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Lejos de Grecia

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46,6%
es la tasa de desempleo juvenil en Grecia. En Europa, solo la supera España (49,6%).
Emigrar. Según el Eurobarómetro, el 27% de los jóvenes griegos desea trabajar en otro país europeo «por un periodo limitado» y el 37%, forma duradera. Es uno de los pocos países donde la segunda cifra supera a la primera.
Indignados. Los ‘aganaktismenoi’, los indignados griegos, han llegado a reunir a 100.000 personas en sus protestas.
STELLA CHATZI
«Es un lugar maravilloso para ir de vacaciones en verano, el mejor destino, pero no para trabajar»
VICKY CHATZISAVVIDOU
«Los griegos han elegido ser negativos y pesimistas, han perdido la fe en su propia patria»
ELINA MOUMOURI
«A veces, me siento afortunada por haber abandonado el país hace años»
KONSTANTINA AMPATZOGLOU
«Es una pena que Grecia expulse a sus jóvenes. Y que la mayoría, decepcionados, ni siquiera piensen volver»
MÁS DATOS
Hay estadísticas de las que Grecia puede presumir. Esta semana, cuando los líderes de la Unión Europea vuelven a mirar con el ceño fruncido hacia ese rincón del Mediterráneo, se aireará la habitual retahíla de datos económicos desoladores, el resumen en números del desastre, pero hay un terreno en el que los griegos pueden avergonzar incluso a esos alemanes que quieren controlar sus finanzas: según los datos publicados por Eurostat hace un par de meses, el 83,4% de los jóvenes griegos de entre 20 y 24 años han concluido el nivel superior de enseñanza secundaria, frente al 79% de la media de ‘los 27’ y el 74,4% de Alemania, por no mencionar el tristísimo 61,2% de los españoles.
Los jóvenes griegos están muy preparados -el 58,3%, por ejemplo, domina al menos una lengua extranjera, cuando el promedio europeo anda por el 39%-, pero eso les sirve de muy poco a bordo de un barco que se hunde. Grecia, cuya población ronda los once millones de personas, es desde hace décadas uno de los grandes exportadores mundiales de estudiantes, con más de 30.000 jóvenes formándose en centros educativos del extranjero; España, por ejemplo, acoge a medio millar de ‘erasmus’ griegos. Pero, desde que comenzó la crisis, los expertos en educación comprueban, preocupados, que muchos de esos ‘emigrantes culturales’ ya no regresan a casa. Hay estudios que cuantifican la proporción en el 80%, una fuga masiva de cerebros que puede convertirse en crónica: según una encuesta realizada por el Eurobarómetro en treinta países, los jóvenes griegos están entre los que albergan un mayor deseo de establecerse en otro país europeo de forma más o menos permanente, superados solo por islandeses y rumanos.
El ascua y la sardina
«Yo no veo ningún futuro para mí en Grecia. Es un país maravilloso para ir de vacaciones en verano, el mejor destino: tiene unas islas magníficas que merece la pena visitar. Pero no es un buen sitio para trabajar. Yo no pretendo vivir allí de ninguna manera», resume una dolorida Stella Chatzi, estudiante de la Universidad Aristóteles de Salónica que está de ‘erasmus’ en Salamanca. Como ella, la mayoría de los jóvenes griegos viven la situación de su país «con pesimismo y refunfuñando», sometidos a unas rigurosas medidas de austeridad -palabra de origen griego, por cierto, como ‘crisis’- sin haberse beneficiado jamás de la supuesta bonanza anterior. ¿Qué ha ocurrido para llegar a esta situación? «Hay muchísimos problemas importantes, de verdad -responde Stella-. No solo es el problema económico, sino la corrupción de los políticos, las relaciones de clientelismo y, sobre todo, la falta de confianza y colaboración entre las personas. La frase hecha española ‘arrimar el ascua a su sardina’ expresa exactamente la realidad».
No está sola en esa apreciación de que las raíces del mal heleno son muy profundas. «Se trata de una crisis no solo económica y política, sino de valores», coincide Konstantina Ampatzoglou, una ateniense que cursa Ciencias Políticas en la Universidad de Granada. «¿Si confío en los políticos? Pues no, igual que todos los griegos. Creo que ellos son el problema más grave del país: no sé si aman de verdad Grecia ni si les interesamos. Y eso me da pena, porque la democracia nació en Grecia, y en un sistema democrático los políticos son los representantes de los ciudadanos. En nuestro caso, creo que nadie nos representa: todos tienen intereses económicos y nadie cuenta con un plan a largo plazo para el país». Konstantina aún no tiene claro qué va a hacer con su futuro, ya que sus planes parecen debatirse entre el pragmatismo y la lealtad: «Me encantaría encontrar un trabajo relacionado con mis estudios y quedarme en mi país, pero siempre existe la posibilidad de buscar trabajo en el extranjero. Es una pena que Grecia expulse a sus jóvenes. Y también es una pena que la mayoría estén tan decepcionados por la situación actual que ni siquiera piensan regresar. Espero que Grecia supere esta crisis y recupere la posición que merece».
Elina Momouri, natural de la isla de Corfú y enamorada del castellano, decidió quedarse en Madrid tras estudiar Filología Hispánica en la Universidad Complutense. Trabaja, asiste a cursos de cine y, al cabo de diez años en España, se ha acabado sintiendo «de aquí», pero sigue la actualidad de su país con la inquietud atenta de quien tiene en Grecia mucha gente querida. «Mi familia y mis amigos lo están pasando muy mal y esperan muy poco de su futuro. Mi hermano, funcionario de prisiones, cobraba unos 1.300 euros hace dos años y ahora cobra unos 700, y tiene que seguir pagando la hipoteca del piso que compró antes de la crisis. Conozco hasta parejas que se rompen: cuando no marcha el trabajo de ninguno de los dos y hay tanta preocupación a nivel global, repercute en el ánimo de las personas y en su comportamiento». Ella no contempla el retorno, pero también es consciente de que ha ido a establecerse en el único país europeo que gana a Grecia en paro juvenil. «No me gustaría volver. A veces, me siento afortunada por haber abandonado Grecia hace años. Pero es verdad que, en ocasiones, me planteo la posibilidad de irme a vivir a Alemania en el caso de quedarme sin empleo. La situación en España es también muy preocupante».
El mundo civilizado
Grecia tiene tradición emigrante, con una comunidad en la diáspora que ronda los siete millones de personas, pero en el país ya están saltando las alarmas por el perfil de quienes escapan de esta crisis, la generación desperdiciada. «Nadie habla abiertamente sobre ello, pero las perspectivas para la economía griega van a empeorar mucho a medida que la fuga de cerebros se acelere y el país pierda a sus mejores talentos», ha resumido en el diario británico ‘The Guardian’ el profesor Lois Labrianidis, un economista y geógrafo de la Universidad de Macedonia que se ha convertido en el principal estudioso del fenómeno.
También es verdad que hay excepciones, como la animosa Vicky Chatzisavvidou, una joven de Giannitsa que estudia Traducción en la Universidad de Granada. «Espero de verdad tener futuro profesional en Grecia. No deseo vivir en ningún otro sitio», explica. A su juicio, «el principal problema de Grecia son los griegos», que «han elegido ser negativos y pesimistas y han perdido la fe en su propio país», un reproche al que no escapan los jóvenes de su edad: «La mayoría piensan exactamente como los mayores: son pesimistas, cerrados e impacientes, están furiosos contra el gobierno y los políticos y diría que sienten hostilidad hacia Grecia en general. En vez de ayudar o al menos esperar a que las cosas mejoren, encuentran más fácil decir cosas hirientes como ‘me voy a vivir a otro sitio, en el mundo civilizado, porque Grecia no tiene nada que ofrecerme’. Para mí -concluye Vicky-, eso es mezquino e inaceptable».

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