– Repesca.
SEPTIEMBRE es el tradicional mes de la vuelta al cole, con todo lo que ello lleva aparejado. El mes del denominado síndrome postvacacional, y también, cómo no, el período en que aquellos que no pudieron superar sus obligaciones académicas tienen una nueva oportunidad para hacerlo. En mis años de Facultad llamábamos repesca a las convocatorias extraordinarias, no sé si la palabra habrá pasado a mejor vida, pero lo cierto es que hace mucho que no la oigo, al menos en boca de los jóvenes estudiantes.
En un par de días, tendrá lugar una nueva convocatoria de las Pruebas de Acceso a la Universidad, familiarmente conocida como Selectividad. En puridad, se trata de la repesca de junio, pero con el mismo rigor, seriedad y compromiso que la producida meses atrás. No hay rebajas de septiembre en una Universidad plena de tradición, que encara el futuro esperanzada, con mucha experiencia acumulada a sus espaldas.
Tiene algo o mucho esta convocatoria de despedida. Por un lado, la prueba en sí sufrirá transformaciones en los próximos cursos y, por otro, como señaló el propio Vicerrector de Estudiantes, lo es también de despedidas personales: él mismo, que finaliza mandato, al igual que el Director del Secretariado de Acceso, ambos muy satisfechos por la labor que se ha realizado y a quienes, sin duda, hay que felicitar y agradecer sus desvelos para que una prueba de esa complejidad se salde, año a año, sin mayores problemas. A estas despedidas se suma una más, en la que quiero detenerme por dos razones. Por un lado porque, en cierto modo, es definitiva, el saliente alcanza su merecido jubileo y, por otro, porque desde hace muchos años ha sido una piedra angular sobre la que ha pivotado buena parte de estas pruebas. Hablo de Eduardo Barea. Puede decirse, sin exagerar lo más mínimo, que, desde el comienzo, se constituyó en toda una autoridad moral, un profesor que ha sido activo partícipe de la vida de la Universidad de Granada en su dilatada carrera profesional que ha desempeñado con una lealtad absoluta a la institución, de la que fue Gerente y, desde hace años, Director del Centro de Instrumentación Científica.
Te echaré de menos, Eduardo, tu buena cara para todo el mundo, tu broma siempre a punto para arrancar la sonrisa en los momentos duros, tu celo extremo en el buen hacer han sido todo un ejemplo que espero no olvidar nunca. En Eduardo Barea, se puede personificar el ingente número de profesionales que trabajan de manera tan abnegada como callada para que las PAU, convocatoria a convocatoria, tengan como titular destacado la falta de incidencias. Se sabe que la ausencia de noticias en una buena noticia. Grandeza de las tareas comunes.
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