Un estudio de la UGR y del Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada (ibs.GRANADA) revela que detectar ADN bacteriano en el endometrio no significa necesariamente que los microorganismos estén activos y cuestiona que los lactobacilos formen una comunidad estable en este tejido
Conocer qué microorganismos se encuentran en la cavidad uterina y determinar si están biológicamente activos constituye uno de los principales retos de la investigación en salud reproductiva. Esta información puede contribuir al desarrollo de diagnósticos más precisos y de tratamientos personalizados para los problemas de fertilidad y determinadas alteraciones del embarazo.
Durante mucho tiempo, el útero humano ha sido considerado un entorno completamente estéril. La llegada de las técnicas de secuenciación molecular permitió detectar material genético microbiano y abrió el debate sobre la existencia de un posible microbioma uterino. Sin embargo, al tratarse de un entorno de muy baja biomasa, resulta difícil distinguir entre microorganismos activos, células inactivas, restos de ADN o señales procedentes de otras zonas del tracto reproductor.
Una investigación reciente, liderada por la doctora Signe Altmäe, que es investigadora del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular I de la Universidad de Granada y del grupo TEC14-Reproducción Humana y Enfermedades Hereditarias y Complejas del ibs.GRANADA, ha comparado los métodos convencionales basados en ADN con un análisis metatranscriptómico de ARN, orientado a identificar actividad microbiana funcional.
Los resultados cuestionan que las bacterias del género Lactobacillus, predominantes y beneficiosas en la microbiota vaginal, formen una comunidad activa y estable en el útero. Aunque su ADN puede detectarse en muestras uterinas, el análisis de ARN no ha encontrado señales equivalentes de actividad biológica.
El ADN indica presencia, pero no necesariamente actividad
La secuenciación de ADN permite identificar el material genético presente en una muestra, pero no determina si procede de microorganismos vivos y activos o de fragmentos residuales. Para superar esta limitación, el equipo Repro-UGR ha analizado en paralelo hisopos vaginales, muestras obtenidas mediante cepillado uterino y biopsias de tejido utilizando técnicas de ADN y ARN.
Mientras que el ADN ofrece una imagen de los microorganismos cuyo material genético está presente, el ARN permite aproximarse a los genes que están siendo expresados en el momento de la toma de la muestra. La comparación ha mostrado una baja concordancia entre ambos perfiles, especialmente relevante en órganos con escasa biomasa microbiana.
Las pruebas de ADN han detectado una presencia elevada de Lactobacillus en algunas muestras uterinas. Sin embargo, el análisis de ARN no ha mostrado una actividad equivalente.
«Nuestros resultados indican que Lactobacillus no parece colonizar activamente el útero. Una posible explicación es que las señales de ADN detectadas correspondan a células inactivas o a restos genéticos que ascienden desde la vagina», explica la doctora Altmäe.
Esta interpretación no implica necesariamente que el útero sea estéril, sino que obliga a diferenciar entre la detección de material microbiano y la existencia de una comunidad funcionalmente activa.
Una mayor capacidad para identificar alteraciones activas
El análisis de ARN también ha mostrado una mayor capacidad para identificar microorganismos potencialmente patógenos cuando existe un desequilibrio en el tejido uterino. En estos casos, la metatranscriptómica ha detectado señales de actividad que los métodos basados únicamente en ADN habían pasado por alto o subestimado.
El estudio ha constatado, además, que el procedimiento de recogida influye en los resultados. El cepillado uterino ha detectado una mayor riqueza de señales microbianas que las biopsias de tejido profundo, lo que pone de relieve la necesidad de estandarizar tanto el muestreo como las técnicas de análisis.
Hacia diagnósticos de fertilidad más precisos
Los resultados tienen implicaciones para el estudio de la fertilidad y para el diseño de intervenciones dirigidas a modificar el entorno uterino. La vagina presenta unas condiciones, entre ellas un pH ácido, que favorecen el predominio de determinadas especies de Lactobacillus. El útero posee un microambiente diferente, por lo que no puede asumirse que estas bacterias desempeñen la misma función en ambos órganos.
«Los tratamientos dirigidos a introducir lactobacilos en el útero podrían no producir los efectos esperados si estas bacterias no encuentran allí las condiciones necesarias para mantenerse activas», señala la investigadora.
El trabajo también invita a actuar con cautela ante el uso de antibióticos de amplio espectro basado únicamente en la detección de ADN, ya que encontrar material genético de una bacteria no significa necesariamente que exista una infección activa.
El equipo propone avanzar hacia herramientas diagnósticas que integren el análisis de ADN y ARN. Esta aproximación permitiría evaluar simultáneamente qué microorganismos o fragmentos microbianos están presentes y cuáles muestran actividad biológica, favoreciendo diagnósticos de fertilidad más específicos y adaptados a las características de cada paciente.
Contacto:
Signe Altmäe
Departamento de Bioquímica y Biología Molecular I
Facultad de Ciencias
Universidad de Granada
Correo electrónico: signealtmae@ugr.es