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La tecnologí­a forense reconstruirá el rostro de “Sanchico”

SANTO DOMINGO REAL
La tecnologí­a forense reconstruirá el rostro de ‘Sanchico’
Una investigación coordinada por la Universidad de Granada desmiente que el infante Don Sancho fuera envenenado

Victor Ballesteros
ADOLFO DE MINGO / TOLEDO
La historia de Sanchico es el triste viaje de un niño muerto en busca de su propio rostro. Un pequeño infante de Castilla cuyos despojos, sepultados en el monasterio dominico de Santo Domingo el Real en pleno siglo XV, están siendo analizados gracias a las últimas tecnologí­as. Un equipo multidisciplinar, coordinado por la Universidad de Granada, podrí­a conseguir que la mueca fúnebre de Sanchico, Don Sancho, hijo del monarca Pedro I El Cruel, vuelva a sonreí­r seis siglos después de morir en oscuras circunstancias.

La leyenda asegura que el niño fue envenenado en una época revuelta, en mitad de las disputas por el trono que habí­an ensangrentado el reino de Castilla en la segunda mitad del siglo XIV y provocado el asesinato de su padre a manos de su propio hermano. Los análisis cientí­ficos han permitido descubrir que la única mano que conserva la pequeña momia se encuentra crispada por el rigor mortis, «señal de que el niño murió solo, sin nadie a su lado, hasta que se produjo la contracción de los tejidos », asegura el doctor Miguel Botella, coordinador de las tareas.

La historia confirma que su vida tocó a su fin en la fortaleza de Toro en el año 1370, pero sus restos mortales no llegaron a Toledo hasta 1409. En esas cuatro décadas, el cadáver del pequeño sufrió un proceso de deshidratación que ha permitido su excelente conservación hasta nuestros dí­as. «La momia se encuentra en muy buen estado », continúa el doctor Botella, director del Laboratorio de Antropologí­a Fí­sica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada. El rostro conserva cabello, cejas y pestañas, si bien la mitad externa del cráneo -debido a antiguos problemas de humedad- ha llegado esqueletizada hasta nosotros. Una tomografí­a computerizada en el Hospital Virgen de la Salud y un escáner en tres dimensiones de alta precisión permitieron obtener a los especialistas un gran número de datos sobre la momia, algo que permitirá ensayar en un futuro la reconstrucción tridimensional de su cabeza sin que el cadáver salga del monasterio toledano, tanto en el Laboratorio de Antropologí­a de la Universidad de Granada -el único que existe en Europa con estas caracterí­sticas- como en un centro estadounidense.

También ha sido posible regenerar el tejido dactilar del pequeño infante, proceso realizado por el departamento de Zoologí­a y Antropologí­a Fí­sica de la Universidad de Alcalá de Henares, así­ como trabajar en el interior de la momia gracias a los esfuerzos del Grupo de Paleopatologí­a del Hospital Clí­nic de Barcelona mediante delicados procesos por endoscopia. La Dirección General de Policí­a Cientí­fica de Madrid también ha colaborado en el estudio toxicológico del cuerpo.

Causa de la muerte. «No han aparecido restos de arsénico, mercurio ni cianuro, los venenos más empleados durante la época », explica el doctor Pedro Luis Fernández, del Servicio de Anatomí­a Patológica del Clí­nic barcelonés.

Lo cierto es que el análisis de la cavidad pulmonar de Sanchico ha revelado un volumen muy superior a lo que cabrí­a esperar tras un proceso de momificación de estas caracterí­sticas. Las pruebas realizadas parecen indicar una exposición crónica al humo -probablemente procedente de chimeneas u hogares- y una gran presencia de hematí­es que podrí­a estar asociada con un proceso inflamatorio y hemorrágico.

A la espera de nuevas investigaciones, es probable que el infante DonSancho, Sanchico, hijo del Rey Cruel, no falleciera envenenado, sino como consecuencia de un proceso infeccioso pulmonar, una neumoní­a.

El cadáver no presenta traumatismos, ni problemas de malnutrición. El estudio básico de las piezas dentales confirma el sexo de un varón con una edad que ronda los siete años. ¿Será realmente el hijo bastardo del malogrado Pedro I de Castilla? Sea o no sea Sanchico, ‘el Principito’, como lo llaman las monjas de Santo Domingo, el cadáver de este niño está aportando una valiosa información sobre la sociedad y los usos de vida durante la plena Edad Media.

«Si hubiera llegado a reinar este niño -una hipótesis muy vaga, porque el rey Pedro de Castilla tuvo varias decenas de hijos varones, legí­timos e ilegí­timos-, no lo hubiera hecho la Reina Católica cien años después », explica el doctor Botella para resumir la importancia histórica de los restos.

Por el momento, la momia volverá a su lugar original en el interior del monasterio, junto al retablo de Nuestro Señor de las Manos Atadas, en una de las capillas laterales del Coro. En este lugar lo recuerda la priora, sor Marí­a Teresa Fernández, que vio los restos durante unas obras hace ya algunas décadas. Sanchico seguirá enterrado en las mismas condiciones y con el mismo aspecto que tení­a en noviembre de 2005, cuando comenzó el estudio: dos hábitos de la Orden Dominica sobre una especie de sayal de seda, quizás el sudario con el que lo amortajaron en 1370.

Los resultados y conclusiones del estudio serán presentados durante la próxima primavera en un congreso internacional sobre momias que será celebrado en las Islas Canarias. El tiempo y la investigación -que se prolongará durante varios meses- dirán si el pequeño Don Sancho, a sus casi 640 años de edad, recupera por fin su propio rostro.

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