Aquella primera edición permitió abrir un espacio de reflexión compartida sobre una realidad cada vez más relevante en el sistema universitario español: la existencia de campus situados fuera de las sedes centrales de sus universidades, estrechamente vinculados al desarrollo social, económico, cultural e institucional de los territorios en los que se insertan.
La evolución reciente de las universidades españolas ha puesto de manifiesto la necesidad de superar una visión excesivamente centralizada de la institución universitaria. La universidad actual no puede limitarse a proyectar su actividad desde las grandes capitales o desde sus sedes principales, sino que debe abrirse al conjunto del territorio, adaptarse a su diversidad y contribuir a un desarrollo más equilibrado, inclusivo y sostenible. En este contexto, los campus periféricos no deben entenderse como una excepción organizativa, sino como una expresión de la capacidad de la universidad pública para estar presente allí donde la sociedad la necesita.
Estos campus cumplen una función estratégica. Favorecen una relación más estrecha entre universidad y sociedad, permiten diseñar ofertas académicas conectadas con las necesidades del entorno, impulsan la transferencia de conocimiento, refuerzan la cohesión territorial y contribuyen a fijar talento, actividad económica e identidad institucional. Al mismo tiempo, representan una oportunidad para que las universidades públicas amplíen su impacto social, diversifiquen su proyecto académico y construyan modelos de desarrollo más sensibles a las singularidades territoriales.
Las conclusiones de las I Jornadas Nacionales de Campus Periféricos celebradas en Ponferrada pusieron de relieve la conveniencia de articular una agenda común de trabajo. Los campus periféricos afrontan retos específicos que requieren una reflexión conjunta. La distancia física respecto a la sede central puede traducirse, en ocasiones, en distancia administrativa, dificultades de coordinación, menor disponibilidad de servicios, problemas de estabilidad del profesorado, limitaciones presupuestarias o insuficiente reconocimiento en los espacios de decisión. Por ello, resulta necesario avanzar en modelos de gobernanza más estables, en políticas de financiación adecuadas, en estrategias de especialización académica, en planes directores de campus, en alianzas con las administraciones públicas y el tejido social y empresarial, y en una comunicación institucional que refuerce su identidad y visibilidad.
Desde esta perspectiva, las II Jornadas Nacionales de Campus Periféricos de Melilla aspiran a consolidar este espacio de encuentro y a avanzar desde el diagnóstico compartido hacia la formulación de propuestas, compromisos y líneas de acción. Melilla constituye, además, un escenario especialmente significativo para esta reflexión, por su singularidad geográfica, institucional, cultural y fronteriza, y por el papel que el Campus de la Universidad de Granada desempeña como agente de formación, conocimiento, convivencia y desarrollo territorial.
Estas Jornadas quieren ser, por tanto, un punto de encuentro entre universidades, responsables de campus, administraciones públicas, y representantes institucionales. Su finalidad es compartir experiencias, identificar problemas comunes, visibilizar buenas prácticas y contribuir a la construcción de una alianza de campus periféricos capaz de situar esta realidad en la agenda estratégica del sistema universitario español.
Melilla toma así el relevo de Ponferrada con la voluntad de seguir creciendo conectados, reforzando la presencia de la universidad pública en el territorio y reivindicando el valor de unos campus que no solo amplían el mapa universitario, sino que contribuyen decisivamente a vertebrar el país desde el conocimiento, la equidad y el compromiso social.