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“Historia de la construcción del edificio del Instituto `Padre Suárez´ de Granada (1845-1924)”, nuevo libro de la UGR

El volumen “Historia de la construcción del edificio del Instituto ‘Padre Suárez’ de Granada (1845-1924)”, de Manuel Enrique Gutiérrez Camacho, cuenta la historia de esta edificación cuya primera piedra fue colocada por el joven Alfonso XIII en abril de 1904

Con el título “Historia de la construcción del edificio del Instituto ‘Padre Suárez’ de Granada (1845-1924)”, la Editorial Universidad de Granada (EUG) acaba de publicar un libro del historiador Manuel Enrique Gutiérrez Camacho en el que se narra la historia de esta vieja edificación construida en los primeros años del siglo XX.

El instituto de bachillerato denominado en la actualidad “Padre Suárez” se creó por una disposición del ministerio de Gobernación, presidido por Pedro José Pidal y Carniado, más conocida como “la ley Pidal” de marzo de 1845, que permitía separar la entonces llamada Segunda Enseñanza, de la Universidad. Estaba adscrito en principio a la Universidad Literaria de Granada y dependía de forma tripartita, del Rectorado, de la Diputación Provincial y del Arzobispado. La denominación inicial fue la de “Instituto de Segunda Enseñanza de la provincia de Granada” y se instala por vez primera (según unos) en los locales de la facultad de Derecho, o (según otros), en una casa situada frente a la universidad para el curso 1845-1846. Pronto se pondrá en evidencia la necesidad de una mejor ubicación.

Las vicisitudes del viejo edificio

En la Granada de finales del siglo XIX el panorama era de lo más elocuente; el instituto estaba ubicado en un viejo edificio, destartalado y ruinoso caserón, por lo que, desaconsejada su reconstrucción, el ayuntamiento cede un solar al final de la recién abierta Gran Vía de Colón. Por su parte, la Diputación Provincial se ofrece a pagar la mitad de los gastos de la construcción y el Estado central la otra mitad.

“Tras quedar desierta la subasta por tercera vez consecutiva  –señala el autor–, la colocación de la primera piedra por el joven Alfonso XIII en abril de 1904 impulsa su inicio, adjudicándose meses después las obras, que en vez de los tres años de plazo previstos inicialmente para su ejecución, a petición de la Diputación se amplía a seis. Las sucesivas ralentizaciones y paralizaciones de las obras se deben principalmente a la demora en el pago de las liquidaciones de obra por parte de la institución provincial, que se inicia en 1907 un expediente de recisión del contrato ante el malestar general y amenazas de huelgas”.

Para añadir más inquietud al asunto, se suceden los fallecimientos del arquitecto y del contratista, lo que supone un motivo más de preocupación, que requiere una liquidación definitiva, declaración de herederos y nueva subasta; asuntos estos que no solucionan la lentitud del reanudado proceso constructivo; y al fin se indica que el origen de estos retrasos está en un posible desfalco o malversación en la Diputación.

Pero fue la protesta de alumnos, profesores y padres, así como la eficaz intervención del político Natalio Rivas en Madrid, lo que propició habilitar una planta en enero de 1918, y en 1923 completar por fin las obras del edificio.

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