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Jóvenes que se acercan al Nobel

Hace 60 años que dos médicos, Gustav Parade y Franz Karl Hein, tuvieron la idea de reunir a eminencias que hubieran sido galardonadas con el Premio Nobel y a científicos que pudieran aprender de ellos. Para realizar el evento encontraron el patrocinio del conde de Wisborg, rico mecenas y bisnieto del rey sueco Oscar II, quien había presentado los primeros galardones.

En 2011, la tradición continúa. Cada año se reúnen en Lindau (Alemania) un millar de jóvenes investigadores de todo el mundo con una cincuentena de nobeles para aprender de sus experiencias. En esta ocasión se celebrará la 61a edición, la primera en la que diez científicos españoles acudirán a la cita, respondiendo a una invitación de Lindau y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

No siempre se celebran los mismos encuentros, ya que se alternan entre Medicina, Química y Física, y cada tres años hay una reunión sobre Economía. Este año toca Economía en agosto, y Medicina, a finales de junio.

El CSIC ha hecho la preselección entre jóvenes investigadores en sus bases de datos, pero para el año que viene quieren contar con las universidades para buscar más candidatos, según Rafael Rodrigo, presidente del CSIC.

“En el encuentro van a intercambiar opiniones, no solo con premios Nobel, sino con otros científicos jóvenes de primer nivel, con los que podrán compartir vivencias, experiencias, encontrar futuras colaboraciones y contar con contactos para el futuro”, explica Rodrigo. El presidente del CSIC cree que las promesas investigadoras españolas están “perfectamente preparadas”. “Hay un excelente nivel. Una muestra es que muchos jóvenes de fuera quieren venir a España a realizar su trabajo posdoctoral”. Este buen nivel de estas promesas se debe a que son discípulos de una generación que se marchó al extranjero a formarse con los mejores y que a la vuelta crearon escuela con sus grupos de investigación.

La Ley de Ciencia, a debate

Pero no todo es de color de rosa. La Ley de Ciencia aprobada por el Congreso la semana pasada intenta modernizar las estructuras investigadoras y mejorar las condiciones laborales de los que inician su carrera. Aunque a falta del desarrollo normativo, no todos están contentos con el resultado: “sigue dejando la puerta abierta a que fundaciones y entidades privadas sigan perpetuando la figura del becario investigador, pese a que sí se recoja la necesidad de contratar a investigadores por parte de organismos públicos. Es de especial relevancia la cantidad de ayudas fraudulentas que estas entidades convocan”, señalan desde la Federación de Jóvenes Investigadores/Precarios.

La norma recoge una nueva figura de contrato predoctoral de hasta cuatro años, que sustituye a las actuales becas de doctorado sin cotizaciones a la Seguridad Social. Tras obtener el título, se puede optar a un contrato de investigación de hasta cinco años de duración.

“Sobre la precariedad en parte tienen razón”, reconoce el presidente del CSIC. “Pero no tanto por el tema de los contratos, ya que en los últimos años se ha avanzado mucho, sino por la escasez de oportunidades. En Alemania, por ejemplo, hay muchos sitios muy buenos, pero en España no hay suficientes lugares buenos que ofrezcan oportunidades. Aunque el camino es peor todavía si se tiene que ir a la empresa o a la industria. No tenemos un entorno favorable para la movilidad interna”, sostiene.
Jonatan Ruiz. Universidad de Granada. “Busco la experiencia personal de los Nobel”

Es doctor en Fisiología del Ejercicio por la Universidad de Granada (donde investiga sobre genética y estilos de vida) y en Ciencias Médicas por el prestigioso Instituto Karolinska (Suecia).

Jonatan Ruiz (Igualada, Barcelona, 1978) acude a Lindau para conocer a personas que trabajen en campos afines. “Hay mucha gente investigando en esta área, que es joven y muchas veces damos palos de ciego”. Pero también va a Alemania con la esperanza de aprender de los veteranos cómo formar un grupo de investigación o cómo lo han hecho para llegar al máximo nivel: “Me interesa sobre todo su experiencia personal”. Es optimista respecto a los investigadores españoles: “Hay una cantidad de cerebros brutal”. Pero reconoce que hay que acabar “cuanto antes” con la precariedad. “Yo diferenciaría claramente el personal docente de la figura del investigador”.

Lidia Farré. CSIC. “Si quisiera una hipoteca, nadie me la daría”

Pasó cuatro años doctorándose en el Instituto Europeo Universitario de Florencia, en Economía, donde estudian muchos de los mejores alumnos europeos. Pero salvo para el sector público, Lidia Farré (Sabadell, Barcelona, 1978) no cree que le sirva su título: “La empresa valora el doctorado a nivel marginal”. Y además ve las cosas “muy complicadas” en España. En 2012 se le acaba su contrato posdoctoral en el Instituto de Análisis Económico del CSIC y no cree fácil alcanzar una plaza. “Trabajar fuera está bien, pero a mí me apetece hacer investigación en Cataluña”.

Su preparación no le sirve para conseguir una estabilidad laboral y personal: “Si quisiera una hipoteca, nadie me la daría. Pero mis compañeras de carrera han podido tener más estabilidad, por ejemplo, trabajando en La Caixa”. De Lindau quiere aprender su experiencia “en este duro camino”.

Jesús Fernández-Huertas. Fedea. “Hay gente anclada en el pasado”

Jesús Fernández-Huertas (Don Benito Badajoz, 1978) ya es un privilegiado antes de acudir a Lindau. Estudió su doctorado en Economía en la Universidad de Columbia (EE UU) como profesor asistente del Nobel Joseph Stiglitz y colaboró con otros como Edmund Phelps, a los que espera reencontrar en Alemania. Se reconoce también afortunado porque dice no haber sentido la sensación de precariedad en su tarea de investigador. Actualmente cuenta con un contrato Ramón y Cajal en la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), donde investiga el fenómeno migratorio.

Cree que en España hay buenos centros, como la Universidad Pompeu Fabra, la Autónoma de Barcelona, el Instituto de Análisis Económicos del CSIC o el Cemfi del Banco de España, pero es algo crítico con la universidad: “Siempre faltan recursos. Además, hay algo de peso muerto, profesores encerrados en sí mismos y que no miran afuera. En la investigación en España hay un grupo de gente que trabaja mucho y otros anclados en el pasado”.

Nadia Martínez. Centro Severo Ochoa. “No volveré en años a España”

Lleva unos meses en Filadelfia, ya que su beca predoctoral le permite realizar estancias en el extranjero de dos a seis meses cada año. Nadia Martínez (Madrid, 1984) realiza su tesis en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa. Cree que a la ciencia española “le hace falta un buen lavado de cara” en general. “Le falta financiación, tanto pública como privada. Probablemente uno de los motivos por los que nos falta esa inversión es porque en nuestra sociedad falta conciencia de lo importante que es investigar para progresar y mejorar el futuro y nuestra calidad de vida. Es triste que mucha gente no sepa a qué me refiero cuando digo que estoy haciendo una tesis”, asegura.

“Me siento en una condición muy desfavorable con respecto a otros trabajos que, siendo también muy importantes, requieren menos preparación”. Por eso, ve su futuro fuera: “Tengo claro que pasarán muchos años antes de que vuelva a España”. Y sobre si vislumbra un próximo Nobel español, cree que no sería raro que el premiado hubiera cambiado su pasaporte por el estadounidense.

Elena Caro. Universidad de California. “En EE UU desean ser los mejores”

Elena Caro (Madrid, 1979) es doctora en Ciencias por la Universidad Autónoma de Madrid y actual investigadora de la Universidad de California en Los Ángeles (EE UU). Allí cuenta con un contrato Marie Curie de la UE. Está contenta de trabajar fuera. “El salir a investigar al extranjero y establecer contactos con redes de investigadores internacionales es siempre muy positivo, y está en la base del concepto de ciencia”. Además, reconoce que en Estados Unidos “todo lo hacen con una clara vocación de ser los mejores”. “¡Dan ganas de quedarse! En lo laboral, no hay color en cuanto a las posibilidades, el reconocimiento social y el nivel de vida de un investigador aquí y en Europa”.

Sobre la ciencia española, se queja amargamente de sus carencias: “Le faltan varias cosas importantes, pero lo primero, dinero. Nunca hemos tenido niveles de inversión competitivos ni a la par con otros países europeos, pero lo de ahora ya es de vergüenza”. Además, denuncia que en la universidad se premie la endogamia por encima de la excelencia.

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