero del que no persiste, un mayor contacto con los egresados. Y lo que llama más la atención en los difíciles tiempos que corren: un campus lleno de grúas, ladrillos y obreros que es señal de que a pesar de la crisis en la UJA se siguen levantando edificios y remozando otros completamente, como ha sido el caso del Aula Magna, a la que el lavado de cara casi la ha dejado irreconocible.
Quizás en todo eso tenga mucho que ver la ilusión no sólo que él tiene, sino que además consigue transmitir a los que le rodean. Su capacidad de trabajo y su afán de superación a buen seguro han sido aliados claves para que haya llegado tan lejos. Empezó sin nada, como quien dice con un mano delante y otra detrás, procedente de una familia humilde que hoy se enorgullece como la que más cuando ven lo que ha conseguido y que además ha sido capaz de hacerlo manteniendo siempre los pies en el suelo.
Es Manuel Parras un hombre serio, o más bien riguroso, cuando comparece públicamente. Consciente de que el sillón de magnífico conlleva muchas responsabilidades, nunca aparece ante los medios de comunicación sin tener una idea clara de lo que se va a decir, es difícil preguntarle por algo relacionado con su universidad que no conozca y rara vez ha dejado a alguien sin respuesta.
Es serio en su trabajo, pero basta conocerle un poco para saber que Manuel Parras gana en las distancias cortas. Quienes presumen de ser sus amigos aseguran que tiene un gran sentido del humor, que le encanta el contacto con la gente, que es un inmejorable relaciones públicas y que cuando mantiene una conversación logra con facilidad que su interlocutor se sienta muy cómodo, ya sea este su vecino de Torredelcampo de toda la vida o un alto cargo que visita la UJA.
A Manuel Parras le caracteriza su humanidad y su sencillez. Y también, dicen quienes están más cercanos a él, el cariño que suele profesarle a los suyos. Debido a las continuas reuniones y viajes que debe hacer por su cargo de rector, pasa menos tiempo del que quisiera con su mujer y con sus dos hijos, pero cuando el trabajo se lo permite, sólo tiene ojos para ellos y para esos amigos que siempre siguen ahí, por más vueltas que haya dado la vida, por más premios y reconocimientos que haya obtenido y por más ausencias que muy a su pesar se hayan producido. Es difícil encontrar a alguien que hable mal de Manolo.