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El ‘látigo digital’ nos fustiga en el trabajo

The Conversation | Autores de la UGR:

  • Juan López-Morales
    Profesor Ayudante Doctor del Departamento de Trabajo Social y Servicios Sociales, Universidad de Granada
  • Rubén Gregorio Pérez García
    Doctor Investigador Fundación SAMU y Personal Docente e Investigador Universidad de Granada

Autores de otras instituciones:

  • Anabel Ramírez López. Trabajo Social, Universidad Pontificia Comillas

Desde aplicaciones que monitorizan la ubicación y los minutos de descanso de las personas trabajadoras –como ocurre en Amazon– a los relojes inteligentes utilizados en algunos hoteles, que vibran si captan que el personal de limpieza no está cumpliendo el timing de preparación de las habitaciones, en los últimos años, la vigilancia digital en el empleo ha entrado en la vida de los trabajadores sin un cuestionamiento social firme sobre sus posibles consecuencias.

Relojes que miden el tiempo de descanso

Bajo promesas de eficiencia, lo que experimentamos en sectores como la logística, la hostelería y los cuidados es la instauración de una lógica que prioriza la productividad matemática por encima de la salud física, mental y social. Investigadores como Trevor Scholz, profesor en el Centro Berkman Klein de Harvard y autor de Uberworked and Underpaid: How Workers are Disrupting the Digital Economy (Polity, 2017), llevan más de una década denunciando esta clase de prácticas, que la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (OSHA) ha bautizado como “látigo digital”.

Cuando las herramientas tecnológicas se transforman en un panóptico de presión constante, inevitablemente se convierten en una fuente de estrés crónico y ansiedad para el trabajador. Este cambio de paradigma no es un hecho puramente técnico: cuando un algoritmo decide el ritmo, evalúa el rendimiento o selecciona quién conserva su empleo, se pueden llegar a redefinir los límites de la dignidad humana.

Delegar decisiones en sistemas carentes de conciencia

Como analiza la literatura sobre el “capitalismo de la inteligencia artificial”, todo artefacto técnico lleva inscrito en su código las decisiones, sesgos y prioridades de quienes lo diseñan.

Además, al encomendar decisiones humanas delicadas a sistemas automatizados que carecen de conciencia, se produce un hecho social peligroso: la evaporación de la responsabilidad social. El descarte de los que menos rinden justificado por evaluaciones algorítmicas queda camuflado tras una falsa cortina de “objetividad” técnica. Ante ella, el trabajador ni siquiera sabe a quién reclamar.

Del tecnofeudalismo a la responsabilidad social

En este escenario, las plataformas digitales y los grandes monopolios orquestan la infraestructura invisible de los valores morales de la sociedad.